dossier Calor JUN.2026

Rodrigo Círigo

Celsius sueña con manzanas

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En un país donde el cielo se resiste continuamente a ser observado, nuestros hallazgos sólo fueron posibles gracias a la tenacidad del señor Celsius, de la Universidad de Uppsala.

Hallaron astrolabios sobre su mesa sextantes una brújula la tarjeta de un fabricante inglés de telescopios el plan maestro del Observatorio de Uppsala sobre su mesa en el inútil Observatorio de Uppsala construido cerca del restaurante de su madre construido demasiado cerca de las torres de la catedral que anegaban el cielo con su ladrillo impertinente sobre su mesa hallaron un diccionario de runas antiguas un costalito de alpiste un pedazo de manzana el termómetro en su mano derecha hallaron sobre su mesa lo hallaron.
Las regiones polares son especialmente sensibles al cambio climático. Laponia se calienta cuatro veces más rápido que otras partes del planeta. Dentro de cincuenta años, su temperatura promedio podría aumentar hasta siete grados Celsius.

¿Pues no acaso Federico I señor de Suecia y Hesse-Kassel nos dijo que viviría una y otra vez la peor de sus campañas militares antes que adentrarse en aquella tierra aquel extremo oscuro de su reino?

¿Y no acaso nos adentramos? ¿Y no cruzamos el desierto helado los lagos de vapores venenosos las nubes de mosquitos como tigres?

¿Y no comprobamos la figura de la Tierra la chata vulnerable figura de la Tierra?

¿Y no nos advirtieron que los sami eran como animales sin hogar?

¿No escribió Maupertuis que si el diablo hablara con alguien sería con estas gentes que siguen a los renos?

¿Y no lo vimos de rodillas hundiendo un cuenco en el río Torne un muchacho a mitad del aire gélido? ¿Y no vimos no obstante que sudaba que en tanta blanquecina oscuridad sobre su rostro había enormes gotas violeta verde pálido ocre intenso azul pastoso lila anaranjado y no escuchamos un silbido leve como el revoloteo de los gansos?
Lo cierto es que las regiones cercanas al Polo Norte son superiores a cualquier otra para observar la riqueza de la luz. En el verano, largos atardeceres borran los límites entre las noches y los días. En el invierno, la nieve perpetua es tan blanca que se asemeja a la luz de las estrellas. A veces, cuando la luna es débil, se aprecian unas luces brillantísimas sobre los cielos árticos.

Tocarlo todo con el mercurio de mi termómetro. Soñé con medirlo todo. Abarcarlo todo. Que no se quebrara la pata de un escarabajo ni se extinguiera una estrella sin que lo registrara en mi almanaque.

Calibrar el termómetro entre dos certidumbres la nieve recién caída y el agua hirviendo como hirvieron los campanarios en el gran incendio de Uppsala.

Hablar un lenguaje que sólo estuviera hecho de experiencia.

Hacer preguntas a todas las cosas y que todas me contestaran.

Y quise hablarte muchacho de rodillas junto al Torne.

Que me enseñaras a tocar las astas de los renos a leer las runas musgosas de la piedra de Vinsavaara.

Echarme junto a ti sobre la nieve y ver los estallidos en el cielo los arpones las lenguas las ballestas violeta verde pálido ocre intenso azul pastoso lila anaranjado.

Ver las luces hundirse en tus hoyuelos. Desatar el cordón de tu camisa. Hurgarte las axilas. Decirte Tienes fiebre. Llevarte nueces. Miel. Darte manzanas.

Imagen de portada: Anders Celsius [diseño en 1742] y Arvid Ericsson [fabricante], primer termómetro con escala de 100 grados [réplica], 1930. Museo Tecnológico de Estocolmo Creative Commons 4.0.