Escrituras sin rostro de Gaëlle Le Calvez
Reescribir un país herido
Leer pdfLos siglos XX y XXI en México están atravesados por al menos dos movimientos sociales que han definido el devenir político de este país. En Escrituras sin rostro Gaëlle Le Calvez señala que estos momentos representativos son, por una parte, el zapatismo a finales del siglo XX y, por otra, el movimiento feminista iniciado en el siglo XX y cristalizado en el XXI; cada uno con demandas específicas, pero no exclusivas, pues el común denominador de ambos es el cuestionamiento al neoliberalismo como un modelo que ha agudizado las diferencias, tanto económicas como sociales. Los acercamientos críticos al tema se han realizado desde distintas disciplinas y, si bien éstos resultan vastos, no existe hasta hoy una reflexión que, de manera concluyente, haga una valoración sobre cada uno de ellos. Las razones son diversas y quizá la más evidente es que no contamos con la suficiente distancia crítica que nos permita hacer un balance histórico total. No obstante lo anterior, sí es posible conformar acercamientos panorámicos desde esa diversidad disciplinar; así pues, la escritora y académica presenta un libro en el que reflexiona sobre los dos momentos antes mencionados. El gran acierto de Escrituras sin rostro es que trasciende por mucho el mero recuento historiográfico y nos ofrece una perspectiva novedosa y lúcida sobre estos movimientos sociales tan relevantes en la vida política del país. Mencionaré aquí sólo algunos aspectos que llamaron mi atención y que, considero, pueden abrir la conversación sobre temas sustanciales para los tiempos que corren.
En principio, destaco la manera en la que la reflexión de Le Calvez transita entre lo político y lo literario, pues examina de modo cuidadoso las intersecciones entre ambos territorios. En ese sentido, uno de los aportes más significativos del libro es la forma tan creativa y acertada en la que interpreta algunos de los comunicados zapatistas: analiza de manera textual las seis Declaraciones de la Selva Lacandona escritas entre 1994 y 2005, además de algunas obras literarias marcadas por el pensamiento del subcomandante Marcos. A lo anterior se suma la revisión de textos y manifiestos feministas inspirados por el zapatismo y por la obra de Cristina Rivera Garza, específicamente los relacionados con la novela La muerte me da (Tusquets, 2007). A este respecto, Le Calvez señala:
Me interesa revelar las contradicciones discursivas entre estos movimientos sociales y la permeabilidad entre protesta y escritura, la tensión no resuelta entre “el rostro” y “el no rostro”. Obras que a partir de la ausencia (de rostro, de representación, de historia, de género) evidencian los efectos de las políticas neoliberales y reflexionan sobre la autoridad de las autorías.1
Cabe destacar que Escrituras sin rostro se suma a la nómina de textos que se ocupan del tema de la violencia en México desde lo literario y académico; si bien es cierto que en los últimos años la publicación de estos materiales ha aumentado, también es verdad que la mayoría de ellos se centra en la llamada “guerra contra el narcotráfico”, cuya temporalidad abarca del sexenio de Felipe Calderón (2006-2012) hasta nuestros días, pues las consecuencias de dicho enfrentamiento, por desgracia, continúan vigentes. Destacan, en la lista extensa de libros ensayísticos y académicos: Los cárteles no existen. Narcotráfico y cultura en México (Malpaso, 2014) de Oswaldo Zavala, Dolerse. Textos desde un país herido (Sur +, 2015) de Cristina Rivera Garza, Capitalismo Gore (Planeta, 2016) de Sayak Valencia, Narcotransmisiones. Neoliberalismo e hiperconsumo en la era del #narcopop (El Colegio de Chihuahua, 2021) de Danilo Santos López, Ainhoa Vásquez e Ingrid Urgelles y La patria en fuga. Violencia, memoria y desaparecidos en la literatura mexicana actual (Universidad Autónoma del Estado de Morelos, 2020) de María Ema Llorente. Esta producción es sin duda valiosa en la medida en que visibiliza, analiza y cuestiona un fenómeno social que no podemos obviar ya que está presente en nuestra cotidianidad: aumento de la violencia en todas sus formas, desaparición forzada, trata de personas, extorsión, menor crecimiento económico, sin contar el impacto psicológico que experimenta la población civil. Por lo que hace a la literatura, encontramos ejemplos que abarcan todos los géneros: Perra brava (Planeta, 2010) de Orfa Alarcón, Antígona González (Sur+, 2012) de Sara Uribe, Manca (Fondo Editorial Tierra Adentro, 2013) de Juana Adcock, Sicarii (Gobierno Municipal de Saltillo, 2014) de Esther M. García e Indio borrado (Tusquets, 2014) de Luis Felipe Lomelí, entre otros. Dichas escrituras develan las distintas formas de la barbarie y lo hacen a partir de mecanismos de enunciación no tradicionales, porque se sitúan frente a una reflexión que obliga a cuestionarse por los recursos y estrategias literarias a las cuáles acudir en contextos de violencia de Estado.
Cabe preguntarse ¿cómo dialoga Escrituras sin rostro con la producción literaria mencionada?; agregaría una pregunta más: en este universo de libros, ¿qué lugar ocupa esta reflexión? En principio, doy respuesta al último planteamiento, pues me parece fundamental evidenciar que hasta el momento de su publicación no existía un análisis que se ocupara del zapatismo y del movimiento feminista desde la perspectiva que la escritora y académica nos ofrece y que le permite analizar una diversidad de conceptos. Me interesa destacar dos de ellos: por un lado, problematiza la noción de autoría, misma que, desde los estudios literarios y culturales ha sido revisada con vehemencia en lo que va del siglo XXI; y el otro concepto, quizá el más importante del libro, es el de antagonismo; lo antagónico es lo opuesto, lo incompatible. La autora hace una disertación lúcida en la que interpreta el modo en el que el zapatismo redefinió la noción de antagonismo social y político. Por lo que respecta al feminismo, sobresale el cuestionamiento que dicho movimiento hizo al patriarcado. En cada una de las páginas encontramos una densidad teórica que nos ayuda a articular una cartografía político-social marcada por dos registros: uno se enfoca en el cambio y la justicia social y otro nos muestra lo artístico relacionado con la belleza y el lenguaje. Dicho de otra manera, en los cinco capítulos que conforman el libro —“Escrituras sin rostro”, “Hoy decimos ¡Basta!”, “¡Somos la dignidad rebelde!”, “De ‘Todos somos Marcos’ a MeTooMx” y “Escrituras castradas”— hallaremos la evidencia de cómo la escritura entrelaza el discurso político con el literario. Por motivos de espacio no puedo aquí desmenuzar el análisis tan fino que Le Calvez hace de los manifiestos zapatistas y de la figura del subcomandante Marcos como un personaje complejo, casi ficcional, representado en distintas obras literarias al mismo tiempo que resalta los vínculos entre el zapatismo y los manifiestos feministas.
Sin duda, cada uno de los apartados que conforman el libro es, en sí mismo, un ensayo colmado de referencias históricas, políticas y, por supuesto, literarias, además de la evidente densidad teórica. No estamos frente a un texto que se lea de manera fácil, pues requiere del lector una participación activa para ir armando una narrativa cuyas ramificaciones abren múltiples posibilidades de interpretación en la historia contemporánea de México. Le Calvez materializó en este libro uno de los recursos más caros a la literatura mexicana actual: la re-escritura. Abunda sobre ello en en las reflexiones finales:
Los temas no son nuevos, pero su recontextualización y re-escritura tienen la capacidad de vulnerar, en los lectores, el sentido más profundo de su existencia. […] El concepto “escritura sin rostro” me permitió desarrollar cómo la escritura puede ser colectiva, poshegemónica, fragmentaria e infrapolítica.2
Queda mucho más por revisar; sólo me ocupé de manera muy general de algunos de los tópicos que más llamaron mi atención y que, considero, pueden servir como guiños que incentiven la lectura de un texto tan necesario en el contexto actual. Así como la historia únicamente se entiende como la suma de acontecimientos que se articulan para explicar la realidad política y social, la literatura, hoy más que nunca, establece un diálogo colectivo que re-escribe esas historias desde lo heterogéneo y lo posible. Para finalizar, me interesa resaltar la importancia de este texto en el marco de la producción ensayística que analiza los movimientos sociales y la violencia en México, pues la mayoría de estos volúmenes se centran en el periodo de la llamada “guerra contra el narcotráfico”. En estricto sentido, no teníamos un libro que hiciera una reflexión tan completa y compleja como la que Gaëlle Le Calvez nos entrega en Escrituras sin rostro.
Gaëlle Le Calvez, Escrituras
sin rostro, University of North Carolina, Department of Romance Studies, Carolina del Norte, 2025.
Imagen de portada: Mujeres zapatistas durante el Primer Encuentro Intercontinental por la Humanidad y contra el Neoliberalismo, 1996. Fotografía de Julian Stallabrass. Wikimedia Commons CC 2.0.