Dying declaration
Leer pdfUna caja de metal en los pantanos de Luisiana
Una caja de metal de no más de tres por siete por dos
Una caja de metal con puertas de barrotes rectangulares a los lados
Una caja similar a miles de cajas de otras plantaciones
Una cárcel
Una cárcel para gente que, aun fuera de ella, no era libre
Una cárcel para los que desobedecían o intentaban escapar
En verano, las temperaturas aquí llegan a sobrepasar los 35 grados
centígrados
Eso, sin estar preso en una caja de metal.
De entre las más de 46 mil plantaciones que llegaron a ser la columna vertebral de la economía estadounidense en el siglo XIX, 375 han sido preservadas estructuralmente
La mayoría hoy son usadas como salones de fiestas, sobre todo para bodas, aunque también se rentan para degustaciones de vino, festivales, tours de Halloween
Una de ellas, en Houma, Luisiana, se anuncia como un “Disneylandia para adultos”
En las plantaciones en las que se llega a incluir información histórica, se relata cómo vivían los dueños: eran los tiempos del buen gusto y las buenas costumbres
En Carolina del Norte hay una plantación que utilizó mano de obra esclava para crear fuertes contra los abolicionistas; una ficha llama al esclavista que la poseía “un hombre del renacimiento”
El gusto, las costumbres y el humanismo de las plantaciones:
privación de la libertad desde el nacimiento, o como resultado de un secuestro,
trabajos forzados,
procreación forzada,
robo de salario (por generaciones),
explotación infantil,
torturas,
encarcelamiento,
ejecuciones sin juicio o con juicios sumarios.
Es en esta clase de lugar donde cada año miles de personas se engalanan para jurarse amor eterno
El equivalente a contraer matrimonio en Auschwitz, en la ESMA de Argentina, o en la prisión de Megido en la Palestina ocupada
Hay toda una tradición de este romanticismo
Lo que el viento se llevó es el ejemplo más célebre de cómo idealizar el sadismo: la plantación, escenario del romance y la armonía racial
Pero no es mera nostalgia idiota:
En la Asamblea General de las Naciones Unidas del 25 de marzo de 2026 se votó una resolución afirmando que la trata trasatlántica de esclavos ha sido el peor crimen cometido por la humanidad
Los únicos países que votaron en contra fueron Argentina, Estados Unidos e Israel
Europa entera se abstuvo, como si el asunto no le concerniera
Hay que escucharlos. Están diciendo: esa barbarie fue el justo precio a pagar por el éxito de la blanca civilización
Hay que escucharlos. Ésa es la grandeza a la que se refieren cuando dicen “great again”.
Existe, 45 minutos fuera de Nueva Orleans, una plantación que, a diferencia de los campos de tortura donde se casan algunos, ha sido conservada para preservar la memoria de las víctimas. The Whitney Plantation
Esta plantación, instalada por esclavistas alemanes a finales del siglo XVIII, se dedicaba originalmente al cultivo de plantas de índigo. Con la introducción de la caña de azúcar la plantación creció rápido, gracias al número cada vez mayor de gente “importada” de África
Después de la Guerra Civil, la plantación fue vendida a un capitalista estadounidense, y revendida una y otra vez, hasta que cerró en 1975
En 1975.
Las habitaciones que ocupaba la gente esclavizada siguen ahí; fueron utilizadas por la gente “no esclavizada” durante los más de cien años que la plantación continuó funcionando
A unos metros, está la celda de acero donde freían a los insumisos
No era una práctica bestial; por el contrario, era un uso racional del medio ambiente como herramienta de tortura
Es especialmente perverso que sea el calor la forma de tortura utilizada contra gente que, a diferencia de los invasores europeos, había aprendido a sobrevivir en esa clase de medio ambiente
La gente que trabajaba en la plantación no era mera fuerza de trabajo, sino individuos con habilidades para trabajar el campo, el metal, la madera, en condiciones adversas
Como hábiles también eran los pobladores originales a los que despojaron de esas tierras: los que entendían las variaciones del caudal del río y cómo adaptarse a una tierra en fluctuación constante.
La industria de las prisiones es, junto a la industria petrolera, una de las mayores fuentes de ingresos del estado de Luisiana
Luisiana es también uno de los estados de E. U. con mayor número de zonas de sacrificio
Zonas de sacrificio: áreas que “se vuelven” inhabitables, por la contaminación de industrias que no permiten ser reguladas
Corredores del cáncer
Costas erosionadas
Bosques desertificados
No hay zonas de sacrificio en Zúrich
No hay zonas de sacrificio en Manhattan
Ni en Londres
Ni en la Borgoña francesa
Las zonas de sacrificio están en lugares habitados por gente “de color”
Deben estar locos, ¿no? Si siguen ahí
¿Por qué no se van?
¿No tienen una casa en la playa?
¿No han oído hablar de Airbnb?
¿Por qué se quedan en una prisión a cielo abierto?
Quizá, piensan los civilizados, no se van porque saben que su destino, como el de sus tierras, es ser dominados
Hay que escucharlos, a los civilizados. Hay que escucharlos y tomarlos en serio
Hay algo que han estado diciendo desde el principio de esta civilización agonizante de inmoralidad, aunque lo hayan dicho en acero
No lo dijeron tan claramente como lo hicieron los invasores españoles cuando, desde los barcos o en las lindes de los pueblos que iban a atacar, leían el Requerimiento
Un “documento legal” que explicaba el origen del mundo, quién era Dios, quiénes los reyes, y la obligación de someterse a ellos. En caso contrario:
“entraré poderosamente contra vosotros y os haré guerra por todas las partes y maneras que tuviere y sujetaré al yugo y obediencias de la iglesia y de sus Altezas y tomaré vuestras personas y las de vuestras mujeres e hijos y los haré esclavos y como tales los venderé y dispondré de ellos como su Alteza mandare, y os tomaré vuestros bienes, y os haré todos los males y daños que pudiere como a vasallos que no obedecen y que no quieren recibir a su señor y le resisten y contradicen y protesto de los muertes y daños que de ellos se registraren serán a culpa vuestra y no de sus Altezas ni mía, ni de estos caballeros que conmigo vinieron”
No era un discurso cualquiera, sino un programa
Un programa cumplido al pie de la letra
La celda de acero también era un programa
Y una idea de progreso.
El planeta no es igual de caliente para todos
No, no vamos en el mismo barco. Unos toman el sol en la cubierta, a los demás les financian un contenedor de acero
Hay que escucharlos, a los civilizados; vienen diciendo, desde el principio, sus últimas palabras.
Woodrow Nash, Los niños de la Whitney Plantation [esculturas], 2014.
Imagen de portada: Whitney Plantation [instalaciones], 2026. Fotografías de © Elsa Hahne.