Cultura UNAM

La cara oculta de la Luna

Lenguajes / panóptico / Julio de 2019

José Franco

En el aire conmovido mueve la luna sus brazos y enseña, lúbrica y pura, sus senos de duro estaño. Federico García Lorca


La luna nueva corresponde al momento en que ésta se encuentra en la misma dirección que el Sol, aunque sus ubicaciones no siempre están alineadas. El plano orbital de la Luna está inclinado unos cinco grados respecto al de la Tierra, lo cual hace que sólo en ciertas ocasiones se logren alinear. Cuando esto sucede, el cuerpo de la Luna pasa enfrente del disco solar y provoca un eclipse. Los eclipses de Sol pueden ser parciales o totales y son más frecuentes de lo que se suele pensar; cada año ocurren entre uno y tres. Sin embargo, tenemos la impresión de que son muy inusuales porque los eclipses parciales de Sol son poco perceptibles y cuando llegan a ser totales, la zona donde ocurre la totalidad tiene una anchura máxima de poco más de 100 kilómetros. Además, algunos de los eclipses totales sólo son visibles desde zonas deshabitadas, ya sea en medio del mar o cerca de las regiones polares. Los eclipses lunares ocurren cuando hay luna llena y son visibles en todas las zonas del mundo donde el eclipse ocurre de noche. En este caso, la sombra de la Tierra oscurece la cara brillante de la Luna y, debido a la dispersión de la luz solar producida por la atmósfera terrestre, la sombra mantiene algunos colores, dándole una tonalidad rojiza a nuestro satélite. Al igual que los solares, cada año hay varios eclipses de Luna y sumándolos, en total alcanzan entre tres y seis. En promedio, suele haber cuatro y sus ciclos están bastante bien establecidos, de manera que uno puede encontrar las fechas de los que han ocurrido en el pasado y los que ocurrirán en este siglo. El cambio de luna nueva a luna llena tarda cerca de dos semanas y a esta fase se le llama cuarto creciente. Durante ésta, la zona brillante aumenta día con día hasta convertirse en luna llena. De la misma manera, el paso de plenilunio a la luna nueva dura otras dos semanas y se denomina cuarto menguante. En este caso, la zona que brilla va en disminución. La cara visible de la Luna es siempre la misma, no importan la fase, la época del año ni el lugar desde donde se mire, nunca dejamos de ver el mismo hemisferio. El opuesto siempre está en dirección contraria a la Tierra. Por esta razón se le ha denominado la cara oculta de la Luna, aunque algunas personas la llaman erróneamente el lado oscuro de la Luna. De hecho, este error en el nombre se esparció entre los jóvenes en la década de los setenta, por el título del disco del grupo británico Pink Floyd, The Dark Side of the Moon, que goza de mucha popularidad hasta nuestros días. Pero debe quedar claro que la cara oculta de la Luna no tiene nada de oscura, pues también recibe la luz del Sol. En todo caso, la cara oculta siempre fue un misterio. No sabíamos cómo era hasta 1959, año en que la sonda soviética Luna 3 se convirtió en la primera misión satelital en orbitar el astro y fotografiar su lado oculto. Esto permitió trazar el primer mapa de los dos hemisferios y, a partir de entonces, la Luna ha sido fotografiada por varios satélites soviéticos y estadounidenses y hemos podido conocer mejor los accidentes geográficos de ambos lados.

Ilustración de los dos lados de la luna. Imagen de dominio público

Los hemisferios son muy diferentes entre sí. El lado oculto tiene una mayor cantidad de cráteres, pero un número menor de zonas llanas, denominadas mares. Una de las misiones que han dado más información sobre toda la superficie lunar es el Lunar Reconnaissance Orbiter (Orbitador de Reconocimiento Lunar), que fue lanzado en 2009 y que contenía siete instrumentos para obtener imágenes a color de muy alta resolución, medir las temperaturas, obtener las propiedades geodésicas y calcular la cantidad de agua que existe. Se encontró que hay agua adherida a la corteza lunar en varias zonas, la cual se evapora durante el día y el suelo la vuelve a absorber en la noche, cuando baja la temperatura, dando lugar a un ciclo hidráulico lunar. También hay agua de manera permanente en forma de hielo en las zonas internas de los cráteres cercanos a los polos. Ahí nunca llega la radiación solar, por lo tanto son los lugares más fríos, con temperaturas menores a los –170°C. Los estudios más recientes han sido desarrollados por la agencia espacial de China con su programa denominado Chang’e, el nombre de su diosa lunar. La posibilidad de posarse en el suelo del hemisferio oculto de la Luna siempre fue muy atractiva, pero no se había podido llevar a cabo porque existían serios problemas técnicos para dirigir un alunizaje desde la Tierra, ya que no hay manera de establecer telecomunicaciones directas con ese lado. La masa lunar es un obstáculo que se interpone y evita cualquier transmisión directa de microondas o radiofrecuencias con las bases terrestres. Esta imposibilidad no fue resuelta hasta hace muy poco tiempo por la agencia espacial de China, gracias a que puso un satélite repetidor de telecomunicaciones en el punto de Lagrange L2 del sistema Tierra-Luna, uno de los cinco puntos determinados a finales del siglo XVIII por el matemático francés Joseph- Louis Lagrange en los que se equilibran las fuerzas gravitacionales del sistema. En Lagrange L2 se puede mantener un objeto orbitando de manera estable en la zona de atrás de la Luna, desde donde se tiene visión directa y simultánea de la Tierra, y de la cara oculta de la Luna. Allí se ubicó en mayo de 2018 el satélite de retransmisión Queqiao [Puente del Cuervo], mediante el cual se pudo establecer una comunicación adecuada para dirigir el alunizaje desde la Tierra. Con este problema resuelto, el 3 de enero de 2019 la sonda china Chang’e 4 se dirigió de una manera precisa para posarse suavemente en ese hemisferio e hizo exploraciones y experimentos in situ. El lugar seleccionado para el alunizaje fue la zona interna de un cráter llamado Von Karmán, situado en una región cercana al polo sur lunar, donde hay agua en forma de hielo. Entre los instrumentos que llevó Chang’e 4 estaba un robot autónomo con radar y herramientas para analizar el suelo y subsuelo, así como cámaras y espectrómetros. El robot autónomo llamado Yutu 2 [Conejo de Jade 2] se desplazó por el terreno circundante al alunizaje tomando muestras del suelo, fotos panorámicas de la zona y haciendo varios experimentos. Uno de los más sorprendentes fueron las pruebas biológicas para analizar las posibilidades de crecimiento de plantas a partir de semillas, así como el posible desarrollo de pupas de mosca de la fruta y levaduras. El arreglo experimental tuvo dos sistemas idénticos, uno fue llevado a la Luna y el otro se quedó en la Tierra para el control de los resultados. Fue notorio el caso de la semilla de la planta de algodón, la única que germinó. Su vida fue muy breve porque la temperatura bajó a menos de –170°C durante la noche. Sin embargo, este experimento —el primero realizado en suelo lunar— ha mostrado que es posible que crezcan plantas dentro de las condiciones de alta radiación y de baja gravedad prevalecientes en la Luna.

Adelanto de Alunizaje de José Franco con variaciones esté­ticas de Lucía Hinojosa y prólogo de Jorge Volpi, de próxima publicación en Turner.

Imagen de portada: Representación de la sonda china “Chang’e-4” realizada por la Administración Nacional del Espacio de China (ANEC). Imagen de dominio público