periódicas Amistad FEB.2026

María Meza

¿Pasó de moda la cadencia del bolero?

A Eduardo Matos Moctezuma

Este 2026 se cumplirán 30 años de que el bolero “Bésame mucho” llegó al Libro Guinness de los Récords (1996) como la canción en español más versionada de la historia del pentagrama mundial. Más de veinte idiomas y centenares de versiones recrean actualmente y alrededor del mundo la metáfora poética de este sentimiento amoroso. Y, en todos los casos, la imperativa plegaria “bésame mucho” se conserva cantada en español en una suerte de asimilación emocional que no requiere traducción al ostentarse universalmente. En razón de este valor de identidad, emoción y poesía hechas canción, es que la UNESCO reconoció al género musical del bolero nacido en América Latina y El Caribe como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad el 5 de diciembre del 2023. ​ En 1941, hace ochenta y cinco años, fue el afamado actor y cantante Emilio Tuero (1912-1971) quien estrenó este bolero en la emisión radiofónica La hora azul. Desde entonces, esta emoción —experimentada por el juvenil temperamento de la concertista clásica de piano y compositora jalisciense Consuelo Velázquez (1916-2005)— comenzó a profundizar las raíces que hoy la sostienen —a tres lustros de cumplirse el centenario de su estreno radial— como insigne canción del siglo XX, es decir, en categoría de himno universal aprendido como una oración para ofrendarse a las plurales deidades del amor.

Emilio Tuero, 1945, dominio público.

​ En su universalidad, “Bésame mucho” cuenta con intérpretes tan disímbolos como la popular versión grabada por la big band del célebre Jimmy Dorsey (1904-1957) que, según la revista Billboard de marzo de 1944, permaneció casi por seis meses en el primer lugar del hit parade. Del mismo año es la versión del hijo de mexicanos nacido en los Ángeles California, Andy Russell (1919-1992), a quien se le atribuye la diseminación de “Bésame mucho” hacia Europa y Asia. ​ El célebre bolerista Armando Manzanero (1935-2020) afirmó que este poema que canta el imperioso anhelo de ser besada “es la canción más importante de Latinoamérica para el mundo”. Y, en voz del hijo de la compositora de la canción, Mariano Rivera Velázquez, la pieza se define como “éxito fulminante”. Se trata de versos que se asumen religiosamente a través de la tradición oral colectiva eslabonada a lo largo de ocho décadas y un lustro en que se ha invocado por millones de almas en las salas de concierto, los clubes de jazz, las cantinas, los teatros y en los palomazos espontáneos que ocurren cotidianamente en fiestas y diversos foros. Asimismo, este clamor amoroso se quedó entre los muros de miles de hogares donde se despidió al ser amado para irse a combatir a la Segunda Guerra Mundial, conflicto bélico que en el año 1944 enfrentó su coyuntura más cruenta. Siendo “Bésame mucho” un refugio común para la emoción esperanzada en el regreso del ser amado al que miles de mujeres y hombres recurrieron con la misma necesidad imperiosa que décadas antes —durante el transcurso de la Primera Guerra Mundial— llevó a otros seres humanos a adoptar el villancico “Noche de paz” (1818) como himno de esperanza, amor y fraternidad.

Tommy y Jimmy Dorsey, 1955, dominio público.

​ Desde la década de los 40 a la fecha, el bolero “Bésame mucho” es uno de los favoritos a incluirse en las cintas sonoras de casi un centenar de películas, comenzando por la versión instrumental incluida en Follow the boys (Estados Unidos, 1944) a la que sucedió Ladies Courageous (Estados Unidos, 1944), otro filme con temática de guerra. Hay una larga lista de obras del séptimo arte que también incluye Bésame mucho dirigida por Joseph Pitchhadze (Israel, 2000),Danzón, de María Novaro (México-España, 1991) y Great Expectations, de Alfonso Cuarón (Estados Unidos, 1998). ​ Afirmar que el bolero “pasó de moda” o que “agoniza” en el ánimo de unos tercos bohemios aferrados al pasado y enemigos de la modernidad, implicaría revestir de verdad una gran mentira en virtud de que la poesía —como medio de expresión de la emoción humana amorosa expresada en el bolero— no caduca y sigue resultando útil para decir “te amo” y para cantar la felicidad y la desdicha amorosa correspondientes a las vivencias cíclicas de los individuos. Por este carácter humano y de utilidad social, el bolero permanece como accesible consuelo y recurso para cantar en las malas y buenas rachas emocionales. ​ En general y al respecto de la permanencia del bolero en el consumo popular de los hispanohablantes y más allá de la frontera lingüística, Vicente Garrido Calderón (1924-2003), intelectual y modernista compositor mexicano de múltiples boleros —como el éxito “No me platiques más”, popularizado en la Época de oro por el chileno Lucho Gatica (1928-2018) y a finales del siglo XX y principios del XXI por el mexicano Luis Miguel—, escribió “Mi bolero”, grabado por la cubana Elena Burke (1928-2002), “La Señora sentimiento”. En él, Garrido hace una brillante defensa del género invitando a reflexionar que: “con efectos estridentes nuevos ritmos se han impuesto. La electrónica reemplaza corazón y sentimiento. Pero yo, que necesito expresar cuánto te quiero, sólo encontraré el camino al cantarte mi bolero”.

Póster del relanzamiento de 1949 de la pélicula de 1944 Follow the Boys, dominio público.

​ La frívola “moda”, explicada más allá de la vestimenta como un conjunto de elementos diversos caracterizados por su corta vigencia en un grupo social determinado, también se impone en la música como un producto de consumo comercializado con etiquetas: música romántica, regional mexicana, música del mundo, música para juventudes, etcétera. Ante esta realidad del marketing cultural contemporáneo, la corpulencia del acervo del bolero le ha permitido permanecer por más de un siglo, en virtud de que su poética o metáfora cantada se mantiene vigente como “fórmula” literaria —culta y popular—, a la que acudimos para comunicar un sentimiento amoroso propio a nuestra identidad y modo de sentir que coincide con lo expresado por el compositor o compositora de algún determinado bolero, tal como se ejemplifica con “Bésame mucho”, que seguirá abanderando a este género a nivel mundial. Así quedó de manifiesto el mes de marzo del año 2012, cuando la mesa de cantantes del Segundo Congreso Internacional La Experiencia Intelectual de las Mujeres en el siglo XXI, reunió a la cubana Omara Portuondo, la mexicana Eugenia León, la colombiana Andrea Echeverri, la peruana Susana Baca y a la argentina Cecilia Rossetto, quienes concluyeron sus reflexiones cantando juntas a capela el bolero “Bésame mucho”. ​ El reconocido Catálogo de oro del bolero no se rige —y nunca lo hará— por los vaivenes de la moda transitoria y especulativa. Desde finales del siglo XIX, en que se registra el primer bolero cubano “Tristezas” (1883) y el primer bolero mexicano en Mérida, Yucatán “Madrigal” (1918), hasta el presente, las distintas generaciones de compositoras y compositores han marcado sus temáticas de interés y su línea conceptual artística, intelectual y poética para abordar la realidad amorosa de su tiempo. Hoy, la formación poética de las jóvenes figuras del bolero hispanoamericano —como Natalia Lafourcade, entre otros—, necesariamente requiere cuidar su construcción literaria y fincarse en los cimientos de la añeja trova cubana y yucateca, así como nutrirse de la poética de Alfredo Le Pera (1900-1935), Amado Nervo (1870-1919), María Grever (1885-1951), Agustín Lara, (1897-1970), José Alfredo Jiménez (1926-1973), Eliades Ochoa, Jorge Drexler, Gaby Moreno… ​ Por otra parte, es deseable que la riqueza armónica contemporánea se ocupe en mantener la poesía en la apreciación de los consumidores de distinta edad y nacionalidad, para que hoy y en un futuro se beneficien del arte del bolero como si fuera un oasis apartado de la voraz mercadotecnia que aniquila la emoción humana, que es la esencia del bolero universal.

María Meza con su libro Arqueología del Bolero, cortesía de la autora.

Imagen de portada: Imagen promocional para la película Copacabana (1947) con Andy Russell y Carmen Miranda.