Diario de lectura
Leer pdfEste corazón crece. Hoy eres alguien más y también la misma de antes porque mi latido sigue siendo contundente. Te acercas. Tienes puesto mi suéter gris. Combinas con él, que te sigue con cautela. Maúlla bajito. Se paran frente al librero. Pronuncias los nombres. Son un destino. Chéjov, Dostoievski, Gógol y Tolstói. Dos de ellos se llaman como mis gatos. Me cuesta trabajo acomodar ese estante. A los autores rusos no hay que intercalarlos con otro imperio. Y tú (a la que amé tanto antes) eres inmensa. No tenemos secretos entre nosotras, así que te muestro lo que he estado leyendo. Abro mi novela favorita donde subrayé: “Hay tantos tipos de amor como corazones”. Al cerrar el tomo, me abrazas. Te estrecho para no perder de nuevo lo que fue inmensamente mío. El otro se aproxima a nosotras. Larguirucho, de ojos azulísimos y con un lunar que le cruza la panza como un símbolo de buena fortuna. Creo que así consideraban a los siameses en el antiguo Egipto. Yo estuve varias horas en el aeropuerto de El Cairo sin mi pasaporte. Rodeada de torres hechas de arena. Asustada como ahora. Ese viaje no te lo he contado. ¿Algún día nos iremos juntas de aquí? Tú y yo nos conocimos hace tiempo y éramos dos niñas en la oscuridad. Hoy, a veces, fingimos que no lo somos. Que hemos crecido. El músculo vital sobrefunciona. Al micifuz mayor le doy un par de píldoras. El pequeño lo acicala. Ambos perciben lo que es habitable. Rehago el territorio como me han enseñado. Hueles a siempre cuando me siento en tu regazo. Ellos son más astutos que yo porque haces tus trucos y caigo rendida. Lo más amado del mundo es lo que reconozco. Tolstói también cuestionó si era posible decirle a alguien lo que se siente verdaderamente. ¿Seguimos siendo nosotras? ¿En esta realidad? ¿O es un sueño nuestro? A veces, pareciera que sí. Esperé tanto por ti que cada noche a tu lado parece la última. Un corazón nuevo y viejo. Éste es el poema que te escribí para que volvieras a mí. Ésta es la historia que nos contamos para poder estar juntas. Ésta es la memoria repetitiva que nos marcó de por vida. ¿Cómo es posible? No respondes de inmediato, así que lo tengo que poner en palabras ya usadas. Luego lo explicas a tu manera. Hay cierto lenguaje feroz que nos distingue una de la otra. Y unas heridas, no tan pequeñas, que nos relamemos. Los mininos tienen sus propios problemas y ronronean. Retraen las vibrisas y me enamoro más de ti. Parece que la soledad no es tan necesaria. Rozo tus piernas. Me tocas. Y nos reencontramos. Es que ni siquiera sabemos cómo éramos antes de amarnos la primera vez. ¿Quiénes somos ya? Hay varias maneras de recordar a una persona. A mí, por ejemplo, se me quedaron tu olor y tu voz. Podría reconocerlos donde fuera. ¿Y qué pasará después? Es lo que me has preguntado infinidad de veces. Hay un tiempo para eso, para ti. Y espero que sigamos juntas. Porque es como si no te hubiera visto nunca. Mira. Mira. Mira: esto, nosotras es, somos la luz. El cambio de las estaciones en el cuerpo gatuno es blanco por el calor y, con el frío, negro. Un gato es la medida de todas las cosas. Dos gatos miden a una sola persona. Me pregunto si la felina soy yo. Tengo que confiar en ti, en que lo animal entre ambas no es lo único que existe. Te acaricio. Me muerdes los dedos. Nos cazamos. Haces preguntas y trago saliva. No quiero abrir la boca porque eres la persona por la que más he llorado. Me da miedo ahogarme. Me juré a mí misma que no pasaría por esto otra vez. Pero aquí estoy, teniendo demasiadas conversaciones. Hablando todo el tiempo contigo. ¿Y ya te dije que éste es el poema que te escribí para que volvieras a mí?
“Viviremos para siempre porque así es el amor no cuando comienza sino en su final y aquí estoy donde he sido la más feliz porque así es el amor el espacio ayer tan lleno que se comienza a vaciar con las lágrimas y vuelve a ser lo que era con las risas porque así es el amor con tus manos que me tomaron hace tiempo y las mías que te apresan de nuevo cuando regresas (eres la persona que más he amado) y buscamos ese amor tu amor mientras una es la otra mi amor y me muestras el futuro donde hay tanta sangre en este corazón que insiste y yo me quedo sin ti cuando estás conmigo y tú eres yo cuando no estoy a tu lado porque así es el amor no cuando comienza sino en su final que estamos juntas desde el pasado.”
El corazón que siguió creciendo. El poema que se escribió. La historia que se contó. La memoria que se repitió. “No te convertirás en otra persona.” Eso es lo que sugiere la lectura que compartimos. Estamos en la misma página. Cerramos el mamotreto con cuidado. Nos besamos. Y volvemos a empezar. Porque nuestro amor revive cada vez que estamos juntas. Las de las siete vidas somos nosotras.
Imagen de portada: Hye Jin [artista minhwa de gatos], La habitación de un amante de los gatos, 2017. © De la artista.