Las Cerdas

Feminismos / dossier / Noviembre de 2019

Jimena González

Y cuando los demonios salieron del hombre, entraron en los cerdos y la manada se precipitó al lago por el despeñadero y se ahogó. Lucas 8: 33


Pienso en nosotras, en el miedo, en lo pobres, en lo jóvenes. En nuestros padres —como si dijera miedo—. En nuestro cuerpo —como si dijera exilio—.
Pienso: no tenemos tierra, no tenemos cuerpo, no hay escondite que nos otorgue voluntad.
Pienso: No tenemos noche, sólo miedo. No tenemos día, sólo obligación.
Estamos aquí: donde los puercos. Entre Jesucristo y el despeñadero involuntariamente endemoniadas, fecundadas de mal.
Gestamos culpa, saltamos. Es una orden: Abrir las piernas. Cerrar la boca. Ser almacén. Aguantar.
Abrir las piernas. Parir más hambre. Aguantar.
Pienso en nuestra voluntad que llamaron egoísta, sin sentido, ilegal; como migrar, como el luto, como los besos.
Y no me arrepiento de pensar; más bien me rompo y no siento culpa por pensar; más bien tristeza y no tengo miedo de pensar:
Estoy segura de que el Cielo no es tan frío.

Imagen de portada: Carolina Monterrubio, Sola me gusto, 2019. Cortesía de la artista.