Oración por Marilyn Monroe de Ernesto Cardenal.
“Oración por Marilyn Monroe”: Ernesto Cardenal y la exterioridad del misticismo
Leer pdfLa vida de Ernesto Cardenal (Granada, 1925-Managua, 2020) estuvo signada por las vocaciones literaria y religiosa. Desde muy joven se dedicó a la literatura e integró, junto con Ernesto Mejía Sánchez y Carlos Martínez Rivas, una generación (la del 40), tutelada por la de la Vanguardia; quizá gracias a ello es que estos tres poetas encontraron temprano sus voces, distinguibles y autónomas. Pero, si bien tomó de inmediato la vocación literaria, no fue así con los hábitos, pues experimentó titubeos y reticencias que lo llevaron del monasterio trapense dirigido por Thomas Merton, en Kentucky, al seminario de Cuernavaca, México, y de ahí al Seminario para Vocaciones Tardías de Cristo Sacerdote, en Antioquía, Colombia. Este periplo, tras el que se ordenó sacerdote a los cuarenta años, resultó decisivo, toda vez que le permitió decantarse por la teología de la liberación y la defensa de los desfavorecidos, formas de entender y practicar el cristianismo a las que se mantuvo fiel hasta su muerte. El 4 de agosto de 1962, día en que apareció muerta Marilyn Monroe (presuntamente por suicidio), el poeta cursaba estudios sacerdotales en el Seminario de Cristo Sacerdote.1 Fue durante su estancia en dicho seminario que publicó Salmos (1964), poemario definitorio en la confirmación de su fe cristiana; ahí supo de la muerte de la actriz estadounidense y se planteó la escritura de Oración por Marilyn Monroe y otros poemas (1965),2 título axial en su obra creativa, toda vez que representa la cifra y suma de la evolución del discurso poético del autor nicaragüense. De hecho, los primeros versos de “Oración por Marilyn Monroe” parecen surgidos de Salmos:
Señor recibe a esta muchacha conocida en toda la tierra con el nombre de Marilyn Monroe aunque ése no era su verdadero nombre (pero Tú conoces su verdadero nombre, el de la huerfanita violada a los 9 años y la empleadita de tienda que a los 16 se había querido matar)3
Esta primera estrofa concluye con un verso que indica que la joven actriz se encuentra con Dios “sola, como un astronauta frente a la noche espacial”. Autor atento a los avances científicos y tecnológicos (presentes a lo largo de su obra poética y ensayística), Cardenal usa al astronauta como metáfora para aludir a la inocencia que necesitamos recuperar para encontrarnos con lo desconocido, trátese de Dios o del universo. Devenida sexualidad en bruto, antes de ser un artificio de la industria fílmica, Marilyn Monroe fue una creación divina, un ser humano en quien el poeta atisba la presencia de Dios, que recupera a su hija, la redime y, al hacerlo, nos redime a nosotros, partícipes involuntarios de la tragedia individual de la actriz:
Pero el templo no son los estudios de la 20th Century-Fox. El templo —de mármol y oro— es el templo de su cuerpo en el que está el Hijo del Hombre con un látigo en la mano expulsando a los mercaderes de la 20th Century-Fox que hicieron de Tu casa de oración una cueva de ladrones.
Así como el aspirante a sacerdote hace una introspección en los poemas de Gethsemani, Ky (1960), en “Oración por Marilyn Monroe” el poeta invita a la mujer a dar el paso al reencuentro consigo misma. No una introspección hecha de enigmas y supuestos, sino sensible, cotidiana, exteriorista, como denominaron Cardenal y su maestro y amigo José Coronel Urtecho a la poesía que ambos concibieron y desarrollaron (colaboración que tuvo uno de sus momentos más altos en las traducciones que reunieron en la Antología de la poesía norteamericana).4
Marilyn Monroe en la publicidad para la película Niagara, 1953. Fotografía de Eugene Kornman. Wikimedia Commons.
Ahora bien, esta poesía, que da relevancia a lo exterior, a la realidad diaria, a las cosas y los hechos palpables, es en la que se apoya Cardenal para acceder a los mundos interiores tanto de la colectividad como del individuo; es a través de la voz exteriorista que advierte la falsía de la sociedad contemporánea, a la que acusa de ser indiferente a las inequidades sobrevenidas por las ambiciones mezquinas y las cobardías de otros: “Señor/ en este mundo contaminado de pecados y radioactividad/ Tú no culparás tan sólo a una empleadita de tienda”. En tres versos, Cardenal devuelve a Marilyn Monroe a su naturaleza humana frágil, que no débil.5 Es la mujer que lucha por sobrevivir a las heridas de sus emociones y sentimientos y que se reinventa en un mundo que no comprende el dolor, sino que lo acalla: “Ella tenía hambre de amor y le ofrecimos tranquilizantes./ Para la tristeza de no ser santos/ se le recomendó el Psicoanálisis”. Apunté ya que la poesía exteriorista da prioridad a los hechos y las cosas palpables; señalo aquí que esta prioridad no obsta para la presencia de metáforas, alegorías y, sobre todo, para que el poema alcance una gran plasticidad. Crítico de la sociedad capitalista y su obsesión por el consumo y el artificio, Cardenal fue un maestro en el tejido de imágenes poéticas agudas en cuanto a su crítica social, bellas en cuanto a su agilidad rítmica. Con imágenes de este corte, el poeta nos lleva a experimentar el mundo irreal que atrapa a la “empleadita de tienda”:
Sus romances fueron un beso con los ojos cerrados que cuando se abren los ojos se descubre que fue bajo reflectores y apagan los reflectores! […]
Irrealidad que desorienta, porque su aparente cercanía hace creer que es accesible, apariencia que Cardenal dibuja con precisión dolorosa: “O como un viaje en yate, un beso en Singapur, un baile en Río,/ la recepción en la mansión del Duque y la Duquesa de Windsor/ vistos en la salita del apartamento miserable”. “Oración por Marilyn Monroe” es una oración en el sentido religioso; sin embargo, no es la plegaria por la salvación del alma de la actriz, sino por la de la mujer en su interior, que se quebró, pero no se doblegó, aun cuando todo estaba perdido, según se advierte en estos versos que remiten a dos poemas noir del escritor (“Llamadas” y “Murder Inc”): “O como alguien que herido por los gángsters/ alarga la mano a un teléfono desconectado”. Después del recorrido por su evolución poética, el poeta Cardenal cierra la oración con una emotiva petición, particular y a la vez polifónica, porque la solitaria muerte de Marilyn Monroe fue y es, de algún modo, la muerte de quienes vimos tardíamente que con la actriz no murió el mito, sino una mujer hondamente viva. Cerrojazo maestro para uno de los poemas más hermosos de la literatura en lengua española del siglo XX:
Señor quienquiera que haya sido el que ella iba a llamar y no llamó (y tal vez no era nadie o era Alguien cuyo número no está en el Directorio de Los Ángeles), contesta Tú el teléfono!
Ernesto Cardenal, Oración por Marilyn Monroe, Ediciones La Tertulia, Medellín, 1965.
Imagen de portada: En una postal, ca. 1940. Fotografía de Teichnor Bros., Boston. Wikimedia Commons.
Ernesto Cardenal, Las ínsulas extrañas. Memorias II, FCE, Ciudad de México, 2003. En este volumen de memorias el poeta dejó un inteligente y ágil testimonio de sus días en el susodicho seminario. ↩
El presente texto se centra en el poema “Oración por Marilyn Monroe”. ↩
Editores, Ciudad de México, 2006. Las citas del poema proceden de este volumen. ↩
Antología de la poesía norteamericana, Siglo XXI Editores, Ciudad de México, 2016 (trad. José Coronel Urtecho y Ernesto Cardenal). La primera edición fue publicada por Editorial Aguilar en 1963. Para la versión de Siglo XXI Editores, Cardenal agregó nuevos poetas y poemas que había recopilado con Coronel Urtecho, posteriores a 1963. ↩
La fragilidad humana fue tema recurrente en la poesía de Cardenal. En Hora 0 (1957), para describir la fragilidad del héroe nacional nicaragüense, Augusto Sandino, escribió: “En la luz su rostro se le rejuvenecía,/ y en la sombra se le llenaba de cansancio”. ↩