periódicas Amistad FEB.2026

Joshua Sánchez

“¿Y usted a qué vino?”: Extravíos de un curador en la Semana del Arte

Confieso una frustración inicial: la dificultad para recordar nombres de artistas, galerías y espacios de Salón ACME, Feria Material y Zona MACO. Comencé a tomar notas y registrar detalles de las obras y sus contextos, pero en menos de dos horas abandoné el intento. Mientras escribo reaparece la sensación que experimenté al caminar por esos pasillos: una forma de extravío. En una conversación reciente, el artista Calixto Ramírez me habló de la importancia de perderse al aproximarse a un lugar. No sé si se refería exactamente a lo que viví durante la primera semana de febrero, pero si el punto de partida es esa desorientación, intento organizar estas líneas desde ahí. ​ Las ferias de arte son, a escala global, uno de los dispositivos centrales del mercado artístico y un eje fundamental de la industria cultural. Permiten medir el pulso de la escena mediante temáticas, estilos, tendencias y, sobre todo, nombres de artistas que comienzan a destacar y consolidarse en el ámbito local e internacional. Sin embargo, no son los espacios idóneos para conocer a fondo la práctica de un artista ni para descubrir su obra más sobresaliente. ​ Las limitaciones que imponen las ferias son principalmente de tipo económico. Los altos costos por metro cuadrado en estos espacios obligan a las galerías a concentrar las piezas en superficies reducidas. Aun así, lo que se reúne permite intuir direcciones formales y conceptuales, así como identificar qué se produce y qué se colecciona. Las ventas realizadas durante esos días resultan indispensables para la sostenibilidad anual de muchas galerías y para el ecosistema de la producción que depende del coleccionismo. Para los artistas, la presencia en estos espacios implica visibilidad, proyección y la posibilidad concreta de continuar produciendo a esta escala. ​ Mi tono es de cansancio porque escribo después de visitar tres de los más grandes ventos de la Semana del Arte, pero no quiero minimizar la relevancia de estos eventos dentro de la industria cultural y de una estructura más amplia, donde también se insertan los museos. Históricamente, las galerías han sido actores clave en la promoción del arte mexicano, junto con el Estado. Este año, las ferias en la Ciudad de México durante el llamado Art Week mostraron una vitalidad notable, incluso en términos de flujo económico, proyectados por la Secretaría de Turismo capitalina en 3,000 millones de pesos y con 378,000 visitantes el año pasado.

Zona MACO, 2026. Cortesía de la feria.

​ Zona MACO se realizó en el Centro Banamex, un lugar marcado por su escala y ubicación, entre un hipódromo y un centro militar. El acceso conducía a una gran nave climatizada, donde las galerías se distribuían según el espacio contratado. Algunas se identificaban de inmediato, en el lugar de siempre; otras cambiaron de lugar, como cada año. La organización por secciones (Arte contemporáneo, Diseño, Salón del Anticuario y Foto) buscó estructurar el recorrido. Vista en conjunto, la experiencia puede volverse homogénea. Sin embargo, si nos detenemos en ciertos detalles, identificaremos las consistentes líneas de trabajo de algunas galerías. ​ Por ejemplo, la Galería Mariane Ibrahim desplazó el foco fuera del centro hegemónico mediante prácticas vinculadas con memorias y relatos no occidentales. Artistas como Raphaël Barontini, Salah Elmur, José Gamarra, Clotilde Jiménez, Michi Meko, Carmen Neely y Peter Uka configuran un campo anómalo que se aparta de ciertas convenciones dominantes, es decir, de obras concebidas principalmente desde Europa y Estados Unidos que anclan la discusión en torno a las modernidades. En el caso de Uka, la pintura figurativa basada en recuerdos de su infancia evidencia cómo el color y la materialidad son detonantes de ejercicios de memoria. ​ Otra apuesta de las galerías está en las generaciones jóvenes. Proyectos Monclova ha consolidado esta orientación al trabajar con artistas como Néstor Jiménez y Circe Irasema. En Jiménez, la pintura articula escenas vinculadas con el trabajo y dialoga con imaginarios y estéticas de las vanguardias soviéticas. En Irasema, con el proyecto Agüeros-La Singerie Tropical, se entrelazan relatos míticos en clave lúdica con una ejecución técnica rigurosa. Además, en general, se percibía un acompañamiento sostenido de la galería a sus artistas, también visible en el trabajo de Josué Mejía, donde la experimentación formal se traduce en obras de alta resolución técnica. ​ Por su parte, Julian Charrière, de la galería OMR, integró en Spiral Economy restos fósiles en una inútil máquina dispensadora que simula una lógica de consumo. La pieza activa una crítica a la extracción y comercialización de la naturaleza, al tiempo que hace evidente, de forma paradójica, la capacidad técnica y económica necesaria para producir este tipo de obras. ​ En la misma línea de tensión entre pasado y presente, la galería Terreno Baldío Arte, en uno de sus espacios concentró su interés en el trabajo de Aurora Noreña. Su obra cuestiona la noción de patrimonio mediante piezas que profanan simbólicamente figuras mesoamericanas y los relatos que las sostienen.

Salón ACME, 2026. Fotografías de Alum Gálvez. Cortesía del salón.

​ Salón ACME se ubica en la colonia Juárez, en una antigua casa porfiriana que conserva, de manera casi cosmética, el deterioro de su arquitectura. Este rasgo parece alinearse con la estética de ciertos espacios independientes de la ciudad. Tanto la infraestructura como el perfil de las galerías y proyectos que integran el salón sugieren un público distinto. Los lenguajes que circularon, entre lo pop y lo cuir, así como la abundancia de instalaciones, confirmaron esa sugerencia. Sin embargo, la saturación volvió a aparecer como condición compartida con las grandes ferias. Entre activaciones comerciales y propuestas artísticas, la experiencia resultó densa. ​ Ahí identifiqué dos iniciativas provocadoras. En el segundo piso se encontraba el trabajo de Ángel Pahuamba, nacido en Cherán, Michoacán. Sus piezas —que incluyen pintura, textil y textos—, despliegan figuras desnudas con máscaras y proporciones alteradas. La gestualidad y los elementos simbólicos remiten a su contexto histórico y geográfico sin recurrir a una representación directa. Mientras ocurrían las exhibiciones en el salón, en otro punto del edificio, Radio Nopal transmitía desde un sitio de conversación que contrastaba con el ritmo general del evento. La radio apareció como una práctica vigente, capaz de generar espacio y tiempo para sentarse, conversar y escuchar. ​ En Feria Material, ya en mi tercer día de recorrido por Art Week, la experiencia fue distinta. El GuggenSITO de Eder Castillo y los paste up en el exterior del recinto, en la colonia Atlampa, aludían desde la entrada a la gentrificación asociada a estos eventos. En su nueva sede, quizá por el horario, el espacio permitió un tránsito más pausado, al menos en varios momentos. ​ El proyecto Cimbra Oaxaca, una iniciativa curatorial itinerante en espacios abandonados, contó con la mentoría de Jo Ying Peng. La participación de Blanca González, Guadalupe Vidal, Marco Velasco y Jysus Ramírez, mostró una relación atenta entre el trabajo, los materiales y el contexto específico. El apartado de Feria Material dedicado a nuevos proyectos sugería una vía de profesionalización e inserción en el mercado; esto resulta un asunto central para la producción artística. ​ También me pareció significativa la presencia de la Charlie James Gallery, con obra de The Perez Bros y Abel Rodríguez. En ambos casos, imágenes que parecen proceder de archivos colectivos y familiares, ya sea desde la estética lowrider o desde la memoria familiar, funcionan como ejes de investigación. ​ “¿Y usted a qué vino?”, me preguntó el vigilante mientras me colocaba el casco antes de subir a la bicicleta e irme de Zona MACO. Es una pregunta que regresará como un mantra cada año. Este texto, naturalmente, no busca ofrecer una visión completa, sino registrar un trayecto simple: observar, cansarse, volver a observar. Quizá en esa interrogación se encuentre el sentido de esta sobreestimulante Semana del Arte.

Zona MACO, 2026. Cortesía de la feria.

Imagen de portada: Salón ACME, 2026. Fotografías de Alum Gálvez. Cortesía del salón.