Editorial
Leer pdf“En México las cárceles son, sin duda, uno de los desafíos más grandes para la seguridad y la justicia, un eslabón que, a pesar de desempeñar un papel crucial, nadie quiere voltear a ver”, escribe Elena Azaola, y en este número volteamos a verlas a partir del cierre de la Penitenciaría de Lecumberri en agosto de 1976, hace justo cincuenta años. El llamado Palacio Negro fue inaugurado en pleno Porfiriato con un discurso optimista sobre la reeducación moral de los presos, que pronto se encontraron soportando malos tratos, como la reclusión extrema (en los ya famosos apandos), la tortura física y otras vejaciones, de las que hablan Pavel Andrade y Adriana Malvido en estas páginas. La historia de México pasa por Lecumberri: Gilberto Guevara Niebla y Luis González de Alba, activistas estudiantiles de 1968; el líder sindical Demetrio Vallejo; el magnicida Ramón Mercader, e incluso el cantante Juan Gabriel conocieron sus celdas. En sus textos, Laura Sánchez Ley y Adela Pineda Franco recuerdan que si bien la prisión estaba diseñada para albergar alrededor de setecientos presos, para el año de su clausura su población rondaba las tres mil personas. Revueltas señaló que hay un lenguaje de la cárcel que esconde la represión; sin embargo, hay otro que evidencia las normas extraoficiales y las jerarquías internas, como expone Herlinda Enríquez Rubio Hernández. Catalina Pérez Correa y Elena Azaola exploran, desde diferentes miradas, una realidad digna de vergüenza social: en México no sólo pagan los encarcelados, sino sus familias y, en especial, las mujeres que proporcionan a la población carcelaria artículos elementales como papel higiénico, comida y pasta de dientes. Por su parte, Estefanía Vela Barba hace un análisis de la prisión preventiva oficiosa y los procedimientos abreviados; la primera ha llenado las cárceles de reclusos sin sentencia o de gente que ni siquiera ha sido acusada formalmente; los segundos los tientan a declararse culpables para reducir su tiempo en prisión. A partir de nuestro compromiso con construir una cultura de paz desde la Universidad, abordamos este tema para cuestionarnos sobre los alcances del sistema carcelario como modelo de justicia, pues, como plantean Angela Y. Davis y otras activistas, las prisiones perpetúan la desigualdad y la violencia.
Imagen de portada: Entrada de la Penitenciaría de Lecumberri, de la serie Judiciales, principios del siglo XX. Colección Casasola, Fototeca Nacional Creative Commons 4.0.