Escenas de agua y fuego: las fotografías de César Rodríguez
Leer pdfEstá solo. En medio de la inmensidad del agua, se descubre abrumado, desolado, rebasado. Con las manos posadas en la cadera, un hombre mira hacia abajo tratando de descifrar lo que el momento impone: es la imagen de una derrota. Las olas invaden una composición que, tal vez, quiso seguir la regla de los tercios —dividir la imagen en tres secciones horizontales—; ocupan dos y arrasan con todo, acechando incluso la forma en que el espectador la observa. Las sombras del agua se van haciendo más pequeñas, mientras la mirada recorre la foto de abajo hacia arriba: sube la marea, falta el aire y no hay nada a la vista entre el cielo y el mar. Como parte de la serie Mexico, A Changing Climate de César Rodríguez, ganador de la categoría de proyectos de largo plazo del World Press Photo 2026, la fotografía muestra un rompeolas en Sánchez Magallanes, Tabasco, rebasado por la marea. Ahí la erosión marina ha reclamado quinientos metros de tierra desde 2005. Se podrían dar muchas más cifras para enarbolar el argumento que hay de trasfondo: ya son casi tres millones de desplazados, hay cada vez períodos más prolongados y extremos de inundación y de sequía, decenas de miles de casas y edificios perdidos, y se proyecta un número apocalíptico de estragos para 2050 o 2060. Como el agua, los números abruman. Ahogan. Las fotografías de Rodríguez, en cambio, no buscan ni producen lo mismo. Se escurren entre las intenciones de un premio al fotoperiodismo, un reconocimiento a la representación de lo urgente y lo real, para proponer otra cosa. ¿Por qué hacer arte en medio de la desgracia? ¿Por qué embellecer nuestra inminente destrucción? El cambio climático no se anuncia como espectáculo: no hay drama ni escenas impactantes de bolas de fuego cayendo del cielo o mares enteros cubriendo la Estatua de la Libertad. Es una forma de violencia lenta que se infiltra por las orillas del continente, se escabulle de las primeras planas de los periódicos. Pero, en realidad, se ve así: pescadores sobreviviendo, familias protegiendo sus hogares con cubetas, peluches en la repisa para que no se mojen; pequeñas tragedias que desde el anonimato escribirán la historia del colapso ambiental.
Se calculan siete mil afectados por las inundaciones de cuarenta días, tras el colapso en el sistema de drenaje en Chalco, Estado de México, 2024.
La fotografía dice lo que los números no pueden. Evoca y visibiliza la experiencia particular de un punto, de un valor estadístico perdido en una base de datos. En una sala cuelgan con orgullo diplomas, retratos familiares, de graduación, fotos del bebé; pero en lugar de enaltecerlos, su reflejo en el agua que inunda la casa los degrada. La luz rebota en el suelo y duplica la arquitectura venida a menos. La humedad se come las paredes. La marea enmohece las bicicletas y hace de esta sala un espacio que niega su carácter de estancia. Las imágenes enuncian, pues, lo mucho que se pierde y la violencia que se viene. Tres policías en formación y de espaldas a la cámara vigilan que una pipa de agua abastezca una comunidad en Monterrey. Protegen el agua o, por lo menos, la promesa de que el gobierno de Nuevo León pueda llevarla. Evitan, desde luego, que grupos organizados tomen las pipas para ellos. Sus miradas apuntan a la izquierda, detectan una posible amenaza que queda fuera del cuadro, pero no hace falta mucha imaginación para sospechar a qué han ido. Filas, tumultos, hombres y mujeres cargando cubetas y garrafones vacíos: son víctimas que exigen alguna respuesta a su situación. Falta y exceso, inundación y sequía, orden y violencia; el eslogan “cambio climático” se queda muy corto para describir lo que están viviendo: el desequilibrio que amenaza al planeta, la gran dislocación de recursos.
Monterrey distribuyó agua a sus cinco millones de habitantes para evitar el Día Cero, 2022.
Mexico, A Changing Climate enmarca, literalmente, el advenimiento de la desgracia. La madera que sostiene el marco de una ventana está por vencerse. Hinchada por el agua, resiste todavía y ofrece una vista al mar. Un cuadro que podría servir de decoración corporativa en una habitación de hotel, pero que en la mirada de Rodríguez proyecta algo mucho más siniestro. La cortina borrosa sugiere la corriente de viento que la azota, una bandera casi blanca que ondea, sin respuesta, en son de paz. El escenario de este cuarto no relaja, preocupa. El agua amenaza, viene y no parece detenerse. Los problemas públicos no existen, se construyen. Antes de imaginar alguna solución política posible, hay que hacerlos visibles para empezar a plantearlos. Cuando se expongan, las imágenes de Rodríguez estarán colgadas con pies de foto convincentes, certeros, que localicen el problema en alguna costa mexicana. Declararlas falsas o verdaderas será lo de menos; importa qué tan lejos están en tiempo y espacio, porque, como escribió Susan Sontag en Regarding the Pain of Others, el “nosotros” que convoca una captura supone una asimetría violenta de poder. Mirar el dolor de los demás en una fotografía impresa produce una falsa sensación de seguridad, de distancia. Se mira la derrota de alguien más. Las imágenes de la serie de Rodríguez hacen legible el problema amorfo del cambio climático, al tiempo que proponen un “nosotros” que siempre resulta sospechoso. Miran el problema y hacen algo al respecto, pero refuerzan la distancia entre el espectador y el suceso. Cuando nosotros miramos en una pantalla o paseamos en el museo, otros lidian con las consecuencias de nuestros actos.
Chalco, Estado de México, 2024.
Sánchez Magallanes, Tabasco, 2021.
Algunas de las fotografías son de rollo. El tepiqueño las tomó con una cámara Olympus Stylus, una cámara “point and shoot” de 35 mm que no pide más al fotógrafo que componer y disparar. Hay fugas de luz que muerden las imágenes, son los negativos quemados literalmente por el exceso de luminosidad que se cuela por alguna grieta de la cámara de plástico. Podrían parecer errores, pero en la serie buscan dar un aire de autenticidad. El negativo es lo que es. No hay forma de recuperar ese pedazo de película quemada. Fotos que parecen incompletas abrazan los defectos del medio para rebelarse contra la inundación de imágenes artificiales que saturan nuestras pantallas. Y tienen otra función: la de metáfora. Una vez más los elementos invaden las tomas. El fuego amenaza, como el agua, con borrar la historia por completo. Se escurre por las orillas, destruye, acecha. Es una decisión técnica que va más allá de seguir alguna moda vintage, es una postura política y estética. La fotografía analógica refleja y refuerza la crisis que Rodríguez quiere hacer visible. El blanco y negro envuelve estas imágenes con una carga documental, histórica. La ausencia de color las aleja de la inmediatez y alarga un segundo más la reflexión sobre aquello que retratan.
Mientras los residentes de mayores recursos construyen presas privadas en Valle de Bravo, el sistema público abastece a seis millones de personas y un pescador camina sobre el Lago Avándaro, Estado de México, al 32 % de su capacidad, 2024.
Antonio Mayoral y Guadalupe Cobos en El Bosque, Tabasco, 2024.
Entre escenas de agua y fuego, entre casas inundadas y botes varados en la tierra, hay un retrato familiar. Antonio Mayoral y Guadalupe Cobos posan en su casa, ella sentada y él detrás de ella con los brazos sobre sus hombros. El muro que sirve de fondo, carcomido por la humedad, ofrece un marco para asomarse a otro espacio: una mesa, un frasco, una silla, el techo de lámina. Son de los últimos residentes de El Bosque, una comunidad pesquera en Tabasco que sesenta familias han abandonado, desplazadas por el cambio climático en México. (Había escrito que están sonriendo, pero lo borré.) Están resignados, atentos, listos para mirar el fuego. La parte inferior del negativo está quemada: la marea de fuego amenaza con subir y con borrar. No quisiera aventurarme a decir que estas fotos no invitan a la acción. Ojalá lo hagan. Pero insisto, no retratan desesperación, preocupación o culpa; no son imágenes desgarradoras de la tragedia que se viene. Son, más bien, el retrato de nuevas ruinas, muestras de un mundo resignado a que esto es lo que nos tocó vivir. Dicen lo que de otra manera sería indecible: ya es demasiado tarde.
Chalco, Estado de México, 2024.
Un bote turístico varado en la presa La Boca que bajó hasta el 8.5 % de su capacidad en Santiago, Nuevo León, 2022.
Imagen de portada: Las consecuencias de la erosión costera en Sánchez Magallanes, Tabasco, 2021. Todas las fotografías son de © César Rodríguez y forman parte de la exposición World Press Photo 2026 en el Museo Franz Mayer.