La gata se hace vieja
Leer pdfNo tengo idea quién juega cuando juego contigo.
Mi especie es lo más vano entre lo vano.
¿Habrase visto algo más ridículo,
que esta criatura pobre y miserable
expuesta a los ataques y a los vicios
crea que tiene el control del universo?
La belleza indomable de los cuerpos celestes,
¿con qué fin? ¿De qué sirve la ciencia
de las equivocaciones? ¿Cómo hablan
su idioma las lombrices?
¿No te parece raro que se oculte
un enigma detrás
de cada cosa?
¿Qué decir de las cejas? ¿De los labios?
¿De las ganas de amar y ser amados?
Tengo miles de libros y ninguno
ha podido ayudarme a resolverlo.
Pero tú dices todo sin decirlo.
Me miras y conoces las respuestas.
Podemos acostarnos donde sea,
hacer nido con vista a la montaña
y escondernos de la filosofía.
Hermoso es el silencio entre nosotros,
hermosa nuestra forma
de exponernos en la dicha
común de lo presente.
Las arañas regalan su tejido.
Organizan exequias las hormigas.
Cambia el pulpo de color
cambia de forma.
No habrase visto nunca un elefante
traicionar a sus tropas y quebrarlas
con la violencia de nuestros soldados.
Meditan sin querer: alzan sus trompas
con ojos fijos hacia el sol naciente
sin dios y sin metáfora y sin prisa.
Reconocen sus faltas,
son capaces
de pasear por el gusto de pasearse
y llevarse con calma cada día.
Por si eso fuera poco, galantean.
No me creas a mí, sino a la joven
vendedora de flores que tenía
por devoto a un enorme paquidermo.
También hubo un dragón enamorado
y una oca enamorada, y un carnero.
Pero eso te lo cuento en otra carta.
Me temo que volví a perder el hilo.
Ahí voy de nuevo:
el piojo interrumpió una dictadura.
y hay futuro en el vuelo de las aves.
Sin mayor aspaviento,
sin esperar que nadie
lo llamara de vuelta a la otra orilla,
el perro Hircano se arrojó a la hoguera
donde esperaba el cuerpo de su amo.
Tú al fuego te aproximas por el brillo
que habita y cruje en nuestra chimenea.
Descubres una grieta en el castillo
y en ella te derramas, te haces agua.
Yo en cambio tengo miedo de mí mismo
y dudo y soy un loco y me arrepiento.
Sin escamas ni plumas que me cubran
ando desnudo en la desnuda tierra
desnudo me he mostrado en lo que escribo
desnudo moriré y no me acostumbro
al peso entumecido de mis muslos.
No sé nada de pausas ni de prisas
detesto a los doctores, no soporto
la venganza, desprecio el sonsonete
cruel de lo normal.
No me sereno.
No sé qué hacer conmigo
y estar juntos resuelve ese dilema.
Envejecer, morir:
¿habrá empresa personal
más compartida?
Eres bella: no sirves para nada.
Entregas sin dudar
lo que no tienes, sabes
qué hacer con mi alegría.
Anoche tuve un sueño muy extraño.
Andabas muy campante por las viñas
como rejuvenecida.
Qué envidia me dio entonces tu pelaje.
Para ti, el desorden de mi espíritu
el lado más flexible de mi alma
mi cuerpo libre y suelto
la brisa del verano
y sus perfumes.
Espero dejar claro mi mensaje.
Amiga mía: adiós,
nos vemos pronto.
Muchas gracias por tanto ronroneo.
Hasta luego y felices vacaciones.
Este poema forma parte de Montaigne, etc. (Rosa Iceberg, Buenos Aires, 2025). Se reproduce con permiso de la autora.
Imagen de portada: Auguste Renoir, Woman with a Cat, National Gallery of Art, 1875. Dominio Público.