Hablar con los muertos

Muerte / dossier / Octubre de 2023

Lola Ancira

Al palpar la cercanía de la muerte, vuelves los ojos a tu interior y no encuentras más que banalidad, porque los vivos, comparados con los muertos, resultamos insoportablemente banales. Miguel Delibes


Nuestros muertos, nuestros vacíos, nos conforman. Llevamos de la mano a uno o varios fantasmas a los que no queremos soltar para no sentirnos del todo deshabitados. Nos acompañan de día y de noche, en la risa y el llanto. O eso queremos pensar para resarcir el abandono en el que nos deja la partida de los que queremos. Incluso hablamos con ellos, imaginamos sus voces, ésas que, de a poco, se van diluyendo entre los días de nosotros, los vivos. Los que permanecemos. ¿Qué le preguntaríamos a quienes ya no están? ¿Por qué creemos que ellos, en esa otra dimensión o plano, tendrán respuestas para lo que muy probablemente no habrían podido responder en vida?

​ La muerte es uno de los grandes enigmas para el ser humano, ese inconcebible hecho de dejar de ser o existir; representación física de la soledad más absoluta. Las tradiciones funerarias que expresan la diversidad cultural reflejan el interés milenario por comprender este proceso natural. De acuerdo con La muerte (1966), del filósofo francés Vladimir Jankélévitch, nos quedan dos opciones al no poder pensar la muerte: “o bien pensar sobre la muerte, acerca de la muerte, a propósito de la muerte; o bien pensar en algo distinto a la muerte; por ejemplo, en la vida”.

​ La filosofía y religión se han referido al alma como la esencia del ser humano. Aunque sus características varían, según la tradición y perspectiva, coinciden en que es el espíritu o “soplo animador” del cuerpo humano. En culturas como la egipcia y la tibetana, existen el Libro de los muertos1 y el Bardo thodol,2 guías para que las almas de los difuntos superen cualquier dificultad y logren llegar a un lugar paradisiaco y a la iluminación, respectivamente.

Georges de la Tour, *El adivino*, *ca*. 1630. Metropolitan MuseumGeorges de la Tour, El adivino, ca. 1630. Metropolitan Museum

​ El halo de misterio que envuelve a la muerte se ha intentado desgarrar, hacer girones, desde la antigüedad. La nigromancia o necromancia (“muerte” y “adivinación”, según su etimología), práctica remota de diversas culturas relacionada con la magia o hechicería, es un método de adivinación que busca revelar el futuro invocando a los espíritus. Incluso se ha tratado de contactar con los difuntos a través de sus despojos, en especial las vísceras y los huesos, y más comúnmente a través de algún ritual. Relacionadas también con la magia negra, se realizaban ceremonias usualmente en cuevas con restos humanos, usados estos como vínculos para atraer a los espíritus y, al establecer comunicación, pedir favores o venganzas. Esto hizo que que la práctica se asociara con procedimientos macabros y que la iglesia cristiana la condenara, al igual que a la magia y la hechicería, como una forma de brujería.3

​ La Biblia representa, en la adivina de En­dor,4 a una nigromante que debe ser repudiada: la iglesia cristiana alega que, cuando uno de sus fieles admite haber logrado el cometido de contactar con un espíritu, en realidad entró en comunicación con un “demonio”, invalidando y condenando cualquier supuesta información o contacto establecido.

​ Antecedentes de esta figura están presentes en la Odisea,5 de Homero, donde Odiseo visita el inframundo para obtener información crucial del espíritu del adivino Tiresias y así poder volver a su hogar en Ítaca. Pero la encarnación más popular de un nigromante se dio en el mítico personaje de Merlín, consejero del rey Arturo, quien supuestamente nació de la unión de una mujer con un demonio. Los primeros datos sobre Merlín son del siglo XII, en la crónica pseudohistórica de Gran Bretaña titulada Historia Regum Britanniae, y en Prophetiae Merlini, cuyo autor, Godofredo de Monmouth, lo describe como un profeta y lo vincula directamente con el ciclo artúrico. Posteriormente, Monmouth escribe Vita Merlini, donde son claras las alusiones a Myrddin Wyllt, quien, según las leyendas galesas medievales, era un hombre salvaje con el don de la profecía que vivía en los bosques: el arquetipo del mago.

​ Durante la época victoriana, resaltan dos términos y dos nombres relacionados con la comunicación con los muertos: el espiritismo y los médiums; Maria B. Hayden y Allan Kardec.6

​ El espiritismo es una doctrina basada en la existencia de seres inmateriales capaces de comunicarse, a través de un médium —persona con habilidades psíquicas que actúa como intermediaria en la comunicación con los espíritus y en fenómenos paranormales—, con los seres vivos. Surgió en Francia, durante el siglo XIX, y recurre a la invocación de los espíritus de los muertos para conversar con ellos.

​ El principal exponente del espiritismo fue Allan Kardec, profesor, escritor y filósofo francés que, tras estudiar el fenómeno de las llamadas mesas parlantes7 o danzantes y la escritura automática,8 entrevistar a diversos médiums y descartar los casos de fraude, publicó El libro de los espíritus (1857).9 Tras el éxito de esta primera obra, fundó la Sociedad Parisiense de Estudios Espíritas y la Revista Espírita, ambas esenciales para la difusión del espiritismo en el resto del mundo. En el prólogo de su obra Qué es el espiritismo (1859), definió así la propuesta de su doctrina: “El espiritismo es a la vez una ciencia de observación y una doctrina filosófica. Como ciencia práctica, consiste en relaciones que pueden establecerse con los espíritus; como doctrina filosófica, comprende todas las consecuencias morales que se desprenden de semejantes relaciones. (…) es la ciencia que trata de la naturaleza, origen y destino de los espíritus y de sus relaciones con el mundo corporal”. Además, a lo largo de su obra hace énfasis en que hay distintos tipos de espíritus con los que se puede entrar en contacto, los superiores (nobles, sabios, benevolentes) y los inferiores (ignorantes, malévolos, groseros), y recomienda siempre el respeto al contactarlos: “Si se guarda respeto a los restos mortales, más se debe guardar aún al espíritu”.

​ En la época del apogeo del positivismo y el materialismo, cuando la visión del mundo y la realidad se configuraron gracias a las obras de Karl Marx y Charles Darwin, Kardec abonó al “espíritu positivista del siglo”, aludiendo a la “clase ilustrada” de todos los países. Su principal detractora fue la iglesia católica, que, en 1861, quemó cientos de libros espiritistas en Barcelona, y para 1863, incluyó sus obras en el Index librorum prohibitorum10 de la Inquisición española.

​ Maria Hayden, mujer de clase alta, fue la primera médium norteamericana en visitar Inglaterra durante el inicio del espiritismo, e influyó de manera considerable en el desarrollo de este movimiento. Fue duramente criticada por la prensa de la época, pero también recibió apoyo de quienes atestiguaron hechos inexplicables en sus sesiones. Su logro más importante fue haber convertido al matemático Augustus De Morgan, cuyas experiencias quedaron plasmadas en el libro From Matter to Spirit: the Result of Ten Years’ Experience in Spirit Manifestations. Intended as a Guide to Enquirers, publicado en 1863 de forma anónima por Sophia Elizabeth De Morgan, su esposa, y cuyo prefacio fue escrito por el mismo Augustus. Luego de su muerte, la viuda De Morgan publicó las memorias de Augustus, en las que incluyó más notas respecto a las experiencias paranormales con Hayden. Robert Owen, veterano socialista, también se volvió asiduo a las sesiones espiritistas de Hayden, y proclamó su conversión formal al espiritismo como fe en la revista Rational Quarterly. Después de esto, en 1853, Hayden y su esposo publicaron el primer periódico espiritista, The Spirit World, que constó de un número. Luego regresaron a Estados Unidos, donde ella fue una de las primeras mujeres en graduarse como doctora en medicina y ejerció durante varios años, mostrando grandes habilidades y una aptitud asombrosa para diagnosticar; se proclamó “médica clarividente”. También fue médium para el doctor Robert Hare, quien inventó en 1855 el Espiritoscopio, un instrumento para ayudar en la comunicación con los espíritus. Publicó los resultados de dichas sesiones ese mismo año en el libro Experimental Investigation of the Spirit Manifestations, Demonstrating the Existence of Spirits and Their Communion with Mortals.

Anónimo, *El fantasma en el estetoscopio*, 1856. London Stereoscopic Company Anónimo, El fantasma en el estetoscopio, 1856. London Stereoscopic Company

​ La época victoriana vivió el apogeo de las séances, sesiones espiritistas. Sin embargo, ya en el siglo XX, tras descubrirse diversos fraudes y luego de que surgieran otras corrientes teóricas del espiritismo, la fiebre por esta práctica disminuyó. Arthur Conan Doyle publicó, en 1926, el libro Historia del espiritismo, en el que habla sobre el trabajo de Hayden y otro médium reconocido, D. D. Home, quien realizó una de sus primeras sesiones públicas de espiritismo en casa del matrimonio Hayden en marzo de 1851.

​ En México, el espiritismo kardeciano está documentado desde 1868, y en el siglo XIX resultó clave en nuestra historia. Francisco Ignacio Madero, siendo muy joven, leyó las obras de Kardec en un viaje a Europa y se inició en el espiritismo. Descubrió su habilidad como médium escribiente transcribiendo lo que los espíritus le dictaban. Al regresar a Coahuila, reunió una biblioteca sobre el tema y escribió, en 1909, Manual Espírita, con el seudónimo de Bhima, para divulgar la doctrina entre los mexicanos librepensadores. En la dedicatoria se lee:

El autor dedica este modesto trabajo a los nobles y grandes espíritus que lo han sacado de las tinieblas de la ignorancia, han abierto ante sus ojos esplendorosos y vastos horizontes; y han hecho que su corazón, antes frío por el egoísmo, palpite ante las miserias de la humanidad.

​ En sus diarios espiritistas (o espíritas) consta que, en 1907, cuando dominaba ya la escritura automática, un espíritu llamado José le reveló la gran contienda que debía emprender y le pidió dominar sus pasiones. En 1908, el espíritu de Pedro le aseguró que podía y debía dirigir al resto para salvar a su patria. Guiado por estas creencias, convocó en 1910 a la lucha armada para derrocar al dictador Porfirio Díaz.

​ Al no existir pruebas tangibles de las experiencias ya mencionadas, estas resultan poco confiables, en especial porque están ligadas al sentido auditivo, facultad que se altera tanto por elementos internos como externos. El término clariaudiencia se refiere a la capacidad de una persona para escuchar voces o sonidos que no pueden ser advertidos por el oído común. La psiquiatría y la ciencia muestran gran interés en este fenómeno mental para tratar de determinar si en realidad es resultado de una experiencia sobrenatural o si está vinculado a algún trastorno o una capacidad psíquica inusual.

​ En 2021, la revista Mental Health, Religion and Culture publicó los resultados de un estudio realizado por profesionales de la salud mental de la Universidad de Durham tras entrevistar a diversos médiums de la Unión Nacional de Espiritistas (organización benéfica religiosa) y a personas de la población general. El estudio demostró que los médiums son mucho más propensos a vivir experiencias auditivas inusuales o alucinaciones. Otro porcentaje importante de ellos afirmó poder ver a los espíritus y estar en contacto de forma cotidiana con ellos. Más de la mitad de los médiums afirmó escuchar las voces dentro de su cabeza, mientras que el resto también podía escucharlas en el exterior. La clariaudiencia se ha interpretado como un don en el ámbito del espiritismo, pero se traduce en angustia cuando representa un diagnóstico de esquizofrenia o trastorno mental.

Utugawa Kuniyoshi, *Takiyasha la bruja y el espectro del esqueleto*, siglo XIX. Victoria and Albert MuseumUtugawa Kuniyoshi, Takiyasha la bruja y el espectro del esqueleto, siglo XIX. Victoria and Albert Museum

​ Tratar de hablar con nuestros muertos se convierte en un rito, una ceremonia que nos vincula con la muerte y podría ayudarnos en la transición del duelo y la búsqueda por volver más cognoscible el fenómeno biológico de la muerte. ¿No somos un poco nigromantes cuando soñamos a nuestros muertos? Cuando, más que pedirles, les exigimos contactarnos, hablarnos, hacerse presentes de cualquier manera; cuando queremos comunicarnos con quien ya no está, con quien ya no es.

​ El duelo podría compararse con un anhelo obcecado por realizar lo aparentemente imposible. La muerte, entonces, se presenta como una condición determinante de la imaginación, de la creatividad. La Inteligencia Artificial permite, actualmente, acceder a duplicados de nuestros seres queridos que han fallecido, con quienes podemos mantener una conversación virtual, ya sea a través de texto o video, gracias a un banco de archivos de audio e imágenes, lo que brinda la ilusión de estar en contacto con esa persona de nuevo. Imposible no vincularlo con lo que sucede en la novela La invención de Morel, de Adolfo Bioy Casares, publicada en 1940: una reproducción continua de hologramas que representan a seres humanos.

​ Espejismos, fantasías. Situaciones ambiguas, confusas. Religión y escepticismo. Elegir creer siempre será, finalmente, una decisión subjetiva.


Escucha el Bonus track de Lola Ancira, con Fernando Clavijo

Imagen de portada: Utugawa Kuniyoshi, Takiyasha la bruja y el espectro del esqueleto, siglo XIX. Victoria and Albert Museum

  1. Texto funerario utilizado aproximadamente desde el año 1540 a. C. 

  2. Texto adjudicado al gurú budista del siglo VIII, Padmasambhava. 

  3. Deuteronomio 18:9-13; Jeremías 29:8-9. 

  4. I Samuel 28:3-25. 

  5. Compuesta entre los siglos VII y VIII a. C. 

  6. Seudónimo de Hippolyte Léon Denizard Rivail (1804-1869). 

  7. Técnica para contactar con espíritus que consistía en reunirse en torno a una mesa sobre la que ponían las manos y, mediante un ritual, convocaban espíritus que movían la mesa y establecían una comunicación básica por medio de golpes en la superficie de ésta. 

  8. También conocida como psicografía, es la habilidad psíquica de escribir letras o frases de forma inconsciente, mismas que supuestamente dicta un espíritu. 

  9. Ese mismo año, en España, circuló un mes antes el opúsculo Luz y verdad del espiritualismo, especie de instructivo para contactar espíritus, bajo el seudónimo de Jotino y Ademar: “Colócase una mano sobre la parte superior del trípode, evócase el espíritu, y cuando se levanta un pie, es la ocasión para dirigirle las preguntas”. Esta publicación fue prohibida después por el gobierno. 

  10. Índice de libros prohibidos