dossier Amistad FEB.2026

Aldo Pellegrini

Estandarte de tormentas

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A Enrique Molina

¿Quién ha despertado tus monstruos y tus salvajes caballos en la lluvia? el cielo está lleno de ojos perdidos el agua de la vida gotea de los grifos pájaros de quietud picotean la tarde en esa calma ¿adónde van tus monstruos? los he visto caminar sobre los vientres desnudos con talones de plumas talones blandos y aéreos de mercurios incandescentes los he visto caminar con talones de acero sobre las palabras muertas y perderse en la niebla de las horas.

¿Por qué amo tu voz fruto de tumultos, embriaguez de cocinas y templos, de muslos habitados por tortugas, de botellas suspendidas en las naves de las bocas? has descubierto el lente de las metamorfosis que da furor de nieve a las manos caídas y virtud de cántaro a la carne aletargada has descubierto el árbol que hace nacer los senos las noches que cabalgan has descubierto que la soledad es un canto.

Un día nos encontramos en esos abismos de aire irrespirable donde ambos intentamos la resurrección del lenguaje tú hacías surgir vampiros de las piedras de la voz yo buscaba cristales vivientes en el corazón de los significados ¿cómo se entienden los hombres con cadáveres de palabras? hoy la poesía es un inmenso cementerio tú yo quisimos que las palabras transporten vida la vida maravillosa que nos inunda por eso azotaste al lenguaje para después llenarlo de vino del vino deslumbrador que embriaga a los que escuchan yo oculté en las entrañas del verbo un diamante que corta las almas.

Palabra y vida, incendio y sueño se mezclan recojamos la cosecha de labios abandonemos el diente olvidado en el mordisco del amor para buscar la calma hay que predicar el desorden.

Marchemos hacia ese mundo de locura lúcida sediento de nuestro veneno deslumbrador vino del lenguaje que embriaga a los que escuchan vino de las hogueras para encender la luz de las tormentas.

Este poema aparece en la antología completa de su poesía La valija de fuego (Argonauta, 2001, pp. 138-140) y se reproduce con permiso de su hijo.

Imagen de portada: Pedro Friedeberg, Templo equino de la amistad, 2007. Cortesía del artista.