Poema sobre la risa

Risa / dossier / Octubre de 2020

Carla Pravisani

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Me gusta reír hasta que se me secan los ojos la boca, los dientes. Hasta que se me tuerce el estómago y todos los órganos. Hasta que salta algún verdugo y mira con cara de muerte.
Y también me gustan los amigos que ríen, los esposos que ríen. los hijos que ríen, los padres que ríen.
Me gusta la risa abierta. No me gustan las cobardías. Ésos que se tapan la boca.
Me gusta el silencio cercenado por la risa. El color de ese aspaviento.
Me gusta la noche y la risa. Y aquello que la provoca. Ese tropel de caballos que dinamita el aire.
Me gustan los borrachos que ríen pero sólo quienes logren sostener su alegría en pie. Los prefiero a los cariñosos, a los que reparten abrazos de bribones.
Me gusta la risa de los niños. Las que turban la tarde. Las que suben y bajan la marea del tiempo y suenan con eco.
Me gusta el público que ríe. Reír entre desconocidos es una hermandad hecha de fuego. No hay manera de odiar a quien compartió la risa.
Me gustan las amigas cuando ríen. Las mujeres que sueltan sus demonios y se vuelven una legión indestructible.
Me gustan los tímidos cuando ríen y se les desliza de la boca algo más vergonzoso que un pedo. Me gustan los enfermos cuando ríen porque a todos nos contagian de salud.
Y me gustan esos que son capaces de reír para las fotos. De ellos depende inmortalizar la alegría.
Me gustan los espontáneos, los ingeniosos, los que sacan de cualquier lado carcajadas de galeras.
También me gustan las excursiones, las clases, los ascensores, hasta las leoneras cuando ingresan turbas de risueños.
¡Pero no sé por qué no me gustan los payasos! Quizás porque a la risa la prefiero siempre autónoma libre, empoderada.


Escucha el Bonus track de Carla Pravisani, con Fernando Clavijo

Imagen de portada: Máscara del soldado Heraya para teatro Kolam, Sri Lanka. Wellcome Collection CC