Gato al sol
Quedémonos así
Tú y yo sentados aquí
Al albor
Del bosque. Ese sol
De otoño, carmesí,
Se exalta en supremo estallido
Como un ser que se siente envejecer.
Mas su ardor ya está tan abatido,
Bajo los árboles, que no
Es necesario correr.
¿Qué es entonces, sobre el camino gris,
Aquello que rueda hacia nosotros: diríase, ligero y albo,
De arroz una borla de polvo,
La pelusa de un cisne inmaculado?
Por momentos, la cosa da un brinquito
Metiéndose entre los matorrales
Con ruidito de chubasco en caudales;
Míralo: es un blanco gatito.
¡Qué delicado sería el placer
De sostener en una caricia
Ese pelaje, esas menudas formas que ves,
Tan perfectas de suavidad y gracia!
Mas, ¡ve a pasear!
El diablillo está un ratito aquí, otro allá,
De golpe a la copa se ha subido
De un árbol o un arbustito
Faryn Hughes, viñetas de la Floof Collection II, 2024. Cortesía de la artista.
Del que espanta las hojas, clown de agilidad
Fantástica. Ahora se arroja sin daño,
Cual fruto maduro, cual si el árbol en verdad
Fuera un blanco gataño.1
Sin embargo, por mi deseo —al parecer— atraído,
La exquisita bestia se aproxima, el lomo curvado,
Y se instala, favor inaudito,
Con tierno ronroneo, en mis muslos acodado.
Vaya si se enturbia la hora,
¡Un joven gato durmiendo en su vestido,
Señora!
Es el abandono de la inocencia,
Abandono confiado
De la gentil infancia
En cientos de exuberantes giros prodigado
Y se repara en ese sueño tranquilo,
En ruido que asemeja
En su rueca
A una hiladora y su tejido.
No me atrevo a moverme, pues,
Más que una roca; mas nuestro durmiente
O nuestra durmiente —ve tú a saber—
Se espabila en bostezo de candor resplandeciente.
¿Una vueltita por el bosque? Míranos pasear
Seguidos o precedidos
Por el radiante animal
Que nos tomó por amigos.
A ratos aparece, fuego fatuo que revolotea,
Y ratos el deslizarse de su albo pelaje
A una suerte de arroyuelo se asemeja
Argentado por la luna.
A veces es un hada que gravemente sueña
Sentada en medio del herbaje.
De pronto
Le viene una idea:
Comer de esa excelente hierba.
Ve cómo despedaza
Con sus colmillitos soberbios
De carnívoro,
De todo crimen aún vírgenes,
Tiritas de maleza.
Luego, otra vez, sus poses cavilosas.
Entre verdes extensiones suntuosas,
Con aire de declarar en un aparte:
—“Nada de esto ha de calmar mi hambre”.
¡Ah!, ¡ah!, ¡una mariposa!
—“La tendré, ¡palabra de gato que así ha de ser la cosa!”
Y la ágil bestiecilla
En sus patas traseras se yergue,
Bailando una seguidilla o hasta un bolero
Como la señorita Otero.
Mas la mariposa irónica
Levanta las alas de tonos irisados
Que la hacen inaccesible
Y se aleja sin haberse preocupado.
Ahora, en destellos
Que se filtran a través de las ramas,
Nuestra picarilla —apostemos
A que es una gatita blanca—
Hace de odalisca, en pose abarrotada
De dejadez: patitas sueltas, la cola allá olvidada.
Vamos, que es hora del baño. Pero no
Interfiramos. La fina lengua, tan rosa
Como una rosa,
Va lamiéndose y alisando el dulce pelo
Con singular brío, ¡válgame!
Una pata alerta no se cansa
De asediar a la oreja: la pasa y la pasa y la pasa.
¡Ah!, amigos míos, ya va a llover.
¡Mírala desaparecer!
No, ya regresa,
Alegre y perversa,
Llegando en menudo galope.
Y como en la hondonada
Donde nos detenemos
Un trozo de roca emerge, de golpe,
Encima de una fuente seca, se sube en sus lomos
Y allí está acomodada
Con la noble actitud de una esfinge que se imagina
Esculpida en la piedra blanquecina.
Este poema aparece en Intermèdes (1903) y se publica por primera vez en español, junto con otros versos suyos, en La voz y la música. Poesía completa (Elefanta/Universidad Iberoamericana, 2025). Se reproduce con permiso de la editorial y de su traductor.
Imagen de portada: Faryn Hughes, viñetas de la Floof Collection II, 2024. Cortesía de la artista.
Proponemos este neologismo en concordancia con el que la propia Krysinska utiliza: chattier. Nota del traductor. ↩