dossier Amistad FEB.2026

Anne Carson

Dear Krito

Traducción de Jeanette L. Clariond

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Querido Critón, no vengas hoy. Si lo haces tendré que fingir que estoy dormido o avergonzado o explicar por qué envié a mi esposa a casa. Las lágrimas sólo hablan de quien las vierte, ¿cierto? Mi hija tiene más sentido común. Estuvo aquí, echó un vistazo y dijo: Aquí hay mucha humedad, necesitas un gorro, y volvió media hora después con ese gorro de lana que me regalaste el invierno pasado. Me gusta la gente práctica. Mi muerte está prevista para dentro de tres días. No hay nada que puedas hacer. Pero déjame agradecerte la cicuta. Sé que te costó un dinero entre sobornos e impuestos. —¿Por qué no pueden simplemente cultivarla en este país?— Pero, por Dios, es mejor que la otra forma, la que llaman crucifixión sin sangre, con las picotas y el collar de hierro. Nadie quiere ver morir a otra persona de esa manera —Critón, tendrías pesadillas durante años—. Además, me gusta la idea de ser insensible. Hace años dejé de sentir, dice mi mujer —era la única forma de soportarla— ay, qué cruel. Hace años me volví insensible, al menos en casa, es curioso cómo allí se muestra lo peor de cada uno. Lo mío son los chicos, ¡ya lo sabes!, los chicos y beber. Soy entrometido. Creo en la conversación —¡volar las tapas! ¡Dejar que todos se enteren!— aunque gran parte de lo que digo es sólo sentido común. ¿Asusto a la gente? ¿Diciendo que no hay un murete? ¿Nada entre tú y tu corazón de tiniebla? O si lo hay, no puedes rezarle, no puedes escribir poemas sobre ello, no puedes luchar por su amor. Huele a planes funestos e inexistencia. Lo siento, mucho drama. Por cierto, hablando de planes funestos, no dejes que Platón venga a visitarme. Empezará a citar cosas que dije hace tiempo, me estremecería al oírlo. O me sermonearía sobre La Ley. No es la ley lo que te mata, son los abogados, dirá, y yo responderé: bonita distinción, pero. Luego hablará de cisnes o de gimnasia o de quién sabe qué, seguirá, seguirá… cada vez que hablo con nuestro querido Platón siento que voy a la deriva hacia la eternidad, tú me entiendes. O tal vez no. Eres extraño, Critón. Te pareces a Bob Dylan con tus pequeños ojos dorados y tus finos brazos. Y te encantan las discusiones, ¿cierto? ¿Cuándo dejaron de importarme las discusiones? Porque dejaron de importarme, las dejé atrás. Tengo la mente tan en blanco como el pan. Tal vez sea el zumbido que hay aquí. Ese zumbido, ¿lo oyes? ¿Está en las paredes o en mis oídos? Voces, voces, está ahí todo el tiempo, voces sin palabras. Sofoca cualquier otro sonido. ¿Recuerdas los viejos tiempos cuando sonaba el Iggy Pop toda la noche para quebrar a los prisioneros? Fue durante la guerra; ahora, la bestia dormita. Tal vez, si estuvieras aquí, no podría entender lo que dices —por otra parte, mi amado Critón, en caso de que aceptaras venir, ¿podrías traer otro de esos gorros de lana? Le di el mío al guardia. Lucía miserable. Hay mucha humedad aquí.

(carta de Sócrates en prisión)

Este poema forma parte del libro Norma enrevesada (Vaso Roto, 2025). Se reproduce con permiso de Jeannette L. Clariond, su traductora y editora.

Imagen de portada: Antonio Canova, Critón cierra los ojos de Sócrates, 1790. Gallerie d’Italia, Milán, dominio público.