La pelota también se calienta
Fue el domingo 21 de junio de 1998 en Lyon, durante un verano francés no tan caluroso como otros. Estados Unidos e Irán salieron al campo del Estadio Gerland juntos y, durante la fotografía de los equipos, posaron intercalados, luego de intercambiar símbolos de paz. El juego del morbo, que obligó a la organización y a las autoridades francesas a reforzar la seguridad, quedó reducido a lo que era, un partido de futbol. Irán ganó 2 a 1: la primera victoria iraní en un Mundial. Por más que Gianni Infantino, presidente de la FIFA, afirme que “los deportes deberían estar fuera de la política”, el futbol, lo más importante de lo menos importante, no escapa a los entramados globales, a las disputas territoriales y por recursos. Si Estados Unidos e Irán quedan segundos en sus respectivos grupos, podrían revivir el partido en la segunda ronda del Mundial de este año, el 3 de julio. En teoría, se enfrentarían en Dallas, en el AT&T Stadium. ¿Y si la delegación persa no puede asistir? A varios dirigentes iraníes les negaron la visa estadounidense para el sorteo de diciembre de 2025; la FIFA tuvo que gestionar accesos especiales, y ¡lo del Estrecho de Ormuz no había empezado! Pese al panorama actual, Infantino dijo que Irán jugará en las sedes asignadas ―Los Ángeles y Seattle―, no considera que habrá problemas. ¿Y si los jugadores, que tuvieron que prestar el servicio militar en la Guardia Revolucionaria Islámica ―organización terrorista, según los gringos―, no pueden saltar a la cancha? De nuevo, política pura y dura. Ojalá ocurra el choque. Ojalá los onces elegidos por los técnicos Amir Ghalenoei y Mauricio Pochettino salten a la cancha en Dallas. Podríamos disfrutar de un juego como Argentina-Inglaterra del México 86, con las Malvinas en el aire: el mejor lugar para que Maradona marcara dos goles inolvidables, la mano de Dios y el barrilete cósmico; un encuentro capaz de inspirar un libro: El partido, de Andrés Burgo. La temperatura máxima que se espera en la ciudad texana, el día del hipotético Irán-Estados Unidos, es de 33° C, ¿lo suficiente para caldear los ánimos? En el futbol se requiere más que verano, por eso la tensión política debe mantenerse ―casi seguro que ocurra― para sobreponerse a la animadversión de la población gringa por el soccer. El ambiente importa más que cualquier cifra en Celsius.
La mano de Dios, El Gráfico, 1986. Dominio público.
Ofrezco una prueba: el Suiza y Serbia de Rusia 2018, un partido con la Guerra de los Balcanes como telón. Se jugó en Kaliningrado, un 22 de junio, sin superar los 22° C. Granit Xhaka y Xherdan Shaqiri, hijos de albaneses exiliados, celebraron haciendo el gesto del águila bicéfala ―entrelazando sus pulgares y aleteando con sus manos― propia de la patria de sus padres. Los serbios, además de perder por 2 a 1, se quejaron del árbitro, de la provocación suiza y de la actitud de la FIFA. Poco dijeron de los gritos y silbidos que sus compatriotas dedicaron a Xhaka, Shaqiri, Blerim Džemail ―también de origen albanés― y Valon Behrami, de Kosovo. Los fanáticos sabían a quiénes amedrentar con sus bocas.
Además del clima se necesita gente para subir la temperatura, por eso surge otra preocupación: si los gringos no van, ¿quién llenará las tribunas de los estadios? El costo de la boleta para nuestro juego en cuestión empieza en 8600 pesos ―incluyendo cargos, antes de que empiece el torneo y a una distancia considerable de la cancha―, precio regular en el que se ha convertido en el Mundial más caro de la historia. No sé si la torcida iraní pueda entrar siquiera al país vecino. Podrán pensar en los fanáticos de siempre, los migrantes e hijos que no dejan de seguir la liga de su tierra. Sin embargo, existe el miedo al Servicio de Control de Inmigración y Aduanas (ICE, por sus siglas en inglés). De hecho, la congresista Nellie Pou, de New Jersey, presentó una ley para evitar redadas durante la competición. Se trata de una medida necesaria luego de que en la Copa Mundial de Clubes de 2025, también celebrada en Estados Unidos, los agentes de migración rondaran los estadios.
Hoy, este Mundial Norteamérica 2026 se parece mucho al de Argentina 78: cuando la junta militar, encabezada por Jorge Rafael Videla, se encargó de la competición. Mientras los militares y los servicios de inteligencia desaparecían y capturaban argentinos por ser presuntamente insurgentes, el equipo de César Luis Menotti jugaba para campeonar por primera vez en la historia, de la mano de Mario Kempes, “El Matador”. Fue un Mundial jugado en otoño, habría sido insostenible que el verano argentino se calentara todavía más: las Madres de Plaza de Mayo hablando con la prensa internacional sobre sus hijos desaparecidos, los Montoneros al intervenir la señal en vivo de un partido para decir que los militares no habían acabado con ellos, la inexplicable goleada de Perú que ayudó a los locales y sobre la cual todavía rondan teorías conspirativas.
El general Jorge Rafael Videla en un desfile militar en Buenos Aires, 1976. Dominio público.
Aunque el almirante Emilio Eduardo Massera, parte de la Junta Militar, aspiraba a convertir ese evento en su despegue político para ser presidente, el torneo brindó la posibilidad para decirle al mundo que Argentina estaba mal. El control mediático que la dictadura ejercía sobre los medios se vio resquebrajado por los corresponsales internacionales. ¿Habrá periodistas y grupos que aguardan el Mundial para contar un poco más de cómo se vive en el segundo mandato de Trump? Es el momento para captar la atención de millones, de quienes prefieren el resumen de los goles al debate político.
Sólo falta un elemento por revisar: al más político de los presidentes de la historia de la FIFA, Infantino. Sí, hubo otros que convivieron con Mussolini, Videla, pero ninguno logró eso de celebrar mundiales en tierras sin gente, como Qatar 2022, donde hubo que pagar a personas para hacerse pasar como fanáticos. Tampoco consiguieron programar un Mundial en dos continentes a la vez, como el que viene en 2030 con partidos en España, Portugal, Marruecos, Uruguay, Argentina y Paraguay. ¿Acaso algún otro presidente logró el descabellado plan de establecer una reventa legal donde los precios de las boletas pueden llegar a las decenas de miles de dólares mientras el comprador y el vendedor le pagan una comisión a la FIFA?
Infantino es, sin duda, el presidente más político de una organización que afirma no ser política, ¿o cómo entender la entrega del “Premio FIFA de la Paz: el futbol une al mundo” a Donald Trump? Otra prueba es el intento de Gianni para que los presidentes de las federaciones de Israel y Palestina se dieran un apretón de manos en el congreso de abril de la FIFA. No lo logró.
Espero que ese 3 de julio llegue, que Estados Unidos e Irán jueguen en Dallas. Que en el palco estén Trump, Infantino y el nuevo líder Iraní, Mochtabá Jameneí. Ojalá que el sol texano tueste a los asistentes y que los fanáticos persas y gringos vibren como brasileros y argentinos. Deseo que el rating supere el del Super Bowl aunque no haya un show de medio tiempo programado. Anhelo, sobre todo, que de una vez por todas entendamos que el futbol también causa calentamiento global.
Imagen de portada:Diego Maradona anotando gol contra Inglaterra, Clarín, 1986. Wikimedia Commons.