periódicas Amistad FEB.2026

Carolina Magis Weinberg

Hoy es muchos ayeres. 10 años en el corazón de la ciudad

Una exposición situada

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Lo que más certeza tiene en el Centro Histórico de la Ciudad de México es el cambio. Al caminar por la esquina noreste del Zócalo, entre Moneda y Seminario, el escenario que se descubre es muy distinto al que estaba ahí hace un siglo. Por esos años esta bulliciosa esquina tenía otros habitantes, especialmente el Monumento Hipsográfico y a la legendaria cantina El Nivel. Ahora ya no está ninguno de los dos y ese mismo edificio de la esquina es el Museo UNAM HOY. Mucho ha cambiado, pero queda la memoria de esas presencias de antaño; las ciudades tienen la capacidad de dar espacio y volver tangibles los recuerdos.

Desde septiembre de 2025 y hasta febrero de 2026 la exposición Hoy es muchos ayeres. 10 años en el corazón de la ciudad ha buscado hacer esa reflexión dentro del Museo, pensando profundamente en las mutaciones del sitio en el que se encuentra: las ausencias, las presencias y sus formas de coexistir. Se trata de una exposición in situ, una puesta en espacio de un planteamiento curatorial que hace pensar al lugar de manera compleja. Las dos ideas que dirigen la exposición son la de una historia vertical y una horizontal. Es decir, pensar al espacio del edificio físicamente de arriba hacia abajo —desde el Templo de Tezcatlipoca sobre el que se asienta, hasta la terraza, pasando por sus muros coloniales—, y también en cómo se desborda hacia sus límites inmediatos: la plaza de Seminario y la calle de Moneda.

Por este motivo en la muestra se piensa al Museo como mirilla, ya que a este sitio, en esta particular encrucijada, le corresponde mirar hacia afuera y pensar críticamente sobre el espacio público. El Zócalo capitalino constituye un encuentro de poderes: al norte el religioso, al este el político federal, al sur el político local y al oeste el comercial. En ese encuentro cuadrangular de poderes, el Museo es un sitio singular, ya que se trata del único que tiene como misión principal la reflexión crítica. De este modo la exposición es una toma de conciencia de la relación de este sitio con su contexto inmediato.

La exposición también plantea conmemorar una serie de coyunturas temporales que se dieron en 2025: los primeros diez años del Museo UNAM HOY, los 150 años de la convención del metro patrón (Francia, 1875) y los 100 años del desplazamiento del Monumento Hipsográfico. En este sentido, en la exposición el sitio es tan preciso como la fecha; se trata de una muestra in situ y también in tempore. Con la autorreflexión como estandarte, la premisa principal es que el público desarrolle un pensamiento situado. El objetivo principal de la muestra es generar preguntas en su público, que quien llegue al sitio piense en él y que al salir del museo lo siga considerando, que mire al espacio de manera crítica. El Museo UNAM HOY es un espacio universitario que depende del Instituto de Investigaciones sobre la Universidad y la Educación (IISUE), instancia que se dedica a pensar a la universidad desde la universidad, por lo que es natural que este carácter recursivo, crítico y novedoso impregne y circule por toda la exposición.

Entonces, el Museo UNAM HOY está ahí en el edificio amarillo, en Seminario y Moneda, apretado entre los poderes religioso y político, y cuenta con una singular historia. En el siglo XVI fue la primera sede de la Real y Pontificia Universidad de México, que años después se mudó a la Plaza del Volador. Después de su noble origen, una vez desplazada la universidad de este sitio, el edificio sufrió varios daños en la inundación de 1629. Después de su reconstrucción se le dieron diversos usos. Entre ellos destacan primero el Café del Correo (entre 1852 y 1872), así como la primera sede del restaurante El Cardenal, pero sobre todo la mítica cantina El Nivel que ocupó esta esquina entre 1855 y 2008 y contaba con el primer “permiso para usufructuar la venta de aguardientes a granel vinos y licores de ultramar en copa y botella”. En el presente siglo el edificio pasó a ser ocupado por la UNAM quien primero instaló ahí el Programa Universitario de Estudios sobre la Ciudad (PUEC), y después realizó un trabajo profundo de restauración del inmueble para finalmente habitarlo con el Museo.

No deja de ser fascinante pensar en la transformación de este espacio, de universidad en cantina y finalmente en museo. Además destaca la relación a su vez entre la cantina y el Monumento Hipsográfico, su tocayo, fueron tan cercanos y tenían funciones tan distantes como la desmesura y la mesura, el descanso y la autoridad, lo horizontal y lo vertical. La cantina El Nivel, célebre por múltiples motivos: su ubicación, su historia y su gente. En ella se reunían personas de diferentes universos: políticos y burócratas de Palacio Nacional, artistas de San Carlos y Ex Teresa, así como danzantes, barrenderos y demás caminantes del Centro Histórico. La exposición permite comprender este entramado a través de una serie de entrevistas y en particular el testimonio del señor Rubén Aguirre, heredero de la Cantina, quien prestó varios objetos originales para la muestra: especialmente los permisos, el reloj que corría al revés y una acuarela del cronista pintor Rafael Guízar, quien retrató la cortina metálica de la Cantina el día que cerró por última vez.

Lo anterior en lo que respecta a la historia específica del recinto; sin embargo, la muestra también explora la relación entre el edificio y su contexto inmediato en un sentido horizontal. Mucho de lo que caracteriza al edificio es justamente ser una esquina, “Seminario y Moneda”. En este sentido la exposición hace un énfasis particular en el Monumento Hipsográfico, un personaje clave del sitio. El monumento estuvo ahí entre su construcción en 1878 y el año 1925, en que fue desplazado al otro lado de la Catedral. Pero el vínculo no es simplemente de vecindad entre edificio/cantina y monumento, sino que ambos se relacionan con la propia esquina: los dos estaban vinculados al uso histórico de este sitio para marcar la altura de las aguas de los lagos del Valle de México. Esto se puede observar con detalle en el permiso de la Cantina emitido en 1855 que dice “se denominará el ‘Nivel’ por allarse (sic) frente al nivel que marcan las aguas de la ciudad”. En 1878, el Secretario de Fomento, el General Vicente Riva Palacio, indica que hace falta un plano de referencia fijo y que no se viera modificado ante la reparación de la banqueta, como solía suceder. Por ese motivo construyó el Monumento Hipsográfico justamente en ese sitio, para sustituir al marcador preexistente.

Además de los niveles del agua, este monumento, dedicado a la memoria del ilustre cosmógrafo Enrico Martínez fue erigido a finales del siglo XIX durante el Porfiriato con un espíritu de ciencia y modernidad para comunicar información métrica. En relación a la mesura que pretendía contener y exhibir públicamente, la exposición presenta una disección puntual de todas sus partes y de todas las referencias que en él se inscriben. En su pedestal, además de diferentes planos de comparación, se indicaban las dimensiones del metro patrón en relación a la yarda y a la vara, así como coordenadas geográficas, la declinación magnética y diferentes referencias de altura. Sobre todo destaca la cara sur (antes este) del monumento en el que se indicaba con un nivel móvil la altura de las aguas por debajo de la plancha del Zócalo. De esta forma se trataba de un objeto público al que la población asistía para informarse acerca de la posibilidad de una inundación. Este monumento supone un deseo de alfabetismo y cientificidad que van de la mano de los propósitos modernizadores de la época.

Pero el Monumento Hipsográfico, que debía ser fijo y permanente, se movió. Porque lo cierto es que construir un monumento con una pretensión de permanencia es profundamente ingenuo, ya que estos objetos de mármol y bronce perduran más que los tiempos de vida de quienes los erigieron. Los tiempos cambian y con ellos también los sitios. Al Monumento Hipsográfico lo desplazaron al otro lado de la Catedral en la segunda década del siglo XX, desvinculándolo de la esquina que le daba sentido. Con ese movimiento se abrió una pregunta, una intriga, una fractura quizás. El Monumento Hipsográfico es único en su tipo y se proyectaba como un objeto fijo que no permitiría la más mínima alteración, pero fue alterado, ¿qué pasa entonces?

Con un énfasis en el espíritu de la época que imperaba a finales del siglo XIX, la exposición profundiza en el ánimo de ciencia y modernidad que acompañaba a la construcción de la nación. En la muestra se ponen en diálogo diferentes aproximaciones a la temática de la medición a partir de las investigaciones del Dr. Héctor Vera quien, desde el IISUE, estudia la historia de este proceso en México. El caso de la medición es muy relevante ya que es una operación cotidiana—medir, pesar, contar—que sitúa a la ciudadanía en relación con un proyecto de nación más amplio a través de las leyes y normas. La exposición presenta materiales educativos porfirianos que se utilizaron para enseñar a las infancias a medir y a pesar con el Sistema Internacional de Medidas, así como su lenta implementación en las aulas en el siglo XX. También herramientas de medición cotidianos —un préstamo para la exposición de la colección del Museo del Objeto del Objeto (MODO)— que dialogan a su vez con la rica colección contemporánea de reglas y reglitas (monstruo, jirafa, pulsera, jeringa, romántica, seria y plegable) del brillante artista y pepenador profesional Melquiades Herrera —provenientes de su fondo en Arkheia, MUAC—. A su vez, la obra Patrones variables (2022) de la artista Georgina Bringas, presenta un conjunto de metros patrón hechos a mano, que presentan variaciones e imprecisiones y generan un espacio de incertidumbre, cuando la medición lo que busca es certeza. Todos estos momentos métricos, del monumento a la regla monstruo, son parte de lo que constituye un proceso de difusión social de una forma establecida de medición por parte de la autoridad.

La exposición cierra con una reflexión sobre el edificio, su pasado y su futuro, con un énfasis en los trabajos de restauración realizados por la UNAM. Esta compleja relación espacial de superposición de capas históricas en un mismo espacio establece un diálogo con la obra Construrama (2019-2022) de la artista Victoria Núñez Estrada. Se trata de un muestrario de materialidades de lo urbano que coexisten en una escultura, cada una de ellas encapsulada en una caja de acrílico transparente de modo que no se combinan, sino que se superponen. Chapopote, aluminio, piedra volcánica, vidrio, azulejo, bronce, ladrillo, adobe. Así es este espacio y así es nuestra ciudad, un encuentro de materiales, cada uno con un tiempo específico, todos en el presente.

A partir de esta exposición, corresponderá a este espacio seguirse pensando críticamente, al público voltear a ver la ciudad con intriga material mientras los edificios cambian, las capas de tiempo se superponen, el Monumento Hipsográfico sigue perdiendo sentido y la mirilla, reflexiva, sigue viendo pasar el tiempo.


Hoy es muchos ayeres. 10 años en el corazón de la ciudad. Exposición de aniversario. Septiembre de 2025 al febrero de 2026. Museo UNAM HOY. Moneda 2, esq. Seminario, Centro Histórico de la Ciudad de México. Horario: Martes a sábados de 11 a 17:00 horas. Domingos y lunes: Cerrado. Entrada general: $20.00. Descuentos a estudiantes y profesores con credencial vigente.