Editorial
Leer pdfSobre la generación Z se dicen muchas cosas, principalmente que vivimos en una contradicción, pero ¿cómo podría ser de otro modo si el mundo que heredamos se erige sobre un panteón de incongruencias? En parte, las quejas de las generaciones previas revelan que no logran comprender a los zoomers. ¿Es verdad, por ejemplo, que somos inconsistentes? Nuestra revolución sexoafectiva no debe tomarse a la ligera, sino como una ruptura con los modelos tradicionales —en buena medida fallidos, como relata Desirée Mestizo sobre la relación con su padre—, que ha dado pie a nuevos vínculos, como los “liguecillos” y las “situationships”, según se lee en el estudio de Laura Angélica Rojas Orozco. Esta edición incluye un diccionario para facilitar la comprensión de vocablos como “migajero” y “love bombing”. Recomendamos usarlo a la brevedad, porque nuestro lenguaje es aún más fugaz que las oportunidades de conseguir trabajo y vivienda. Una de las frases más mencionadas al definir a nuestra generación es que somos “nativos digitales”; Andrés Martínez Ortega, por ejemplo, retoma este atributo en su crónica sobre el concierto más reciente de Bhavi, quien catapultó su exitosa carrera en internet. Por su parte, la editora Elena Eguiarte Pardo dice que la llamada Gen Z fue el “conejillo de indias de un ciberfuturo tan emocionante y añorado como improvisado y anticlimático”. Plataformas como Wattpad nos enseñaron que la lectura se disfruta sin fiscalizar lo que se escribe. Así respondemos a la preocupación de nuestras madres, presente en este número en el texto “El piberío Z y el scrolleo eterno”, de Dolores Reyes, pues es cierto que las cuentas de TikTok están abarrotadas, a diferencia de las jugueterías de barrio. Muchos jóvenes tomamos descansos de las redes, periodos de veto autoimpuestos para callar el odio, la desinformación, el consumismo y la crueldad del mundo. Sabemos que las redes sociales son un circuito que acelera los discursos misóginos, clasistas y racistas y nos preocupa que salten de lo digital a nuestras escuelas y espacios públicos. Ante ello, respondemos con activismo. La politóloga Sofía Mondragón señala, con razón, que la participación política convencional nos ha excluido. Así que nos expresamos por medio de memes, sátiras y palabras de nicho en un ambiente horizontal y humorístico. Antonio Villalpando Acuña lo dice bien: “Ni tú ni yo ni el Estado mexicano comprendemos a la generación Z”. En su ensayo advierte que la burocracia del gobierno ha fallado en concebir el acceso digital para que ejerzamos nuestros derechos y tengamos oportunidades de capacitación y trabajo. El arte, en cambio, ha sido un espacio más abierto a las narrativas digitales. María Fernanda Marín analiza la muestra del Colectivo PETRA, donde conviven el brainrot y la virtualidad con técnicas tradicionales como la pintura o la escultura. La visualidad es crucial para acercarse a la cultura zoomer. Vamos por el mundo a tientas, con la lente de los smartphones que todo lo captura, con el deseo volcado en un posteo perdido en el pogo de las redes sociales, en el eterno scrolleo de la vida que se precipita al cosmos de pixeles donde se vislumbra la faz heterogénea de nuestra generación.
Imagen de portada: Durante las protestas contra el presidente Ferdinand Marcos Jr., un manifestante ondea la bandera de la serie One Piece, Manila, Filipinas, 21 de septiembre de 2025. La generación Z ha utilizado esta insignia como estandarte de su activismo político alrededor del mundo. Wikimedia Commons.