dossier Cine MAR.2026

Al Álvarez

El cine en la UNAM a sus 65 años

Leer pdf
La fortaleza de la autonomía y el entorno universitario

El ejercicio del pensamiento y la creatividad necesitan un entorno favorable que los promueva. La UNAM, mediante su autonomía y su capacidad de autogestión, ha propiciado, a lo largo de décadas, que estudiantes y académicos encuentren campos de acción fértiles y nuevas oportunidades de adquirir saberes y conocimientos. Es así como hace 65 años surgieron los grandes “locos” (como los llamó Manuel González Casanova): jóvenes estudiantes deseosos de aprender el arte cinematográfico, que recorría con gran fuerza el mundo entero. Eran inquietos y vivían apasionados por una disciplina artística que necesitaban para expresarse, observar mejor a la sociedad y adentrarse en ella. ​ Sin embargo, fuera del campus universitario, en el México de finales de los cincuenta, la industria cinematográfica nacional se mostraba repetitiva y carente de imaginación; parecía urgente abrir nuevas ventanas para que entraran a escena otras corrientes estéticas y distintos tipos de realizaciones. La llamada Época de Oro del cine nacional había perpetuado sus clichés y estereotipos, haciendo de ellos una marca cultural cómoda para sus productores, pero no para sus públicos. En ese entorno oficialista se respiraba el conformismo y una autocomplacencia lacerante. En contraste, en la UNAM surgían, en torno al fenómeno cinematográfico, semilleros de estudiantes y maestros. Se fundaron cineclubes en prácticamente todas las escuelas y facultades. De ellos emanaba la cinefilia, ese ritual germinal que se traduce en una manera de comprender y habitar activamente el mundo. A través de sus auditorios —llenos de estudiantes y público en general—, la universidad propició grandes debates cinematográficos que incidirían en la futura renovación del cine mexicano.

El CUEC: cantera de grandes directores

A raíz de la germinación y propagación de cineclubes, la Dirección General de Difusión Cultural creó, en 1959, la Sección de Actividades Cinematográficas y, cuatro años después, en 1963, el Centro Universitario de Estudios Cinematográficos (CUEC) al mismo tiempo que se publicaban revistas, libros de cine y anuarios, entre muchas otras actividades dedicadas al séptimo arte. Y fue gracias a ese joven corazón que late en los campus universitarios que se dio la riquísima actividad de los cineclubes y la conformación de una cultura cinematográfica verdadera. Una figura clave en este proceso fue el maestro Manuel González Casanova, fundador de la Filmoteca y del CUEC, quien se esforzó por sistematizar y organizar la actividad del cineclubismo a través de su manual ¿Qué es un Cineclub? (1961), en el que proponía métodos para el debate cinéfilo, compartía directorios de embajadas y distribuidoras de las películas en formatos de 16 y 35mm, y reflexionaba en torno a formas de promoción, además de que facilitaba bibliografías y un sinfín de recomendaciones para que cualquier cineclub profundizara en sus actividades, más allá del entusiasmo. Ya en 1960, González Casanova había organizado el ciclo de cursos y conferencias Cincuenta Lecciones de Cine, en el que participaban artistas y críticos. Intentaba así sistematizar el conocimiento cinematográfico, además de proponer su estudio y el análisis de su lenguaje; este ciclo fue, de hecho, el antecedente del CUEC, hoy ENAC (Escuela Nacional de Artes Cinematográficas). Con la apertura del Centro, no sin dificultades materiales y financieras, se creó un espacio de estudios críticos sobre el cine, auspiciado por la amplia libertad de cátedra universitaria. Grandes personalidades impartieron clases en sus salones durante los primeros años: Gabriel García Márquez, Luis Buñuel, Manuel Álvarez Bravo, José Revueltas, Rosario Castellanos, entre muchos otros. ​ El año de 1965 fue un parteaguas para la cinematografía nacional, pues se convocó al Primer Concurso de Cine Experimental, que marcó un punto de inflexión en México, ya que rompió con el modelo de cine industrial en boga. De ese certamen surgieron grandes cineastas jóvenes como Rubén Gámez, Juan José Gurrola, Juan Ibáñez y Jorge Fons, además de muchos otros directores, escritores y artistas jóvenes que obtuvieron visibilidad a partir de él y que no habían encontrado espacio en una industria que parecía cerrada para ellos. Muchos provenían, precisamente, del ámbito universitario y de grupos como Nuevo Cine, recientemente formado.

Cartel del documental El grito, 1968. Cortesía de la FIlmoteca UNAM.

​ Por su parte, el CUEC se inauguró a pesar de grandes obstáculos, ya que no contaba con equipamiento cinematográfico ni con una sede para impartir clase. Fue hasta 1965 que la Universidad alquiló un local y se adquirieron los primeros equipos de medio uso, como cámaras Bolex, moviolas para editar y equipos de proyección. En 1966, el rector Javier Barros Sierra donó la primera cámara nueva, una Arriflex de 16mm, de manera que en 1968 ya se contaba con material fílmico, equipos de rodaje y la experiencia académica que perfeccionaron el programa teórico-práctico. Ese año se activó toda una generación de estudiantes y maestros que participaron, más tarde, en la producción y realización de uno de los documentales más importantes sobre el movimiento estudiantil: El grito, encabezado y dirigido por Leobardo López Arretche. Fue él quien mejor encarnó el espíritu combativo e innovador de aquellas primeras generaciones formadas en el Centro. ​ La actividad de estos realizadores y el interés por el nuevo cine iban en aumento. En 1971, el Departamento de Actividades Cinematográficas de la Dirección de Difusión Cultural produjo su primer largometraje de ficción, El cambio, dirigido por Alfredo Joskowicz, así como los cortometrajes Ex/Expo 70/1971 de José Rovirosa y Frida Kahlo de Marcela Fernández Violante. Sus directores habían egresado del CUEC, donde después dieron cátedra. Así, con los recursos financieros universitarios, se dio inicio a una producción cinematográfica que reflejaba un nuevo estilo: representaba el tránsito del estilo acartonado-industrial al artesanal-artístico, más fresco e innovador. Los cineastas que lo llevaban a cabo estaban mucho más comprometidos con su arte, con su entorno y con el momento social. Por ejemplo, en El Cambio de Alfredo Joskowicz se percibe la gran influencia de su colega y compañero estudiantil Leobardo López Arretche, quien se quitó la vida en 1970. ​ Con el paso de los años, el CUEC se convertiría en un referente importante en América Latina, pues grandes cineastas se formaron en sus aulas: Jaime Humberto Hermosillo, Leobardo López Arretche, Toni Kuhn y Alfredo Joskowicz, por mencionar a algunos de las primeras generaciones. Después, en los años noventa, filmaron sus obras otros realizadores, surgidos del Centro, que con el tiempo obtuvieron relevancia internacional: Alfonso Cuarón, Luis Estrada y Emmanuel Lubezki.

Filmoteca UNAM: un legado en crecimiento

En 1960 se fundó la Filmoteca UNAM con una donación hecha por Manuel Barbachano Ponce: los títulos en 16mm Raíces, de Benito Alazraki, y Torero, de Carlos Velo. De esta forma, en apariencia humilde, comenzó el acopio de un acervo que, con las décadas, se convertiría en uno de los más grandes e importantes de América Latina. Durante su primera década, incrementó sus colecciones año tras año, hasta hacerse de 136 títulos, entre los que se cuentan El compadre Mendoza de Fernando de Fuentes, por mencionar uno de los más relevantes. Por entonces, tanto la Filmoteca como el CUEC eran dirigidos por Manuel González Casanova, lo que generó una sinergia entre alumnos, maestros y preservadores. Ello facilitó no sólo la conservación sino la difusión del cine mexicano e internacional, así como del recién surgido cine independiente universitario.

Reprografía de un fotograma de la película El cambio, 1971. Cortesía de la FIlmoteca UNAM.

Reprografía de un fotograma del cortometraje Frida Kahlo, 1971. Cortesía de la FIlmoteca UNAM.

Reprografía de un fotograma de la película El Compadre Mendoza, 1934. Cortesía de la FIlmoteca UNAM.

​ Pero tendrían que pasar varios años para que la Filmoteca, que no tenía una sede fija ni las condiciones adecuadas para el almacenamiento y la preservación de su acervo, construyera, en 1985, su primera bóveda exclusiva para materiales de nitrato de celulosa, que son altamente flamables. Es decir, pasaron veinticinco años, desde su fundación, para que contara con esta primera bóveda y sólo hasta 1995 se erigieron las primeras seis bóvedas especializadas en acetatos de celulosa, pues estos necesitan condiciones específicas de control de temperatura y humedad. Hoy la Filmoteca cuenta con un total de dieciocho bóvedas: siete para nitratos de celulosa, ocho para acetatos y poliésteres, una para documentos, otra para aparatos cinematográficos y una más para nuevos ingresos, tránsito y estabilización de materiales de acetato. ​ Al momento, se calcula que la Filmoteca cuenta con aproximadamente cuarenta mil títulos y trescientos mil rollos de diversas duraciones y formatos. Muchos de esos materiales fueron adquiridos, otros son producto de donaciones y algunos más se encuentran en calidad de depósitos. Además, a lo largo del presente año se inaugurarán nuevas y mejores bóvedas para los filmes de nitrato de celulosa. Debemos considerar que los rollos cinematográficos en soporte de nitratos fueron filmados entre principios y mediados del siglo XX, por lo que se trata de archivos con gran valor histórico y estético, como las colecciones de la Revolución mexicana, las de las épocas de cine silente, cardenista y otros grandes periodos de la historia de nuestro país. En este contexto, vale la pena destacar los extraordinarios registros fílmicos que realizó el fotógrafo mexicano Vicente Cortés Sotelo a lo largo de la primera mitad del siglo XX.

Cartel de la película Raíces, 1954. Cortesía de la FIlmoteca UNAM.

​ Desde su fundación, la Filmoteca ha conformado un gran acervo que es orgullo de la UNAM y del país. Pero, además, ha seguido difundiendo la cultura cinematográfica a través de nuevos circuitos de exhibición en salas mejor equipadas: como las del Centro Cultural Universitario, la que alberga la ENAC y la del Museo del Chopo. Por otro lado, se han constituido grandes festivales de cine, como FICUNAM y Arcadia, que procuran profundizar aquel espíritu de la cinefilia emanado de los cineclubes. También desde su origen, la Filmoteca estableció relaciones de colaboración con distintas cinematecas y archivos de América Latina, como los adscritos a la Coordinación Latinoamericana de Archivos de Imagen en Movimiento, y es miembro fijo de la Federación Internacional de Archivos Fílmicos, una organización que ha resultado crucial para mejorar prácticas de preservación, rescate y restauración.

Miradas contemporáneas para nuevos formatos

Por si fuera poco, muchos de los cineastas egresados del CUEC en los ochenta y noventa incorporaron su talento a la producción de televisión universitaria, hoy TV UNAM: Rosa Martha Fernández, Manuel Martínez, Daniel Tourón, Ramón Cervantes, Carlos Bolado y Rafael Ortega, por mencionar algunos. Con ello diseminaron su experiencia y participaron en la renovación de la televisión mexicana con una propuesta que involucra el lenguaje cinematográfico dentro del marco de producción de televisión y video. Es decir, los cineastas universitarios contemporáneos inciden en diversos medios, más allá de las salas cinematográficas; producen series en diferentes plataformas de streaming y han aprendido a divulgar sus materiales a través de las redes sociales e internet.

Bóveda de la Filmoteca UNAM, 1995. Cortesía de la FIlmoteca UNAM.

​ Así que aquellos años de grandes semilleros, en aquel caldo de cultivo universitario, han dado buenos frutos, ampliamente reconocidos. Sin embargo, el reto actual es hacer frente a los desafíos que plantea la concentración de la producción por parte de las grandes corporaciones mundiales. De nueva cuenta, hay que pensar y repensar al cine, no como entretenimiento adictivo, sino como herramienta de exploración y provocación, de pensamiento y creación, y es en el actual entorno universitario en el que justamente podemos permitirnos pasar a nuevos escenarios, después de 65 años de fértil actividad cinematográfica.

Imagen de portada: Reprografía de un fotograma del documental El grito, 1968. Cortesía de la Filmoteca UNAM.