Mi gato Jeoffry de Jubilate Agno
La tradición de la literatura occidental tiene por cierto que la revolución del verso libre se origina, en lengua inglesa, en la edición autopublicada de 1855 del volumen Hojas de hierba, de Walt Whitman. Nadie, creo, se atrevería ya a derribar ese tótem, pero si se venera aún es más por su genialidad, por el revuelo que suscitó y por la impronta que vino a marcar, que por lo preciso, en términos históricos, que sea atribuirle al “buen poeta gris” el descubrimiento de esa forma o modo de expresión. Y aunque se tienen documentadas diversas manifestaciones de poesía amétrica en la Edad Media, y aunque el propio Whitman se inspiró, en gran medida, en los ritmos y cadencias de la Biblia del rey Jacobo, un texto típicamente renacentista (1611), la verdad es que la autoría del primer poema en verso libre en inglés corresponde a Christopher Smart y data de 1759, si bien no fue rescatado del olvido sino hasta su publicación en 1939. Entre sus muchas curiosidades, quizá lo que fascina más de Jubilate Agno es que es un poema escrito en un manicomio. Nadie sabe a ciencia cierta por qué fue a dar Christopher Smart —un escritor de renombre, amigo de Fielding y del Dr. Johnson— al Hospital de San Lucas para Lunáticos, ni por qué lo transfirieron más tarde al sanatorio del Sr. Potter, un asilo privado para enfermos mentales, pero hay constancia de que se le diagnosticó demencia al momento de su reclusión y de que no tardaron mucho en tratarlo como un paciente “incurable”. Claro que existe la posibilidad de que haya sufrido algún tipo de depresión maníaca, o bien de que haya caído de repente en un “fervor místico” (como lo llamaron en su época) debido, todo apunta, a un colapso nervioso provocado por fuertes presiones económicas y editoriales. Pero también cabe suponer, con malicia, que su confinamiento haya sido la estrategia que fraguó el Sr. John Newbery, su suegro, con quien ya tenía muy mala relación, para censurarlo o acallarlo, para distanciarlo de su hija de una vez por todas, o simplemente para propinarle un castigo modélico. En todo caso, Smart pasó en aislamiento psiquiátrico los años de 1757 a 1763 y, a cambio de su libertad, la única misericordia que pidió fue disponer de pluma y papel y que le fuera concedido pasar el tiempo en su celda en compañía de su gato Jeoffry. Jubilate Agno es un poema religioso de unos mil doscientos versos, dividido en secciones antifónicas o responsoriales, que, como el de Whitman, se apoya de manera estructural en la anáfora para el establecimiento de un ritmo litúrgico. El proyecto general, inacabado, es el mismo del Magnificat: una obra de alabanza que proclama la gloria de Dios y bendice todos los elementos de su creación: las aves y los peces, las hierbas, los árboles, las piedras preciosas. Sin embargo, la sección más memorable —y, por mucho, la más antologada— es la letanía de 74 versos que celebra a Jeoffry como una prueba de la existencia de Dios, así como cada una de sus acciones, cotidianas y entrañables, como una forma superlativa de la devoción. Jeoffry, al igual que todos los gatos, es calculador y fortuito, cariñoso y letal; es pulcro, exhaustivo, atento y dormilón; es manso y rebelde, es delicado, es inquieto, es metódico. Y, sobre todo, es diligente y bondadoso: sabe escuchar los mensajes del Señor y “ronronea de gratitud cuando Dios le dice que es un buen Gato”. Para componer la presente traducción —la segunda en la vida que hago de este poema— me dejo, a veces, entusiasmar (en el sentido etimológico de la palabra) por el verso devocional de Christopher Smart, por su armonía llena de asombro, de ternura, de intensidad, de una suerte de estremecimiento inefable. En otras ocasiones me dejo adormecer por el ronroneo de los tres gatos —Calibán, Ariel y Miranda— que entran y salen de mi alcoba y que, por turnos, se echan a dormir en mi regazo a medida que escribo. El original del que parto es la edición anotada de The Poetical Works of Christopher Smart (ed. Karina Williamson, Clarendon Press, Oxford, 1980), y justo ahora me doy cuenta de que las páginas que releo con mayor frecuencia están marcadas con pelitos suyos.
Juan Carlos Calvillo
(fragmento B, vv. 695-768)
Porque he de considerar a mi Gato Jeoffry.1 Porque es el siervo de Dios, que vive y reina, y le sirve a diario como es debido. Porque, al divisar el primer destello de la gloria de Dios en el Este, lo alaba a su manera. Porque esto lo hace al retorcer el cuerpo siete veces con elegante rapidez. Porque luego salta para alcanzar el almizcle, que es la bendición con que Dios responde a sus plegarias. Porque se rueda y retoza para impregnarse de él. Porque, dichas sus oraciones y hechos sus deberes, empieza a considerarse a sí mismo. Porque esto lo lleva a cabo en diez etapas. Porque, primero, se observa las garras para ver si están limpias. Porque, en segundo lugar, da de coces para hacer sitio tras de sí. Porque, en tercero, se estira para despejar con las patas extendidas. Porque, en cuarto, se afila las garras en la madera. Porque, en quinto, se acicala. Porque, en Sexto, se revuelca después de bañarse. Porque, en Séptimo, se quita las pulgas, no sea que lo interrumpan y le hagan perder el ritmo. Porque, en Octavo, se restriega contra un poste. Porque, en Noveno, mira hacia arriba a la espera de instrucciones. Porque, en Décimo, parte en busca de alimento. Porque, habiendo considerado a Dios y a sí mismo, procede a considerar al prójimo. Porque si se encuentra otra gata, le da un beso con benevolencia. Porque cuando caza a una presa, juega con ella para darle una oportunidad de salvarse. Porque un ratón de cada siete escapa en su distracción. Porque una vez terminado el trabajo del día comienzan en verdad sus oficios. Porque de noche es centinela del Señor y vigila al adversario. Porque contrarresta las fuerzas oscuras con la electricidad de su piel y el resplandor de sus ojos. Porque contrarresta al Demonio, que es la muerte, con la energía de su vida. Porque en su oración de la mañana adora al sol y el sol lo adora a él. Porque es de la estirpe del Tigre. Porque si el Tigre es Ángel, el Gato es Querubín. Porque tiene el sigilo y el siseo de la serpiente, que suprime en su bondad. Porque nunca destruye si ha comido bien, ni escupe sin provocación alguna. Porque ronronea de gratitud cuando Dios le dice que es un buen Gato. Porque es un instrumento para enseñarles a los niños la buena voluntad. Porque toda casa está incompleta sin él y al espíritu le falta su bendición. Porque el Señor le encomendó los gatos a Moisés cuando salieron de Egipto los Hijos de Israel. Porque cada familia llevaba al menos un gato consigo. Porque los Gatos ingleses son los mejores de Europa. Porque es el más pulcro de todos los cuadrúpedos en el uso de sus garras. Porque la destreza de su defensa es un ejemplo del inmenso amor que le tiene Dios. Porque es la más rauda de todas las criaturas en llegar a su objetivo. Porque es tenaz con lo que quiere. Porque es una mezcla de seriedad y travesura. Porque sabe que Dios es su Salvador. Porque no hay nada más dulce que su paz cuando duerme. Porque no hay nada más vibrante que su vida cuando está en movimiento. Porque es uno de los pobres del Señor y por eso lo llama siempre la caridad — ¡Pobre Jeoffry! ¡Pobre Jeoffry! Te mordió la rata el cuello. Porque, bendito sea el nombre de Jesús nuestro Señor, Jeoffry ya se encuentra bien. Porque el espíritu santo recorre su cuerpo y lo sustenta como un gato cabal. Porque su lengua es extremadamente pura, de modo que compensa con pureza lo que le falta de musical. Porque es dócil y hay cosas que puede aprender. Porque puede acomodarse con gravedad, lo cual es paciencia a la espera de aprobación. Porque puede llevar y traer, lo cual es paciencia en función del servicio. Porque puede saltar por encima de un palo, lo cual es paciencia en virtud de la prueba positiva. Porque puede sacudirse y despatarrarse a la voz de mando. Porque puede saltar desde su eminencia hasta el regazo de su dueño. Porque puede atrapar un corcho y volverlo a lanzar. Porque lo odian el hipócrita y el avaro. Porque el primero teme que lo descubra. Porque el segundo niega los cargos. Porque su lomo se acamella en preparación para el trabajo. Porque es bueno pensar en él si uno quiere expresarse con claridad. Porque se volvió una figura prominente en Egipto por su puesto de vigía. Porque mató al Icneumón, la rata del Nilo, muy perniciosa en la tierra. Porque su oído es tan fino que sus orejas no paran de brincar. Porque a esto se debe la transitoria celeridad de su atención. Porque al acariciarlo descubrí la electricidad. Porque he visto fulgurar la luz de Dios a su alrededor. Porque el fuego Eléctrico es la sustancia espiritual que Dios envía del cielo para alimentar los cuerpos del hombre y de la bestia. Porque Dios lo bendijo con la diversidad de sus movimientos. Porque, aun si no puede volar, es un excelente trepador. Porque su quehacer sobre la faz de la tierra supera al de cualquier cuadrúpedo. Porque marcha al compás de toda música. Porque puede nadar por su vida. Porque se desliza.
Imagen de portada: Libro de horas de Chalon-sur-Saône, Ms. 6881, fol. 30r [detalle]. Biblioteca Municipal de Lyon © 3.0.
Debido a la longitud de los versos, estos pueden cortarse de distinta manera dependiendo del dispositivo desde el que se consulte. Invitamos a quienes lean este poema a revisar su versión impresa. ↩