Cultura UNAM

Magallanes: el primero que no fue

Propiedad / panóptico / Enero de 2018

Antolina Ortiz

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La nao Victoria volvió sola a España, con el mástil roto y veintiséis toneladas de clavo y canela, tras 757 días de travesía por mares inhóspitos. No parecía victoriosa al arribar a puerto, sino más bien lo contrario. Hacía tiempo que se daba por perdida la expedición de Magallanes alrededor del mundo; la tripulación yacía casi muerta de hambre, desdentada por el escorbuto, víctima de delirios y alucinaciones tras haber sobrevivido al viaje más extremo hasta entonces realizado. Magallanes no venía a bordo. En su lugar llegó otro hombre capitaneando la nave, que en ese momento se convirtió en la primera persona en haber circunvalado la Tierra: Juan Sebastián Elcano. Si bien Elcano fue el primer hombre en rodear la Tierra, Magallanes, quien jamás lo hizo, es recordado por muchos como el primero. No hay duda de que se trata de un personaje impresionante, un explorador sin paralelo. Magallanes navegó sin mapas, siguiendo rutas de ballenas, guiando a su tripulación con la entereza de un loco. Gracias a sus observaciones celestes, el satélite que orbita a Venus, un cráter en la Luna y otro en Marte llevan su nombre. El estrecho que Magallanes descubrió fue durante cuatro siglos la ruta marítima más importante para cruzar del Atlántico al Pacífico. Personajes como Francis Drake siguieron de cerca las rutas trazadas en las exploraciones de Magallanes. Él dio su nombre al océano Pacífico, cuando lo encontró así: calmo, infinito y en paz. Hay incluso un pingüino que lleva su nombre: el pingüino magallánico. Y se dice que la cruz de madera con que pretendió iniciar la conquista de las tierras filipinas sigue en pie, como una reliquia, casi 500 años después de haber sido erguida. Y, sin embargo, pese a todas estas proezas, Magallanes no fue el primer hombre en circunvalar la Tierra. Cuando la descarga de artillería anunció que zarpaban los cinco barcos de la expedición de Magallanes, el 10 de agosto de 1519, la redondez de la Tierra no era aceptada por todos. Nadie había recorrido su circunferencia para comprobar que no acababa en un precipicio lleno de monstruos y de alimañas. No se conocía la escala del planeta, aunque quizás algunos empezaban a sospecharla, sobre todo después del contacto que tuvo Colón con el nuevo continente, unos treinta años antes, o Vasco da Gama con su expedición a las Indias en 1498. Magallanes buscaba una ruta española para llegar a las islas Molucas de las especias, porque las mejores rutas, por el mar del Este, pertenecían a los portugueses —el otro poder naval más importante de la época— como dictaba el Tratado de Tordecillas.

Barco Victoria Adriaen Collaert, Ferdinando Magallanes, 1595

La expedición de Magallanes costó a nuestro explorador cuatro naves de las cinco que zarparon con él, así como la vida de 217 tripulantes, incluida la suya. Murió en una batalla en las Filipinas, donde pretendía imponer su religión a una tribu de “pintados” con tatuajes, súbditos del cacique Lapu-Lapu. Se quedó a unos mil kilómetros del lugar donde se habría convertido en el primer hombre en circunvalar la Tierra. Su cuerpo jamás fue recuperado. “Asesinaron a nuestro espejo, nuestra luz, nuestro consuelo y nuestro gran guía…”, escribe Antonio Pigafetta en su Relazione del primo viaggio intorno al mondo (1524). Este italiano fue uno de los 18 hombres que sobrevivieron a tan tremenda expedición. Y con él se salvó el relato de la odisea de la nao Victoria y su tripulación. Al parecer, tanto Pigafetta como Juan Sebastián Elcano —capitán de la expedición tras la muerte de Magallanes— gustaban de comer dulce de guayaba del archipiélago filipino: esta debilidad por una fruta rica en vitamina C puede haber ayudado a salvarlos del mortal escorbuto. Curiosamente, Juan Sebastián Elcano no figura en los relatos de Pigafetta —por razones que no quedan claras: ¿acaso por ser español en un ambiente tenso español-portugués?, ¿acaso por rivalidades personales?, ¿por decisiones desafortunadas del capitán, las cuales ocasionaron la muerte de varios tripulantes?—. Lo cierto es que Elcano rara vez es reconocido fuera de su natal España como el primer hombre en dar la vuelta al mundo. Los portugueses reconocen a su compatriota Magallanes como el primero. Los españoles obviamente lo rechazan (aunque la Corona lo había nombrado español) y abrazan a Elcano. Sesenta años más tarde, los ingleses reconocen a Sir Francis Drake como el único capitán que realmente logró la travesía por sí mismo, quitándole la gloria a sus predecedores. Deja mucho qué pensar este arrebato de “primeros lugares”. Elcano, eso es seguro, ocupa un segundo lugar en el inconsciente colectivo. Y eso sin tomar en cuenta al legendario Panglima Awang, otro miembro de la expedición de Magallanes, mejor conocido como Enrique “El Negro” de Malacca, que muy probablemente fue el verdadero primer hombre en circunvalar la Tierra. De Panglima casi no se sabe nada. Fue capturado en 1511, en la zona de Malasia, y bautizado por Magallanes ese mismo año, quien lo tuvo como esclavo y lo llevó consigo a Europa. Al llevarlo de las islas malayas a España, ocho años antes del gran viaje que circunvaló la Tierra, Magallanes le dio unos veinte mil kilómetros de ventaja a Panglima, de tal suerte que al volver a Malasia, Enrique ya habría completado una vuelta al mundo, aunque fuera en dos viajes distintos. Si Magallanes hubiera recorrido los mil kilómetros mencionados, él también habría completado una vuelta. Al parecer, Panglima entendía claramente la lengua de los nativos de Filipinas, lo cual hace suponer que podría haber sido filipino y no malayo. Así, al llegar a donde murió Magallanes su esclavo ya habría ganado el primer lugar. Sin embargo, la familiaridad de la lenguas de la zona malayo-filipina no permite alcanzar esta conclusión con toda certeza. En cualquier caso, es muy probable que Panglima regresara a Malasia por su cuenta, antes de que la nao Victoria volviera a España. Tras la muerte de Magallanes, Panglima debía volver a ser un hombre libre, de acuerdo con el testamento dejado por el capitán, donde prometía su manumisión. Sin embargo, los tripulantes de la expedición decidieron mantenerlo a bordo a la fuerza como traductor. Panglima se rebeló. Una sangrienta batalla entre indígenas y europeos dio como resultado la muerte de unos treinta tripulantes de la expedición y Panglima Awang desapareció de la historia europea, unos doce años después de su captura y bautismo. Es muy probable que a la muerte de su amo en Filipinas, él recorriera el cortísimo trayecto que lo separaba de sus tierras natales, y que al llegar completó la vuelta al mundo antes que ningún otro, sin que quedara registro histórico de la proeza. Como nunca se supo más de él, no nos quedan más que conjeturas.

Hernando Magallanes Hernando Magallanes

A pesar de la ridícula obsesión de muchos exploradores occidentales por ser los primeros, existe la posibilidad de que el primer hombre en darle la vuelta al mundo fuera un esclavo nacido en Malasia. Curiosamente, al rodear la Tierra, Panglima no sólo volvió a su origen, sino que recuperó su libertad. La Tierra es redonda. Es un hecho que casi todos damos por sentado. Nos lo enseñaron de niños en la escuela. La curvatura de la superficie sobre la que vivimos es una realidad para casi todos, excepto algunos “terraplanistas”. Pitágoras lo suponía hace unos 2400 años. Basta con observar el panorama desde un barco o un avión para comprobar con nuestros propios ojos la belleza imponente de la curva del horizonte. Quiero recordar aquí a todos esos “segundos lugares” cuyos nombres se han perdido en el rumor de las olas; aquellos que vieron los fuegos de San Telmo coronar los mástiles de sus barcos como señales divinas, aquellos europeos que miraron por primera vez las aguas plácidas del Pacífico, los miles de aves y de peces voladores como espejos los unos de los otros… Ellos también fueron héroes de aquellas jornadas épicas. Así, ni Awang, ni Pigaffeta ni Magallanes buscaban circunnavegar la Tierra. La hazaña se logró por accidente, por azares del destino. Estamos ante un episodio de la historia donde lo más importante no es el orden de aparición, sino la fuerza de voluntad necesaria para emprender un viaje semejante. Dar la vuelta al mundo sigue siendo una hazaña que pocos alcanzan, y los que lo hicieron antes que nosotros serán siempre un punto de referencia colectivo, Estrella del Norte en el cielo de nuestra civilización.

Imagen de portada: Barco Victoria en un mapa de 1590.