Vivir muchas vidas, tener muchas voces
Entrevista con Gioconda Belli
Gioconda Belli (Managua, 1948) es, por sí sola, una institución. Como escritora, se ha dedicado a dominar el arte de la ubicuidad literaria, que, según mi propia definición, significa ser capaz de navegar entre dos géneros: la poesía y la narrativa. Pocas personas tienen su destreza para cambiar de registro literario y transitar por estilos que van de lo fantástico, al erotismo y hasta el compromiso político. Gioconda también es el testimonio de una época en América Latina. Su obra funciona como bisagra entre el mundo anterior a la Guerra Fría y lo que sobrevino después. Pocos artistas han podido no solo presenciar, sino también participar en tantas transformaciones históricas como ella.
Durante décadas, la dinastía de la familia Somoza (1936-1979) gobernó Nicaragua aniquilando cualquier tipo de oposición democrática; en ese contexto, Belli se unió al Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) en 1972, convencida de que sólo una transformación revolucionaria podría cambiar ese país y darle un mejor futuro a sus hijas. La maternidad, como motor de lucha, y su condición de mujer, serán elementos constantes en su obra. Su vinculación con la organización guerrillera la llevó a exiliarse en México y Costa Rica hasta su regreso tras el triunfo de la Revolución Sandinista en 1979. Desde 2021, la autora vive su segundo exilio a causa de la persecución política que Daniel Ortega y su esposa, Rosario Murillo, iniciaron contra miles de nicaragüenses que han denunciado la instauración de una nueva dictadura dinástica. Aunque en 2023 fue despojada de su nacionalidad, para Belli, presentarse ante el mundo literario como una escritora nicaragüense continúa siendo un acto de compromiso con su país y con la libertad. Como escribió en 1972, en su poemario Sobre la grama:
Uno no escoge el país donde nace;
pero ama el país donde ha nacido.
En noviembre de 2025, la escritora recibió el Premio Internacional Carlos Fuentes a la Creación Literaria en el Idioma Español otorgado por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y la Secretaría de Cultura federal. Aprovechando su presencia en México, nos reunimos en un hotel cerca del Monumento a la Revolución para hablar sobre su trayectoria.
Fátima Villalta: Vos pertenecés a la generación que fue joven en los 70, en medio de la efervescencia del feminismo y la militancia política, pero también pertenecés a un país que tiene una gran tradición poética y donde la figura del poeta tiene un enorme peso en la sociedad. ¿Crees que haber nacido en Nicaragua te hizo decidir que tu primera voz literaria sería la poética?
GB: No lo había pensado, pero definitivamente sí. Cuando era joven existían el Grupo Praxis —donde había artistas e intelectuales—, también estaba La Prensa Literaria, dirigida por Pablo Antonio Cuadra, y además estaban los grupos de escritores de la época. Yo comencé a escribir a los 20 años. En parte, comencé con la poesía porque era lo que todo el mundo escribía, lo que otras personas estaban haciendo. Claro, la poesía era importante en Nicaragua porque una piensa de inmediato en la figura de Rubén Darío, pero nosotros ya estábamos cansados de Darío, queríamos leer otras cosas. Entonces nos llegó toda la poesía norteamericana de los años 70, con la Generación Beat, con las mujeres de esa misma generación. Gracias a esas influencias conocí también a T.S. Eliot, que sería mi gran amor.
FV:¿Cómo fue para la Gioconda, que se estaba formando como lectora y escritora, la búsqueda de la literatura escrita por mujeres?
GB: No tuve tantos problemas. Para mi buena suerte, cuando comenzaba a escribir ya había leído a las hermanas Brontë y a Virginia Woolf. Es Virginia Woolf en particular, con la idea de la habitación propia, la que te hace comprender mejor el contexto en el que vivían las mujeres. También tuve a Rosario Castellanos como un referente importante. Es verdad que en ese tiempo las mujeres eran mucho menos visibles; incluso recuerdo que en esa época José Coronel Urtecho y Ernesto Cardenal publicaron una antología de poesía en la que sólo aparecía una mujer.
FV: Vos surgís junto a una generación que significó un boom de autoras mujeres, principalmente poetas en Nicaragua.
GB: Fue la época de los 70 la que hizo que surgiéramos más mujeres, por todo lo que se hablaba en ese momento sobre la liberación sexual, los derechos de las mujeres o el feminismo. Recuerdo haber estado rodeada de muchas mujeres que escribían poesía. Por ejemplo, pienso en Ana Ilce Gómez, que ya era conocida y que en ese momento llevaba una revista literaria. A esa generación también pertenecen Vidaluz Meneses, Michelle Najlis o Daisy Zamora, que ganó el premio Mariano Fiallos Gil, el mismo premio que gané en 1972 con mi poemario Sobre la grama.
FV:¿Cómo fue recibido tu primer poemario? ¿Cómo supiste que eso era lo tuyo y que tenías que seguir escribiendo?
GB: Recuerdo que el poeta Chichí Fernández me llevó a la oficina de Pablo Antonio Cuadra para mostrarle mis poemas, a él le encantaron y los demás se sorprendieron de que me hubiera publicado tan rápido en la Prensa Literaria. Los monstruos sagrados de la poesía nicaragüense me felicitaron. En ese entonces eran figuras como Ernesto Cardenal o Carlos Martínez Rivas. Recibí elogios, pero también críticas, y entonces me sorprendí del poder de mis palabras.
En mi familia, mis tías estaban escandalizadas. Decían que cómo se me había ocurrido hablar de esos temas, escribirle un poema a la menstruación, decir que Dios me hizo mujer o nombrar mi sexo. Mi marido de ese momento me prohibió publicar de nuevo sin su supervisión previa: él tendría que revisar cada poema antes de que yo lo enviara a cualquier lado. Mi suegra incluso me dijo que se sentía agradecida de que yo hubiera decidido no tomar el apellido de su hijo y que quisiera conservar el mío. En ese momento la poesía cambió mi vida para siempre. Comencé a juntarme con gente rebelde, a adquirir más conciencia política: entré al Frente Sandinista, al mundo de la conspiración. Ya era madre en ese entonces, pero mi vida cambió por completo, de forma muy radical y en poco tiempo.
FV: Manejar dos géneros literarios como la poesía y la narrativa no es tan común y vos tenés esa virtud. ¿Cómo funciona tu proceso creativo cuando estás trabajando en una novela o un poemario? ¿Por qué sentís que algo debe ser llevado a una historia y no ser explorado desde el verso?
GB: A mí la narrativa se me dio de forma natural. Soy una persona con una experiencia vital muy rica, entonces sentí que la poesía no me daba espacio para expresar cosas que la narrativa sí. Mi poesía es muy personal, cotidiana, incluso autobiográfica. Cuando pienso en un verso, siento que la idea me atraviesa como un rayo y desde ahí escribo. Considero que soy mucho mejor poeta ahora que antes. En Sobre la grama hay dos cuentitos, pero son cortos y sentí que no era lo que yo quería expresar, apenas estaba buscando mi estilo como narradora. La narrativa fue todo un proceso. Para mi primera novela, La mujer habitada, escribí 250 páginas que terminé desechando hasta que encontré la voz del personaje. En un principio quería que fuera una mujer que murió en la revolución, después lo cambié. En sueños vi a la protagonista. El libro de Jaime Wheelock, Raíces indígenas de la lucha anticolonialista en Nicaragua, me inspiró mucho para mi trabajo. Yo había crecido en el somocismo, conociendo la injusticia y viendo la extrema pobreza en la que vivía la mayoría del país. Entonces quería hablar de todo eso.
FV: Nicaragua ha sido un ir y venir para vos. Tuviste que exiliarte en 2022 por la dictadura de Daniel Ortega, pero antes ya te habías exiliado por la dictadura de Somoza, volviste después del triunfo de la revolución en 1979 y te fuiste a Estados Unidos en los 90. ¿Por qué siempre has decidido regresar?
GB: Yo siempre fui muy rebelde, ésa es la verdad. Me fui apenas terminó la revolución, cuando el Frente Sandinista pierde las elecciones en 1990. Yo me separé del Frente Sandinista muy pronto; no cuando estalló el caso de Zoilamérica [Narváez Murillo], sino mucho antes. Estaba muy decepcionada de todo lo que había pasado, de la corrupción, por eso no tuve problemas con irme a Estados Unidos con Charles, mi esposo, porque cuando nos casamos acordamos que no íbamos a separarnos de nuestros países. Pero no era mi idioma, no era mi cultura, yo quería regresar a Latinoamérica, yo ansiaba estar en Nicaragua porque ahí la gente vive de otra manera, hay mucho material en esas vidas y en esa forma de hablar del nica.
FV: Un silencio lleno de murmullos es tu novela más reciente, está dedicada a tus hijas y es una historia sobre madre e hija que involucra a la Nicaragua de la revolución, los silencios, las cosas que no se dicen. ¿Esa novela también es un diálogo con el segundo exilio que estás viviendo ahora?
GB: Sí claro, pensé en las experiencias de mis hijas y todo lo intensos que fueron los cambios que nos tocó vivir. Me divorcié, nos tuvimos que exiliar por mi militancia, vivimos en muchos lugares y soportamos muchas cosas. Nos hemos ido reconciliando con el tiempo, con los años, y ahora que ellas se han casado y divorciado y tienen hijos, pueden comprender mejor las cosas que me tocó atravesar. Para esa época, y como mujer, yo me negaba a pensar que la maternidad iba a ser una carga que me impidiera hacer lo que yo soñaba, de verdad me negaba a creer que ésa iba a ser mi única dimensión como mujer, no quería creer que era una cárcel. En esa nueva novela yo me pongo en el lugar de ellas y trato de hacer un diálogo generacional. Hay un desencanto profundo, un reclamo sobre lo que una madre hizo dentro de la revolución y las consecuencias que tuvo.
FV: Cuando ves tu vida en retrospectiva, ¿cuáles sentís que han sido los elementos constantes en tu trabajo?
GB: Siempre he tenido la sensación de que sí puedo, de que puedo hacer todo. Siempre he tenido mucha confianza en mis capacidades y de alguna forma siento que cada cosa que me propongo puedo hacerla porque soy talentosa, apasionada por lo que hago y disciplinada. Cuando comienzo a trabajar una novela me comprometo mucho, me he ido a habitaciones de hotel, a una isleta, me aíslo para trabajar durante varios días o semanas. La poesía se me da natural, no me representa ninguna dificultad. En cambio, la narrativa me apasiona mucho: encontrar la voz, las historias y la forma en que los personajes se me van presentando poco a poco a medida que voy escribiendo. Ahorita estoy trabajando una novela en mi cabeza que ha cambiado cientos de veces, tengo la trama, pero estoy madurando la idea para sentarme a escribir. Siempre es una aventura.
Imagen de portada: Cortesía de la autora.