Cultura UNAM

Yo, el Fidaiyin

Cultos / DOSSIER / Diciembre de 2018

Iván Medina Castro

No hay otro dios sino Dios y Muhammad es su mensajero El Corán


La loa del medio día había concluido. Y a mí, al estar en el vestidor para calzarme las sandalias de hoja de palma e irme, el ulema1 Abdullah me mandó llamar para felicitarme por el gran progreso obtenido en mis estudios de la shari’ah.2 Así pues, con clara alegría en el semblante, me invitó a entrar a un pequeño salón para comer arroz basmati mezclado con trozos de carne de cabra, un par de deliciosas samosas, y beber una copa rebosante con leche fresca de camella. Durante la comida estuvimos en completo silencio. Una vez concluido el platillo principal, me pasó un gran canasto de mimbre lleno de dulces dátiles, olivos y alfóncigos. Repentinamente, rompiendo la incómoda calma, habló con euforia: —Ijwan El Muslimin3 tiene grandes planes para ti como premio por tu esfuerzo y dedicación a Allah, el Señor Absoluto. Se levantó de su taburete y tomó sobre un atril su hadith.4 Parado, dando la espalda al Occidente, hojeó algunas páginas amarillentas hasta detenerse en algún dicho. Recitó con armonía las palabras del profeta y después me pidió retirarme y cavilar durante la semana sobre lo escuchado. Los días pasaron y me era imposible descifrar el mensaje. Dentro de la excelsa mezquita de Azhar, luego del término de la alabanza, nuevamente fui requerido por el ulema, pero en esta ocasión no había comida, no había silencio y no estábamos solos. El mollah5, sin presentarse, me informó las buenas nuevas. Yo era el candidato ideal para cumplir con la disposición de Allah, el Ilimitado. Se escuchó su fuerte voz y observándome fijamente a los ojos manifestó: —Ahora vete y alégrate pues eres desde ahora un mahdi.6 Cuando salí del lugar de oración, la gente se congregó a mi alrededor e iniciaron a vitorear una y otra vez: ¡Alaho Akbar! ¡Alaho Akbar!, pues la multitud me consideró una nueva esperanza. Escapé como pude de allí y me dirigí a mi hogar. En el camino, no paraba de meditar sobre la perturbadora noticia, y no por negarme a realizar el propósito de Allah, el Inmenso. Mi preocupación se centraba en dejar desamparada a mi pobre madre. La muy desdichada había perdido ambas piernas al pisar una mina antipersona, y mi padre tenía más de cinco años de haberse alistado como muyahidín.7 Desde entonces no sabemos nada de él. Además, yo estaba muy enamorado de Sagal Yabril, ya hasta tenía lista la dote para pedirla en matrimonio: tres chivos, dos corderos, un camello y varias mantas de fina seda traídas desde Siria. Al llegar a casa, desconcertado, le planteé inmediatamente la situación a mi adorada viejecita, y a ella se le entristecieron sus aceitunados ojos pero no lloró. Sostuvo su noble Corán con ambas manos y con palabras inquebrantables exclamó: —¡Que así sea la voluntad de Allah, el Altísimo! Salí corriendo de mi vivienda aún con la incertidumbre y protesté: —¡El precepto de Allah es amar a tu prójimo! Continué meditando a través de los maltrechos caminos rumbo al bazar para encontrarme con Sagal. La vi, la tomé con ternura de sus suaves y largas manos, y comenté lo sucedido. Y a ella se le nublaron sus amielados ojos pero no hubo llanto. Sacó de un burdo manto su noble Corán y con un lenguaje íntegro dijo: —¡Que así sea la voluntad de Allah, el Encumbrado! Me escabullí furioso entre la multitud, pues esperaba de ella su disuasión. Alcé mis brazos en plegaria y grité: —¡El mandato de Allah es ser misericordioso y sensible! Regresé a la madrasa8 de Osman para cumplir con la oración de la tarde. Al terminar, me acerqué con timidez al ulema, bajé sumiso la mirada y manifesté mi desacuerdo balbuceando: —Sabio estudioso, éstos no son los medios como Allah quiere expandir su palabra. Y a él se le afligieron sus almendrados ojos pero no derramó lágrimas. Abrió su noble Corán como en búsqueda de un versículo y con términos firmes expresó: —¡Que así sea la voluntad de Allah, el Indulgente! Me desvanecí del lugar de oración, me arrojé en el polvoriento suelo y prorrumpí: —¡La resolución de Allah es ser perdonador y compasivo! A la mañana siguiente respondí al llamado del almuédano desde el alminar, me postré y recitando el noble Corán me convencí de llevar a cabo la voluntad de Allah, el Infalible. Unos toquidos arrítmicos perturbaron mi rezo y tras abrir la puerta, allí estaba una docena de hermanos musulmanes fuertemente armados y encapuchados. Me llevaron a una retirada construcción en escombros que servía como cuartel y, tan pronto entré, todas las personas presentes me felicitaron. Fui conducido a un amplio cuarto brillante con las paredes tapizadas de cuadros mal colgados de algunos ayatolás9 a quienes reconocí de inmediato. Se me invitó a sentarme sobre una afelpada alfombra iraní de frente a una vieja televisión incapaz de recibir alguna señal alentadora del mundo exterior. Un tipo forcejeó por un rato con el aparato y al finalizar salió de la habitación. Me dejó viendo un video sobre el testimonio de otros compañeros militantes. Toda una inspiración para nuevas generaciones. Me quedé dormido del cansancio y del estrés. Al día siguiente, sin siquiera desayunar, se me daba un sinfín de indicaciones. En ese mismo momento forraron mi cuerpo con potentes explosivos. Después de finalizar, me condujeron debajo de una bandera y me pidieron recitar la “Sura de la Prohibición”. De reojo veía a una temible persona con tupida y negra barba filmarme. Luego de arribar a unas cuadras de mi objetivo, el conductor habló sin voltear: —Reza a tu señor y ofrécete en sacrificio. Recuerda, fidaiyin,10 tu muerte no será en vano, Allah te premiará con el reino de las huríes. Tras comenzar a caminar, sustraje del bolso mi pequeño noble Corán, se desconsolaron mis ojos oscuros y lloré. Alcé la vista al cielo hasta quedar cegado por el sol, me detuve por un momento y en silencio recordé mi primera lección en la madrasa: ¡La voluntad de Allah es la gracia y la paz!

Inji Efflatoun, Jeque rural, 1959-1963

Imagen de portada: Inji Efflatoun, Retrato, 1967

  1. Ulema: estudioso o persona entrenada en las ciencias religiosas. [Todas las notas son del autor.] 

  2. Shari’ah: parte legislativa de la religión, tal como fue estipulada en el Corán y los hadices

  3. Ijwan El Muslim: la Hermandad Musulmana. 

  4. Hadith: dichos atribuidos al profeta Mohammad. 

  5. Mollah: líder religioso local. 

  6. Mahdi: elegido. 

  7. Muyahidín: los que combaten en nombre de la Guerra Santa. 

  8. Madrasa: escuela religiosa. 

  9. Ayatolá: líder religioso o político regional. 

  10. Fidaiyin: el que se inmola por alguna causa.