Mi amiga Eugenia me pide que revise si tiene comida atorada entre los dientes
Leer pdfMe asomo adentro de su boca
como un buzo en la noche:
ávida, curiosa,
a punto de percibir un pez con luz.
El olor de la lealtad me engulle:
Papitas con limón y salsa y chile piquín.
Aceite.
Busco, busco.
Pero no detecto intrusos, no veo nada
y hay prisa,
ya se acerca el hombre guapo
del que hablamos hace días.
Click clack sus zapatos contra el piso mudo,
click clack ya viene, se acerca.
La boca ahora más abierta que un destino.
Observo los dientes enfilados:
niños bien paraditos, lunes por la mañana,
en el saludo a la bandera.
Y mágicamente aparece el desgraciado,
maldito hijo de su… ¡bastardo!
Pedazo café de frijolito.
Con la precisión de un tatuador de línea fina,
introduzco en su encía mi uña más afilada.
—¡Órale! ¡Ya estás!
Sostengo victoriosamente al pendejo
pedazo de frijol,
exinquilino
en la yema de mi dedo.
Alzo mi mano orgullosísima
como un boxeador
que gana la pelea.
Y Eugenia sonríe,
se levanta muy derecha,
camina con la confianza
de un tigre recién bañado.
La boca se cierra, y con ella la noche del buzo. Pero entre nosotras dos todo tiene luz.
Imagen de portada: Yvonne Venegas, De la serie San Pedro Garza García, 2013-2017. © de la artista.