Viaje al fondo de una selva infinita: la biblioteca virtual de la novela corta
Leer pdfLa novela corta ha vivido, en décadas recientes, un creciente interés producido por la fluidez entre géneros literarios, un fenómeno que puede adjudicarse a las tendencias editoriales y al contacto de los lectores hispanoamericanos con otras tradiciones. En el Instituto de Investigaciones Filológicas de la UNAM, un equipo coordinado por el doctor Gustavo Jiménez conforma una biblioteca única: lanovelacorta.unam.mx reúne obras firmadas por autores mexicanos, centroamericanos y caribeños y abarca una producción que se remonta al siglo XIX; además, publican ensayos dedicados al tema. Este artículo aborda la razón de ser de este proyecto.
Tal vez sea fácil aceptar que seguimos sin tener mucha claridad sobre los límites y los nexos entre cuento, novela y novela corta. No encontraremos definiciones que nos devuelvan la tranquilidad, si bien probablemente este dilema deje indiferente al lector no profesional, a quien poco le importará si lo que lee es un cuento, una novela o si pertenece a un territorio todavía más resbaladizo, huidizo, como el de la novela corta, llamada así a falta de un nombre más feliz. Pero no deja de haber estudiosos entusiastas e incluso optimistas que acometen la tarea de trazar algunos contornos para ayudarnos a leer con más provecho las obras que pueden adscribirse a esta categoría. Es el caso de Gustavo Jiménez, académico del Instituto de Investigaciones Filológicas de la UNAM, quien hace poco más de tres lustros creó un proyecto ambicioso y, sobre todo, hospitalario y generoso, donde cualquier lector puede acercarse a conocer un grupo de obras narrativas no siempre accesibles, no siempre estudiadas, no siempre consideradas en los manuales de historia literaria: me refiero a la página virtual que ofrece un amplio abanico de novelas cortas de México, Centroamérica y el Caribe, amén de seis volúmenes de estudios con muy distintos enfoques sobre obras específicas y reflexiones sobre la naturaleza del género.
Laura Méndez de Cuenca, La venta del chivo prieto, versión digital del Instituto de Investigaciones Filológicas, UNAM, México, 2018.
Esta biblioteca es un espacio tecnológicamente amable, pues cualquier persona interesada puede acceder de manera rápida, gratuita y eficiente a leer un caudal considerable de obras, en una presentación sencilla pero bien cuidada. Cada título está acompañado de una introducción que resulta muy útil para estudiantes y personas que apenas se internan en esta intrincada selva —recupero esta palabra porque sus creadores eligieron llamar así a su proyecto, inspirados en la frase de Borges, “una vez hubo una selva tan infinita que nadie recordó que era de árboles”— porque lo que busca no es perder de vista cada espécimen, sino observarlos, uno por uno a la vez que se establecen sus vínculos con otros textos. Es evidente que un proyecto de estas dimensiones no es el resultado del esfuerzo individual de Gustavo Jiménez; parte del mérito del investigador radica en que ha procurado la colaboración de muchos escritores (Juan Villoro, Álvaro Enrigue, Rosa Beltrán y Aline Petterson, entre otros), y académicos como Raquel Velasco, de la Universidad Veracruzana, Gabriel M. Enríquez Hernández y Esther Martínez Luna, de la UNAM. De esta manera, el espíritu de grupo hace más sólido y duradero el proyecto que inició en 2009.
Lo que es un hecho indiscutible es que este corpus es fundamental para romper con las visiones homogeneizadoras de nuestra tradición literaria, que la constriñen pretendiendo que siga una línea cronológica de desarrollo y perfeccionamiento.
La biblioteca se encuentra organizada en cinco grandes rubros: “Novelas en tránsito” reúne obras escritas en el siglo XIX hasta la Revolución mexicana, como El donador de almas (1899), de Amado Nervo, o La venta del chivo prieto (1910), de Laura Méndez de Cuenca. Por su parte, “Novelas en campo abierto” agrupa títulos firmados en el siglo XX, entre los cuales figuran El corsario beige (1940), de Renato Leduc, y La puerta en el muro (1946), de Francisco Tario. El proyecto ganó relevancia y proyección al inaugurar la colección “Novelas en frontera”, que reúne textos de autores del sureste mexicano, de Centroamérica y el Caribe y que resultan difíciles de conseguir, como El cristo negro (1926), del salvadoreño Salarrué, y Odio (1954), de la hondureña Lucila Gamero de Medina, entre otras. También se crearon dos secciones más: una que ofrece ediciones facsimilares y que hasta ahora abriga cuatro obras, y “Novelas en viva voz”, que reúne grabaciones de algunas novelas breves. A lo anterior se unen los estudios que se siguen haciendo sobre el género, así como acercamientos críticos a algunos títulos en particular. Esta reflexión se alimenta con la celebración anual de un congreso al que se convoca a escritores y personas interesadas en el estudio de títulos y autores.
Salarrué, El cristo negro, Biblioteca Nacional Francisco Gavidia, San Salvador, 1926.
Para valorar en su justa dimensión la importancia de este proyecto, conviene apuntar algunas reflexiones, aunque sean de índole general, sobre los problemas que enfrentan los estudiosos del género de la novela corta, ya que los debates sobre la categoría siguen vigentes y porque, en el caso de esta biblioteca virtual, no estamos ante una simple acumulación de obras más o menos exóticas o marginales, sino que se ha recuperado un cúmulo de textos que, en su infinita variedad de estilos, temas y formas, comparten rasgos de composición. Lo que es un hecho indiscutible es que este corpus es fundamental para romper con las visiones homogeneizadoras de nuestra tradición literaria, que la constriñen pretendiendo que siga una línea cronológica de desarrollo y perfeccionamiento. La presencia de la novela corta en el panorama de la historia literaria cambia radicalmente la concepción de cómo ha sido el desarrollo de los géneros.
La tradición crítica procedió durante muchos años con el criterio de la extensión para acercarse a su estudio, porque en la propia denominación que se le ha dado yace este argumento; sin embargo, este principio nunca ha sido suficientemente esclarecedor. Con un razonamiento similar se ha analizado el cuento, pero a estas alturas ya nos hemos convencido de que es muy poco lo que lograríamos avanzar por este camino. Recuperar algunas de las ideas que formula Raquel Velasco, en su estudio sobre la escritura de novelas cortas en Hispanoamérica, resulta útil para pensar en la naturaleza del género; entre ellas, destaca ésta: “la novela corta ostenta una libertad que acelera el hecho comunicativo desde la perspectiva desdoblada y confusa de narradores generalmente ambiguos, en los cuales la incertidumbre se vuelve una marca distintiva de su dialogización”.1 Creo que puede resultar más fructífero, en efecto, indagar en esta característica impregnada de ambigüedad e incertidumbre que va definiendo los perfiles de este tipo de obras.
Lucila Gamero de Medina, Odio, versión digital del Instituto de Investigaciones Filológicas, UNAM, México, 2020.
Un punto de partida más o menos compartido por todos los participantes del proyecto es la convicción de que resulta improcedente operar desde la preceptiva, pues, como apunta Villoro: “Todas las preceptivas son reductoras; es bueno tener cuidado al respecto; no hay instrucciones de uso para género. A lo más a lo que podemos llegar es a disponer de intuiciones útiles”.2 En los estudios literarios siempre será más productivo observar, analizar y evitar normar.
Obras que no responden a los cánones establecidos, sea porque se publicaron en editoriales marginales, sea porque se consideraron “menores”, o porque sus autores son desconocidos o descollaron con alguna otra novela considerada más importante, fueron ciegamente arrojadas a la periferia de la cultura, lo que provocó inmensas lagunas que abonan a nuestra incapacidad para reconstruir de manera solvente el proceso histórico de conformación de la literatura en América Latina. Sólo con trabajos de esta índole podemos llegar a planear la reelaboración de nuestras historias literarias. Aunado a esto, y como ya había apuntado líneas más arriba, el repositorio representa una formidable ventana para disfrutar la lectura de textos que no han estado al alcance de muchas personas y que resultan sumamente amenos e interesantes.
Como testimonio de la importancia de este tipo de colaboración, quiero mostrar el creciente interés que ha despertado el proyecto: datos de Google Analytics reportan que entre enero y diciembre de 2024 la plataforma registró 80 385 visitas de México, Estados Unidos, Puerto Rico, España y otros países de América Latina; además se han realizado 128 629 descargas de distintas novelas, lo que nos hace constatar cuántas obras han llegado a manos de lectores interesados.
Por último, quiero señalar que, si bien es notoria la escasez de autoras en el corpus hasta ahora recogido, imaginamos que este número puede crecer, siempre con el apoyo de estudiosos que aporten el conocimiento de textos nuevos; me parece que esto se garantiza porque la página está en constante elaboración; no es un proyecto cancelado y concluido. Es indudable que se trata de un programa generoso, que responde al deber ético de trabajar de cara al mundo que hace posible su existencia; lo apunto porque no todas las investigaciones hechas en el campo de las humanidades se conciben en estrecha relación con la sociedad a las que se deben. En ese sentido, la página de novela corta, además de socializar el conocimiento, es fruto de un trabajo escrupuloso, generoso y sistemático.
Imagen de portada: Amado Nervo, “El donador de almas”, La novela quincenal, t. 3, núm. 8, México Moderno, México, 1920.
Raquel Velasco, La novela corta en conflicto. Cinco ensayos alrededor de la incertidumbre, Universidad Veracruzana, Xalapa, 2020, p. 12. ↩
Juan Villoro, “La novela corta: noticia desde la tierra de nadie”, en Una selva tan infinita. La novela corta en México (1872-2011), coordinador Gustavo Jiménez Aguirre, UNAM, Ciudad de México, 2011, pp. 49-59. ↩