periódicas Nacionalismos DIC.2025

Adolfo Castañón

“Un árbol crece en el cielo”: Julieta Fierro (1948-2025)

Un árbol crece en el cielo sus frutos son las estrellas.


I

Julieta era una persona de gran corazón. Se sabe que por lo menos cinco escuelas llevan su nombre. Se sabe menos que, por lo menos en alguna, se dio el caso siguiente: la llamaron para decirle que estarían muy honrados de que un plantel llevara su nombre. Ella se entusiasmó. Hubo un silencio. “Tenemos una pequeña dificultad”, le dijeron al otro lado del teléfono: “No tenemos dinero para el mobiliario”. Ella dudó durante un momento, sólo un momento. Luego dijo: “Adelante, quiero que se haga la escuela. Estoy dispuesta a asumir lo que sea necesario.”

​ Me decía: “Hay que ser desconfiado, pero no tanto”.

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Para Julieta Fierro, el trabajo de la divulgación de la ciencia estaba relacionado con la fantasía, como ella misma recuerda en la entrevista que le hice en 2015 para la serie de TV UNAM “Maestros detrás de las ideas”:

María del Carmen Farías [1944-2024] organizó una Feria del Libro y me pidió que hiciera un cómic, hice un cuaderno de iluminar y lo ilustró “Botellita de Jeréz”, un grupo de rock. Entonces yo pedí un espacio y pusimos la caricatura y llevé una báscula para que los niños se pesaran en Marte y pensaran que pesaban diferente que en la Tierra y había otra báscula de la Tierra. Hice talleres de ciencia, cohetes y cosas que se me fueron ocurriendo: relojes, con materiales diversos. Y estaba yo ahí esperando a los niños y no llegaban, entonces yo me empecé a desesperar, era cuando la entrada era libre en el Auditorio Nacional, imagínate, hace seis mil años. Entonces me fui a mi casa, me puse mis patines, me vestí de hada y me fui patinando por la Feria del Libro llamando a los niños, y venían corriendo detrás de mí y los papás detrás de los niños, como el flautista de Hamelin, y llegaba a mi espacio y: siéntense, vamos a hacer talleres de ciencia.

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No era snob, sabía apreciar lo mismo los manteles largos que los tacos de canasta y las picadas de Veracruz.

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Tenía un alma infantil. No había cortado el cordón umbilical que nos une con el bosque de la infancia. Entraba a las tiendas con los ojos maravillados de la niña que anda buscando un juguete para armar travesuras entre las leyes de la relatividad.

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Era muy echada para adelante. No sabía quedarse callada. Levantaba la voz cuando era necesario. Por ejemplo, en 2021, cuando se dio la acusación de la Fiscalía General de la República contra 31 científicos por una denuncia interpuesta por el CONACYT, Julietaue una de las pocas que alzó la voz.

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No era ajonjolí de todos los moles. Me imagino que sus compañeros científicos no siempre la veían con beneplácito, pues era impredecible como un meteoro.

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Sabía saltar en la conversación de las calles de Coyoacán a los peldaños del 3.1416. O sea Pi. Recuerdo que durante un largo viaje en taxi con el lexicógrafo Guido Gómez de Silva y la escritora Margo Glantz, ella estuvo interrogando a Guido en torno a esos misteriosos números.

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Había participado de algún modo en el movimiento del 68. Comprendía bien lo que estaba en juego en el concierto de Avándaro. Pero eso no le impidió amarrarse al mástil para no naufragar en la marea de la contracultura.

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La habitaba el daimon del juego y no le eran ajenas las diversiones. De ahí que haya tenido una visión lúdica de la política y una mirada desprendida de lo que sucedía en la ciudad.

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Era capaz de sacrificar una de las becas que le pagaba la Universidad para financiar proyectos de la Academia.

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Vivía modestamente. Su gran lujo era el silencio.

II.

Podría pensarse que el inicio de la vocación como astrónoma se dio en 1963, cuando tenía quince años y un “profesor de la Prepa nos llevó al pequeño conjunto astronómico a observar estrellas y planetas. El observatorio se ubicaba en la azotea del edificio principal de la Universidad de Guanajuato. Mirar el globo de Júpiter y los anillos de Saturno a través del telescopio fue algo increíble: me imaginé caminando entre los cráteres de la luna que, a simple vista, parecía una uña cortada”.

​ Para la astrónoma, según escribió Jesús Silva Herzog-Márquez, citando una entrevista: “cuando escuchaba a alguien hablar del universo sentía calor en todo el cuerpo”. Esa conciencia cósmica era, en su caso, una experiencia personal.

​ Esta felicidad incluía la del júbilo que le producía el progreso de la tecnología y la invención de instrumentos como el telescopio espacial infrarrojo, inventado por James Webb, según expresó en otra entrevista realizada por Bibiana Belasso. Para La Razón, publicada el lunes 22 de septiembre de 2025, “Julieta Fierro es la mujer que nos enseñó a ver el cielo” (p. 14).

​ Julieta no se conformaba con quedarse asombrada por la luz de las estrellas ante el telescopio. Le urgía comunicar ese conocimiento, organizarlo a través de libros y grabaciones. Esa dimensión de su quehacer ha pasado un poco inadvertida: la de la editora y diseñadora no sólo de libros, sino de espacios como los museos. La corriente de luz y energía que transmitía se organizaba en su mente para lograr sus proezas como divulgadora. Este haz de oficios le permitía transmitir fluidamente su saber con una envidiable sencillez.

​ Aunque se sabe que Julieta Fierro era una mujer de ciencia, pocos saben cuáles fueron los títulos específicos de sus tesis como investigadora. Estos son: Emisión continua en nebulosas planetarias (tesis de licenciatura, 1973) y Condiciones físicas a lo largo del disco de la galaxia espiral M101 (tesis de maestría, 1982).

​ Por si fuera poco, Julieta Fierro publicó más de 40 libros a lo largo de su carrera.

​ Julieta Fierro fue miembro de la Academia Mexicana de la Lengua desde 2004, donde ocupó la silla XXV hasta septiembre de 2025. En el curso de esos años dió las siguientes lecturas: Discurso de ingreso: “Imaginemos un caracol” (2004), con respuesta de don Ruy Pérez Tamayo, “Del amor por la ciencia y por la lengua”. Trabajos leídos en sesiones ordinarias: “Einstein para maestros” (2005), “Jueves de lluvia” (2006), “Felicidad” (2006), “Las distancias de los astros” (2012), “Las ondas gravitacionales” (2016), “La inflación y el contenido del universo” (2017). Lecturas estatutarias: “El futuro del universo” (2021), “La unificación de la física” (2022), “Astronomía de neutrinos” (2024).

​ La última intervención pública que hizo Julieta Fierro fue en el Hay Festival Querétaro a principios de septiembre. Si no es posible contar el número de referencias que dejó su desaparición en las redes sociales y en la prensa, sí se puede decir que su desaparición dejó una estela de perdurable luz.

​ Si bien es cierto que Julieta Fierro fue una gran divulgadora de la ciencia en México, hay que admitir que esto no hubiera sido posible sin el rico paisaje, el contexto de la investigación científica a la que ella le daba voz y sentido, desde la Universidad Nacional de México y de su Instituto de Física.

​ Al igual que las estrellas siguen brillando años luz después de muertas, Julieta Fierro seguirá activa en forma póstuma. En la FIL de Guadalajara 2025 se presentará un libro inédito suyo, editado por Sexto Piso.

III

Su rastro fosforescente lo dibuja la luciérnaga Pyropyga julietafierroae, que lleva su nombre.1

Imagen de portada: Julieta Fierro en un evento organizado por la Secretaría de Cultura de la Ciudad de México en octubre de 2024. Foto de Alejandro Medina Guzmán.

  1. Nombran luciérnaga en honor a Julieta Fierro