Otro campo de batalla de las lesbianas

Futbol / dossier / Noviembre de 2022

Pascale Nivelle

Traducción de: Edith Verónica Luna

En la cancha, en las gradas, hay mujeres por todas partes. Golpes, fintas, chilenas, los corazones que laten bajo las camisetas de Les Lyonnasses o de Les Touffes. El termómetro roza los 40 °C el 18 de junio de 2022 y no hay sombra. “¡Nos vamos a volver lesbianas!”, bromea una de ellas. Este sábado de canícula, en el polideportivo Maryse-Hilsz, cerca de la Puerta de Montreuil, en París, equipos de chicas de toda Francia defienden los colores del Bayern de Monique, el Toofball Club de Caen y del Olympique Montmartre. El torneo está organizado por Les Dégommeuses (“Las que arrasan”), pionero de estos equipos de lesbianas, que celebra su décimo aniversario. Al margen, Alice Coffin, concejala del grupo ecologista Los Verdes de París, espera su partido.

​ A los 44 años, con las piernas ya un poco lentas, la activista feminista abandonó ese día a Les Dégommeuses por el veterano equipo Les Vieilles Gouines (VG, “Las Viejas Lesbianas”) sin perder la gracia: “El humor compensa nuestro pésimo nivel, esa es nuestra esencia”. Dispuesta a unirse a un equipo de cuarentonas, Alice saborea el calor repentino, la multitud de chicas felices en el césped, aquellas que se rocían para refrescarse sin camiseta, el equipo de sonido en el que se reproduce a las cantantes Pomme, Adele o Cléa Vincent (“No tengo el sexo de un chico, pero sí lo necesario para hacerme escuchar”, se oye en una de las canciones). Con su camiseta roja de las VG, rodeada de sus amigas, Alice vive “un momento lésbico”. Está en la luna.

Copa Mundial femenil de Futbol, Canadá, 2015. Fotografía de Júbilo Haku. Flickr Copa Mundial femenil de Futbol, Canadá, 2015. Fotografía de Júbilo Haku. Flickr


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Imagínate a doscientas jugadoras lesbianas, no binarias y transexuales en un estadio para-ellas-solitas, sin ningún hombre cisgénero a la vista. “Esas personas que suelen ocupar todas las canchas de futbol”, en palabras de la misma Alice.

​ Durante su infancia en París, ella sentía celos de sus tres hermanos, locos por el futbol. Sus shorts, sus rodillas raspadas, el espíritu del club, todo la hacía soñar. “Pero había comprendido que nunca jugaría. Estaba prohibido, igual que ser lesbiana”. Alta y bien formada, cálida y susceptible, lleva jugando de defensa desde que dio rienda suelta a su libido, cuando tenía como 20 años: “La defensa es la última barrera antes de la portera, está ahí para sacar y meter el balón. Básicamente, es como mi vida: en cuanto hay un hueco, recupero el pase y lo devuelvo”.

​ En su activismo juega una posición similar. Cuando recién había sido elegida como concejala en 2020, Alice y algunos miembros de la asociación Osez le féminisme! ejercieron presión sobre Christophe Girard (el histórico diputado de cultura del Ayuntamiento de París) por su amistad con el escritor Gabriel Matzneff, acusado de pedofilia por la escritora Vanessa Springora. En medio del consejo municipal, Alice le gritó a Girard: “¡Es una vergüenza, es una vergüenza!”, con la misma vehemencia que puso la actriz Adèle Haenel cuando abandonó los premios César para denunciar a Roman Polanski.

​ Ese mismo año, Alice impulsó la causa queer con un ensayo atronador, Le génie lesbien, publicado por la editorial Grasset. Su última victoria data de hace unos meses:

¡La palabra lesbiana entró en el Consejo de París! No hace mucho, cuando les envié un correo electrónico a mis colegas sobre la Conferencia de Lesbianas, fue a parar a la carpeta de correos no deseados, como todo lo relacionado con el culo.

​ Esta serie de ataques provocaron que la demandaran por difamación e insultos públicos, que la amenazaran de muerte y la pusieran bajo protección policial durante varios meses.

​ Cuando la revista Valeurs Actuelles la retrató como una “arpía del feminismo”; cuando la filósofa Elisabeth Badinter denunció “los excesos de su neofeminismo combatiente”, Alice se puso los tacos. Su válvula de escape es “entrenar con sus amigas”.

​ Dos veces por semana, dirigidas por su entrenadora (escrito entraîneure y no entraîneuse por resultar confuso, según una jugadora), Les Dégommeuses se reúnen a practicar en un estadio. Su fracción de campo, la mitad de una cancha reglamentaria, se ha ido ganando poco a poco. En palabras de Verónica Noseda, una de las miembras más antiguas, para ellas la importancia de acudir a los estadios radica en que

el futbol sigue siendo un bastión de la masculinidad y un ideal de virilidad. De niños, los chicos aprenden sobre la cooperación, la conquista del espacio, el manejo de la agresividad, la cohesión… todas las herramientas de emancipación que siempre han estado prohibidas para las mujeres.


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En el pueblo del Finisterre donde nació hace 46 años, Cecile Chartrain soñaba con jugar en “la Copa del Mundo con Rocheteau y Platini”. A los 7 años, cuando era una pequeña rubia de pelo largo, jugaba en el club de su ciudad, y era la única niña en las fotos del equipo. Después de unos cuantos partidos, los niños ya no hacían ninguna diferencia, pero cuando el equipo jugaba de visitante, las cosas solían ir mal para Cecile: “Tienen una niña, vamos a darles una paliza”, se burlaban los contrarios. Un día, después de marcar tres goles para el equipo de su ciudad, el entrenador del equipo contrario le dijo: “El futbol jugado por chicas no es algo agradable a la vista”. Silencio en su cancha.

​ A los 13 años, la edad en que crecen los senos y aparece la menstruación, le pidieron que se cambiara en el closet de las escobas. Ese fue el fin de la inocencia. Privada de vestidor y de camaradería, marginada en la banca, terminó por abandonar su club entre lágrimas. Nadie la retuvo. Cuando quiso unirse al único equipo femenil de la región, a treinta kilómetros de su casa, tampoco hubo nadie que la animara a hacerlo. “Es un nido de lesbianas”, les dijo su entrenador a sus padres. “¿Qué es una lesbiana?”, preguntó Cecile, quien descubrió su orientación sexual a los 20 años, durante sus estudios en Rennes.

©Teresa Suarez, *Les Dégommeuses*, 2022. Cortesía de la artista y Les Dégommeuses©Teresa Suarez, Les Dégommeuses, 2022. Cortesía de la artista y Les Dégommeuses

​ Tiempo después, en París, la joven retomó el gusto por el futbol, pero se dio cuenta de que su deporte favorito, además de sexista, era les­bofóbico. De ahí la aventura comunitaria, que no había previsto al principio. Con un equipo pequeño de chicas, todas activistas del grupo de acción feminista La Barbe, empezó a darle patadas al balón en los parques. Junto a otra amiga intentó unirse al Paris Arc-en-Ciel, el equipo LGBTQ+ más antiguo de la capital, “pero, como en otras partes, los hombres se apoderaron de todo y fue imposible encontrar un lugar”. Anne Susset, con quien después fundaría Les Dégommeuses, aún recuerda esa época:

La idea era combinar el deporte y el activismo feminista para conquistar un pedacito del espacio público. No obstante, era un infierno, los hombres no dejaban de invadir nuestro espacio.

​ En 2012 crearon su pequeño bastión de chicas, Les Dégommeuses. En este equipo de futbol “feminista e inclusivo”, la “benevolencia” es la norma y la “visibilidad lésbica” el objetivo. Los hombres no tienen derecho a entrar. La primera victoria consistió en que el Ayuntamiento de París les concediera dos espacios semanales de entrenamiento en el estadio Louis-Lumière. En el vecindario obrero del distrito 20, a las orillas del periférico, se les ve como unas rarezas con sus elegantes uniformes color verde botella y sus cortes de pelo queer.

​ Conseguir el derecho a jugar en horarios fijos fue una primera victoria. Cecile piensa que si las mujeres contribuyen al financiamiento de los estadios por medio de sus impuestos (igual que los hombres), las instalaciones públicas de acceso libre no deberían estar ocupadas en su mayoría solo por ellos. […]


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Virginie Despentes, lesbiana desde 2004 y aficionada al futbol, entrenó con Les Dégommeuses por un tiempo y pronunció un extenso discurso el 24 de junio de 2022 en la fiesta de clausura del torneo en La Flèche d’Or, un bastión histórico de las luchas y celebraciones LGBTQ+, recordando los días heroicos del equipo:

Se trata de derribar los estereotipos de una sola patada… Ganar terreno, ocupar el espacio que los hombres están acostumbrados a reservarse, se trata de ganar siempre visibilidad para existir […] Ganar terreno cuando trabajamos en las nociones de feminismo y política no es nada banal.

​ El público aplaudió como una sola mujer. En “Gouinistan” (“Lesbianolandia”), como llaman a su territorio sociopolítico, sexual y cultural, Despentes es una estrella, a la altura de Megan Rapinoe, la mejor jugadora de la selección femenina de futbol de Estados Unidos, capitana de la franquicia OL Reign de Tacoma y ganadora del Balón de Oro 2019.

​ Estas futbolistas no solo hacen política con los pies. “El futbol es ante todo un juego, pero también puede ser un vector de cambio individual y social”, anuncia el sitio web del equipo francés.

​ Entre los miembros de este club interseccional hay personas en situación de pobreza, inmigrantes indocumentadas, exiliadas de Mali o Burkina Faso y mujeres que se cubren la cabeza con pañuelos, las cuales tienen su propio equipo, Les Hijabeuses (“Las del hiyab”), y luchan por el uso de símbolos religiosos durante los torneos oficiales. Cuando no están jugando, las lesbianas atacan el pavimento parisino marchando alegremente bajo lemas provocadores: manifestaciones por el matrimonio igualitario, el derecho a la reproducción asistida para todos, tortilleras contra la extrema derecha, marchas por las mujeres indocumentadas, el Día de la Visibilidad Lésbica (26 de abril).

​ Comprometidas con todas estas luchas, las futbolistas se distinguieron en su propia cancha vilipendiando a las autoridades futbolísticas. El 20 de junio de 2020 desplegaron una pancarta en el hotel de la Marine, el escaparate parisino de Catar: “La FIFA mata” y denunciaron la violación de los derechos humanos en el emirato que organiza la Copa Mundial de Futbol.

​ También tienen en la mira a la Federación Francesa de Futbol (FFF) y a la selección femenina francesa. “Todas van de rosa, todas con el pelo largo, se llaman el ‘equipo de la coleta’”, dijo en una ocasión Alice Coffin en tono burlón. En los torneos internacionales, las jugadoras canadienses, belgas, suecas o británicas se dan un beso en los labios. Nada de eso sucede en la selección francesa, donde “salir del closet sigue siendo poco común y complicado, como si la FFF quisiera borrar a las lesbianas; sin embargo, por pura estadística, seguro que las hay”. La federación llama “Futbol para princesas” a las campañas de sensibilización en las escuelas, y esto les pone los pelos de punta a Les Dégommeuses; sin embargo, su afición es más fuerte: no se privan de ver los partidos de los equipos franceses y no se pierden una Copa europea.

​ En París tienen su cita anual: la Copa Bernard Tapine, también conocida como la Tapine, un torneo de futbol de salón femenil bautizado con el más puro humor de vestidor lésbico (pues tapiner significa prostituirse), que fue fundado en 2015 por el equipo de Baston et Courtoisie, un colectivo de profesionales del cine. Anaïs Couette, presidenta del club y asistente de dirección, trabajó con Céline Sciamma en Portrait de la jeune fille en feu, “una película completamente lésbica”, según Virginie Despentes, que ganó el premio de guion y la Palma Queer en el Festival de Cannes de 2019.

​ Para las feministas de la industria cinematográfica, el vínculo entre el Colectivo 50/50 (asociación que promueve la igualdad entre hombres y mujeres y la diversidad sexual y de género en el cine y los medios audiovisuales) y el equipo de Baston et Courtoisie es natural. Activistas por encima de todo, las futbolistas se cruzaban de vez en cuando en la marcha del Orgullo Gay, en las manifestaciones por el derecho a la reproducción asistida y al matrimonio igualitario, y a veces en las reuniones de Les Dégommeuses, con las que compartían la pasión por el futbol sin atreverse a involucrarse.

Marthe’Oh, *Les Dégommeuses*, 2015. La Rage Marthe’Oh, Les Dégommeuses, 2015. La Rage

​ En 2014, poco después de la aprobación de la ley sobre el “matrimonio igualitario”, agotadas por la lucha contra Frigide Barjot y sus tropas opuestas al matrimonio homosexual, necesitaban reunirse entre mujeres y crearon Baston et Courtoisie (que significa “lucha y cortesía”). Como su nombre indica, este colectivo es militante y benévolo.

​ En lo que respecta al deporte, Baston et Courtoisie puede hacerlo mejor, según su presidenta:

Empezamos desde una posición muy baja y no hemos subido mucho, quizá hasta el cuatro en una escala del uno al diez. Además, nunca ganamos ningún partido, ¡excepto el de la homofobia!

​ Según la diseñadora Soizic Limage, un elegante pilar de Baston et Courtoisie, “las cosas están mejorando, nos dejan en paz y las bromas son cada vez menos pesadas”. Ella cree que, en unos años más, el futbol profesional femenil igualará al de los hombres:

No es una cuestión de nivel, sino de medios. Los hombres obtienen resultados porque consiguen cobertura mediática y subvenciones.

​ Mientras tanto, este partido no ha terminado. Entre el humor y la rabia, la sororidad crece en la cancha. Se avecina un nuevo momento lésbico.

Imagen de portada: Marthe’Oh, Les Dégommeuses, 2015. La Rage