Nuevas fronteras de la sobriedad

Drogas / dossier / Abril de 2020

Hamilton Morris

Traducción de: Elisa Díaz Castelo

La tercera ley del movimiento de Newton afirma que ante cada acción ocurre siempre una reacción igual y contraria. En la física de partículas aprendemos que toda la materia puede tener antimateria de carga contraria. ¿Qué sucede con las drogas? ¿Existe una antimota, antiheroína o anticerveza? Farmacológicamente hablando, la respuesta es sí. Los científicos pueden identificar las regiones del cerebro estimuladas por una droga y después crear la antidroga con el mecanismo de acción contrario. Las sustancias que hacen lo opuesto a las drogas recreativas comunes son útiles en casos de sobredosis, pero rara vez se convierten en drogas recreativas por derecho propio, por la sencilla razón de que te hacen sentir horriblemente mal. Decidí probar tres de las más poderosas antidrogas de forma sistemática en el curso de una semana. Éstos son mis resultados:
ANTIMOTA: RIMONABANT DOSIS: 60 MG Los investigadores farmacéuticos han observado que fumar mota provoca antojos, de lo que se deduce que desactivar los receptores cerebrales responsables del high de la mota darían antiantojo. Probaron una droga con dicho mecanismo de acción y descubrieron que era increíblemente efectiva. La droga fue aprobada en Europa y parece ser una de las mejores drogas para bajar de peso de la historia. El rimonabant es barato, efectivo y no crea dependencia. Por desgracia, aparte de darle a sus usuarios antiantojo se encontró que tenía un importante efecto secundario llamado antifelicidad, también conocido como depresión suicida. Durante los meses subsecuentes a las pruebas clínicas del medicamento más de 70 pacientes mostraron ideaciones suicidas, dos se suicidaron y muchos otros sufrieron convulsiones, esclerosis múltiple, cometieron abuso doméstico y un hombre incluso estranguló a su hija. Cuando uno fuma marihuana se estimulan las partes del cerebro conocidas como receptores de cannabinoides. Puede parecer obvio, pero nuestro cerebro no posee estos receptores sólo para darse un toque. Nuestros receptores de cannabinoides son responsables de una serie de funciones regulatorias críticas en el cerebro no intoxicado. Dependemos de un coctel de químicos naturales similares a la marihuana llamados endocannabinoides para regular la inflamación, el apetito y la estabilidad emocional. Cuando uno toma rimonabant no sólo es imposible intoxicarse con marihuana, sino que también es imposible que el cuerpo utilice sus endocannabinoides naturales. He escuchado a más de un adicto especular sobre un futuro donde el gobierno requiera que se coloquen implantes cerebrales de rimonabant al nacer para prevenir que la población “expanda su mente”. Suena poco probable, ¡pero no está de más preguntarse cómo se sentiría vivir en un mundo así! Ya que las drogas normales suelen tomarse socialmente por la noche, decido hacer mis experimentos antidrogas a primera hora de la mañana y solo. Pero me da curiosidad cómo respondería mi amigo Sam al rimonabant, así que lo convenzo de probarlo conmigo. Sam ha fumado mota todo el día, todos los días, durante los últimos cinco años. Cuando le sugiero que tome una pastilla que le haría imposible ponerse durante al menos 24 horas no le entusiasma demasiado la idea. Pero después de pedírselo entre cincuenta y sesenta veces y de ofrecer comprarle mota a cambio, acepta mi oferta con cautela.

Maness, Rational Animal, 2013. Cortesía del artista

Sam y yo tomamos una enorme dosis de rimonabant, tres veces mayor que la dosis máxima usada para perder peso. Después de tragar las pastillas Sam sale a encontrarse con su dealer de mota en Manhattan. Media hora después me escribe diciendo que tiene un ataque de “diarrea explosiva”. Yo también siento el comienzo de una sutil pero persistente ansiedad. Sam vuelve a mi departamento y, con manos temblorosas, carga una pipa. Le da un profundo golpe, espera, niega con la cabeza y dice que “no siente absolutamente nada”. Decidimos salir a comer algo a un restaurante polaco. Al entrar nos damos cuenta de que nuestro mesero es un tipo increíblemente lento que nos ha tocado antes y que jamás vuelve a llenar nuestros vasitos de agua. Los dos nos estresamos. Yo pido un omelette de claras de huevo y Sam me interrumpe: —¿De qué estás hablando? Quieres el huevo completo. ¿Para qué quieres sólo las claras? —Suelo pedir claras de huevo. Son sabrosas. ¿Tienes algún problema? Sam se voltea hacia el mesero. —Quiere el huevo completo. Miro hacia abajo y noto que mis manos están temblando. Recuerdo haber leído estudios que sugieren que el rimonabant reduce el umbral de las convulsiones. No le digo esto a Sam. Mi omelette llega y comienzo a sentir náuseas en cuanto lo miro. Está hecho con un queso americano anaranjado y asqueroso. Podría vomitar. Sam tiene un apetito saludable. Ya lo he visto comerse un pollo completo hasta los huesos, pero en rimonabant apenas prueba su omelette durante un par de minutos antes de protestar: —Si alguien no se lleva de aquí este omelette voy a vomitar… ¡voy a pinches vomitar y luego me voy a morir! Nos vamos del restaurante y caminamos con ansiedad por St. Mark’s. Me detengo en una tienda de bongs y toco el vidrio con mis dedos como lo haría un campesino frente a una tienda departamental en Navidad. Nunca en mi vida me he sentido tan poco puesto. Debo admitir que pienso con sorprendente claridad e imagino que una dosis baja de rimonabant sería útil si quisiera estudiar para un examen… bueno, podría serlo si no me hiciera sentir como si fuera a llorar, vomitar y convulsionar al mismo tiempo. Es increíble que se trate de una medicina prescrita con tanta frecuencia. La idea de tomar esto todos los días es una locura. En menos de una semana habría matado a alguien. Al caer la tarde intento fumar algo de mota. Doy un golpe profundo, tengo una sensación fugaz de estar casi puesto y lo que fuera que sentí desaparece en menos de cinco minutos. Sam no está dispuesto a dejar que gane el rimonabant y durante todo el día intenta ponerse, le da un golpe tras otro tras otro a un cigarro de aluminio. Alrededor de medianoche lo escucho tomar una profunda calada, suspirar y gritar: —¡Maldita sea!
ANTILSD: RISPERIDONA DOSIS: 4 MG Los psicodélicos como el LSD se usaron en varios modelos tempranos de la psicosis. Incluso hoy, la mayor parte de las fuentes científicas se refieren a las drogas psicodélicas como “psicotomiméticos”, lo cual significa que son drogas que imitan la psicosis. Buena parte de la investigación en torno a los psicodélicos debe hacerse con el pretexto de estudiar la esquizofrenia o algunos desórdenes relacionados. Obviamente hay una diferencia entre la esquizofrenia y un viaje con LSD, pero la idea es que si pudieran desarrollarse drogas que hicieran lo opuesto al LSD tal vez serían tratamientos efectivos para desórdenes psicóticos. Los medicamentos antipsicóticos funcionan bloqueando la estimulación de los receptores de dopamina y serotonina que son responsables prácticamente de todas las drogas divertidas del mundo, desde la metanfetamina hasta la cocaína o el LSD. Cuando los receptores de serotonina y dopamina están bloqueados uno se convierte para todo fin práctico en un zombi. Quizá conoces a alguna chica que tome Seroquel o tú lo hayas tomado alguna vez. No es divertido. Sólo mantener los ojos abiertos es una enorme lucha. Si eres un esquizofrénico paranoide los antipsicóticos pueden embotarte lo suficiente para prevenir que obedezcas tus impulsos violentos. También son útiles para abortar un “malviaje” y, a diferencia del Xanax o el Valium, que sólo te calman pero no pueden detener un viaje, los antipsicóticos lo frenan de inmediato.
Antes de salir de la cama tomo 4 mg de risperidona, una dosis lo suficientemente alta para que un maniaco homicida de 150 kilos duerma pacíficamente. Me levanto y salgo a comprar un jugo de verduras. Bajo hasta el East River y observo el agua. Tras diez minutos comienzo a sentirme sedado. Me acuesto sobre la hierba. Comienza a llover, así que me levanto de nuevo; esta vez todo mi cuerpo se siente pesado. Tengo que pensar en levantar cada pierna mientras camino. Levantar pierna. Me estoy empapando y no sé si lograré llegar a casa. Levantar pierna. Una patrulla pasa a mi lado y baja la velocidad. Me siento terriblemente torpe porque sé que estoy caminando en cámara lenta bajo la lluvia y sin paraguas, pero no puedo moverme más rápido. La patrulla acelera y desaparece. Levantar pierna. Soy un masoquista farmacológico. Ay curiosidad, ¡las cosas que me obligas a hacer! Soy la persona menos puesta del planeta. En la historia de los humanos nadie ha estado menos puesto que yo. Me tomo un Ritalin y no me hace nada; ya podría haberlo tirado por la coladera. Levantar pierna. Un niño de diez años en Grand Street dice que estoy “caminando como puto” y le respondo: “Qué onda”. Entro a tumbos en mi edificio y subo las escaleras a gatas. Gateo hasta la puerta, la atravieso gateando y me desmayo en el piso. Entro en el sueño más profundo, negro y parecido a la muerte que he experimentado. Me despierto ocho horas después y me siento como si acabaran de hacerme con éxito una lobotomía.
ANTIHEROÍNA: NALTREXONA DOSIS: 200 MG Hay medicamentos llamados antagonistas opi­oides cuyo efecto es el contrario al de los opioides recreativos como la heroína. Para tratar sobredosis de heroína los paramédicos inyectan un antagonista de los receptores opioides llamado naloxona. A nivel molecular, la naloxona se interna con velocidad en el cerebro, rebasa a las moléculas de la heroína que ocupan los receptores opioides y los hace a un lado. Una vez que la molécula de la naloxona está en su lugar, la heroína no puede inhibir la respiración y la persona que ha sufrido una sobredosis recobra la conciencia rápidamente. La naloxona ha salvado innumerables vidas. Los investigadores se dieron cuenta de que podían usar un antagonista opioide similar llamado naltrexona para prevenir que los adictos sientan los efectos de la heroína. Se inventó un dispositivo que se implanta quirúrgicamente bajo la piel y libera un suministro constante de naltrexona durante varios meses. Aunque algunos adictos se han beneficiado de los implantes los resultados suelen ser desastrosos. La naltrexona no sólo previene que los adictos sientan los efectos de la heroína, sino que hace que entren en un síndrome de abstinencia acelerado e instantáneo exponencialmente peor que la abstinencia natural a los opioides. Algunas personas se han suicidado para escapar del dolor tras un implante de naltrexona; otras se hacen cirugías caseras para extirparse los implantes del cuerpo. Del mismo modo que el rimonabant bloquea los endocannabinoides, la naltrexona bloquea opioides naturales llamados endorfinas. Las endorfinas son las sustancias del placer; suelen asociarse con el sexo y el ejercicio pero también son importantes reguladores de nuestro humor diario y de la función inmunitaria. Incluso si no eres un adicto tomar un antagonista opioide tiene un efecto profundo en tu neuroquímica. Por esa razón la naltrexona ha demostrado ser un tratamiento efectivo para la pedofilia y la cleptomanía. La descarga de opioides naturales que se desencadena al llevar a cabo estas compulsiones se bloquea, así que toquetear niños o robarse un iPod pierde su encanto eufórico.

Maness, Rational Animal, 2013. Cortesía del artista

Decido tomar una dosis de naltrexona cuatro veces más alta que la dosis diaria usada para tratar la dependencia de opioides. Después de tomar las pastillas me dirijo a Manhattan en metro. Me siento un poco aturdido. No puedo describir con exactitud lo que siento pero no es necesariamente malo. La mejor antidroga hasta ahora. Me bajo en Canal Street y me siento colmado de tensión entre todos esos turistas sudorosos, gritones y relucientes. Al mismo tiempo tengo esta especie de ampliación sensorial que no es del todo molesta. Vagamente erótica. Puedo sentir todos y cada uno de los pelos de mi escroto moverse mientras camino. Ya que fui a la tienda de bongs en rimonabant, pienso que hoy sería apropiado ir al programa de intercambio de agujas. Entro y de inmediato me siento deprimido y confundido por mi decisión. Mientras lleno las formas para conseguir agujas una mujer me mira y dice que mi nombre ya está en la computadora… ¿qué? Ese momento crepuscular me pone increíblemente tenso y paranoide. ¿Por qué estoy en la computadora del programa de intercambio de agujas? ¿Por qué me tomé la naltrexona? Salgo del local con una bolsa de papel llena de agujas y de cloro y siento que estoy apunto de echarme a llorar. Me encuentro totalmente absorto en pensamientos frenéticos y confusos. Quisiera entender la adicción. He leído tantos libros, he conocido a tantos adictos, pero nada tiene sentido para mí. No quiero decir que la adicción es una enfermedad porque las enfermedades son excusas. Las enfermedades son justificantes para estar enfermo. Si soy adicto al Valium, ésa es una decisión consciente que hago cada vez que tomo una pastilla. Pero, ¿cómo puedo decir eso? Me siento culpable. Confundido. Thomas Szasz dijo: “Si el deseo de leer el Ulises no se puede curar con una pastilla anti-_Ulises_, entonces tampoco puede curarse con antidrogas el deseo de usar alcohol, heroína o cualquier otra droga o comida”. Pero, ¿será que tiene razón? Alguien me saca de mi trance cuando me ofrece un volante de “mojitos locos”. Me subo al metro en dirección a Union Square y comienzo a cantar espontáneamente, luego corro a toda velocidad hasta perder el aliento. Después de correr me asaltan una serie de agudos dolores por todo el cuerpo. ¿Así se siente ser viejo? Casi piso a un gorrión que picotea una miga de muffin y grito a todo pulmón. ¡Estoy al límite! Cuando uno conoce a alguien nuevo, en lugar de darle la mano, ambos deberían gritar a voz en cuello. Ésa sería la costumbre en un universo alternativo naltrexónico. Conforme avanza el día mis músculos comienzan a contracturarse en terribles nudos de madera. Todos mis órganos internos han sido reemplazados por carne seca. Tengo que hacer estiramientos —continuamente— para evitar endurecerme hasta devenir un bloque sólido de madera. Ya quiero que pase esta sensación. ¡Oh, sobriedad, cómo te extraño!
CONCLUSIÓN Hay muchas antidrogas que decidí no experimentar, pero algunas son seriamente peligrosas. Las drogas con la acción opuesta a la ketamina son neurotoxinas potentes, y se sabe que las antagonistas del alcohol y las benzodiacepinas causan convulsiones. Los científicos siguen mapeando el paisaje gelatinoso de nuestro cerebro, y conforme se descubran nuevas drogas también se encontrarán nuevas antidrogas. ¡Quién sabe qué tipo de miseria química nos depara el futuro! Aunque debo admitir que tras una semana de soportar estas antidrogas me siento increíble. Las compuertas neuroquímicas se han abierto y hay una euforia de rebote inimaginable. Toda la noche camino por la calle, en paz y lleno de optimismo, listo para chocar las manos con desconocidos. ¡Listo para chocar la mano con la Luna! ¡Oye, Luna, qué cuentas! Todo lo que se ama se ama por contraste. Amamos la intoxicación porque conocemos la sobriedad; para amar la sobriedad debemos conocer la antiintoxicación. No podemos estar en la cima sin tocar fondo y, después de tocar fondo durante toda una semana, me siento bastante puesto. Creo que lo único a lo que debemos temer es al punto medio.

Imagen de portada: Maness, Rational Animal, 2013. Cortesía del artista