Gunayala: el Caribe indígena en pie de lucha

El Caribe / dossier / Julio de 2021

Fundación Almanaque Azul

Al igual que otros pueblos indígenas, el pueblo guna tiene una historia llena de luchas y traumas, desde sus inicios cuando huyeron de las montañas junto al río Ogigidiuala (que hoy se conoce como río Atrato), cruzando el cerro sagrado de Dagargunyala en la actual Colombia. Algunas familias permanecieron allá, y hoy su descendencia sigue viviendo en los pueblos de Ibgigundiwar y de Makilagundiwar, pero la gran mayoría ocupó paulatinamente el istmo de Panamá, primero en el Darién, y después en la costa caribeña de lo que hoy constituye la comarca autónoma de Gunayala. Se trata de un trozo largo de tierra que se extiende desde la cima de las montañas de la cordillera hasta el Mar Caribe y cuenta con 3 mil 206 km2 de superficie de tierra firme a la que hace falta añadir el territorio marítimo y sus islas. Algunas de éstas son mínimas, y apenas cuentan con espacio para unas pocas palmeras; otras tienen poblados grandes, como Usdub y Ogobsuggun, dos islas unidas que albergan entre ambas a 3 mil 500 personas. La comunidad más extensa en tierra firme es Mamsuggun, con poco menos de 600 habitantes. En la Comarca Gunayala se encuentran algunos de los bosques mejor conservados de Panamá y más de 300 islas de coral donde radica casi toda la población. Ahí hay también dos comunidades habitadas mayoritariamente por personas no indígenas, principalmente negros: La Miel y Puerto Obaldía (Armali en dulegaya), cerca de la frontera con Colombia, que residen bajo un régimen especial en el territorio comarcal. Ahí la presencia del Estado panameño y de la civilización occidental es casi inexistente; las vías de acceso son por tierra en su extremo oeste, por mar desde la Costa Arriba de Colón y por avión a varios aeropuertos situados a lo largo de la comarca.

Fotografía de Alex Alba Fotografía de Alex Alba

La nación guna que conocemos ha sobrevivido hasta hoy gracias a una larga historia de resistencia y guerra contra europeos, colonos y otros pueblos indígenas del área. Al llegar los españoles a Darién inició un proceso de conquista territorial, con avanzadas militares que se consolidaron en asentamientos desde los cuales enviaban nuevas expediciones militares. Esto implicó el desplazamiento y la desaparición de muchos pueblos indígenas que, además de sufrir el asedio español, inglés y francés, iniciaron una guerra entre sí para poder habitar nuevos territorios. De la reconfiguración del área se tienen pocos datos pero se sabe por las historias y leyendas tradicionales que los emberás y los gunas —entre otros— mantuvieron enfrentamientos durante años. Poco después, empezaron a llegar los africanos esclavizados procedentes de Cuba para trabajar en las explotaciones mineras. De este grupo surgieron cimarrones que también se integraron a la pelea por el territorio. A inicios del siglo XVIII los gunas dominaban una gran parte del Darién, donde muchos ríos, regiones y montañas llevan nombres en idioma guna, tales como Chucunaque, Tuira o Pinogana.

Mapa de Gunayala. Mir Rodríguez Lombardo Mapa de Gunayala. Mir Rodríguez Lombardo

En la segunda mitad del siglo XVIII, nuevas incursiones inglesas y sobre todo españolas volvieron a embestir la región, buscando destruir el sistema político y social que habían establecido los gunas. Los españoles nombraron nuevos caciques que recibían un salario, tabaco y otros privilegios como hacer hereditario el título, con el objetivo claro de distanciar a los gunas de sus formas tradicionales de gobierno. El tráfico de influencias, la burocracia, el sometimiento a la religión católica y la implantación de un comercio desigual sirvieron para instaurar un orden político de conquista y dependencia, modelo que de alguna forma persiste en Latinoamérica. Las razones por las que se cree que los gunas pudieron sobrevivir a la conquista española tienen que ver con su poder de organización, pero también con otras circunstancias como la situación geopolítica de la época. Los gunas demostraron habilidades para negociar —no siempre amistosamente— con varios grupos de europeos, negros, mestizos, criollos, otros indígenas y, finalmente con el gobierno de Panamá. Fue así como pudieron mantener un control territorial como refuerzo de su identidad cultural.

Un poco de historia

Los gunas adquirieron fama de guerreros desde el siglo XVI por su complicidad con los ingleses, holandeses y franceses en ataques a embarcaciones y asentamientos españoles. Primero esa colaboración fue hecha de manera informal con corsarios, pero cuando los escoceses establecieron una colonia en el Darién en 1698, se marcó una alianza más formal entre los gunas y estos últimos. A finales del siglo XVII hubo, además de los escoceses, una colonia de piratas franceses, sobrevivientes de diversos naufragios, que entabló nexos comerciales y amistosos con los gunas. Así surgieron la poblaciones llamadas franco-gunas, que incluían familias mixtas aunque la convivencia pacífica entre éstas no duró mucho. En 1745 los jesuitas negociaron con los franceses para entrar al norte del Darién, y después los ingleses propusieron a los galos una alianza comercial. Esto causó alarma entre los gunas y las tensiones aumentaron hasta que en 1757 ocurrió una matanza de franceses: 87 de ellos murieron y los demás fueron obligados a salir del área. Hasta principios del siglo XIX, los ataques anglo-gunas a los navíos que iban o venían de Cartagena fueron frecuentes.

Fotografía de Alex Alba Fotografía de Alex Alba

A principios del siglo XX, tras el nacimiento de la nueva república de Panamá, el pueblo guna enfrentó grandes obstáculos en la consolidación de su entidad no sólo territorial, sino también cultural. El nuevo gobierno envió delegaciones militares a las islas para “civilizarlos”, reprimiendo las expresiones culturales como ceremonias y cantos tradicionales y el uso de la mola como vestimenta de las mujeres. Grandes hostilidades finalmente provocaron el levantamiento armado del pueblo guna en febrero de 1925, bajo líderes como Nele Kantule y Simral Colman (Ologindibibbilele), hecho que se conoce como la Revolución Dule. La república de Panamá se vio obligada a redefinir el territorio de Gunayala tras la rebelión, y en 1938 se creó la Comarca de San Blas. Sin embargo, los gobernantes de la época siguieron sin reconocer su organización política y sus autoridades tradicionales hasta mucho después. La ley estableció como autoridad máxima al representante del presidente, ignorando no sólo la presencia de los líderes gunas, sino también la existencia de una estructura política, basada en los onmagged o congresos.

El presente

En Gunayala se habla en dulegaya, si bien la mayoría de la gente es bilingüe o trilingüe y se puede comunicar en esta lengua, español o en inglés. Hace pocos años que las escuelas oficiales a las que van los niños gunas empezaron a dar clases en dulegaya. A diferencia del resto del país, actualmente la normativa interna de Gunayala permite la propiedad privada sobre las islas y costas. Por este motivo es común que las familias dueñas de la playa les cobren un impuesto o tributo a los visitantes por hacer uso de ella o por acampar. Generalmente las comunidades más tradicionales son a su vez las mejor organizadas y las más estrictas en cuanto a reglas relativas al alcohol y a la vida comunitaria. Uno de los problemas ambientales más serios que sufre Gunayala hoy en día es la basura, principalmente botellas y bolsas de plástico. Los fondos marinos y los caminos de muchos pueblos empezaron a cubrirse de basura en años recientes; es un problema serio que algunas comunidades han resuelto mejor que otras. La sociedad guna ha estado adaptándose a la entrada gradual de la economía capitalista y de la civilización occidental desde hace años. El cambio más grande, sin embargo, ocurrió apenas en 2010 cuando el Estado panameño pavimentó y construyó puentes en el camino El Llano-Gardi. De repente el territorio que fue el refugio aislado donde se estableció este pueblo tras siglos de conflictos se abrió como nunca al turismo, al mismo tiempo que los gunas podían moverse con más facilidad desde y hacia la ciudad. Las cosas son diferentes aquí, y los visitantes “wagas”, como se llama a los no indígenas aunque sean de Panamá, pueden llegar a sentir que están en otro país. Gunayala se rige por un sistema de autoridades tradicionales llamado Onmagged Dummangan o Congresos Generales: el de la Cultura Guna, encargado de asuntos culturales y espirituales, y el Congreso General Guna, administrativo y político, que representa a la comarca ante el Estado panameño, las entidades privadas, y organizaciones nacionales e internacionales. Ambos congresos son presididos por tres sagladummagan (o “caciques generales”, aunque el término cacique está en desuso), sagla se pronuncia “sáhila” y significa ‘jefe máximo’. Ambos congresos están integrados por representantes de las 49 comunidades, y cada una tiene líderes locales llamados simplemente saglas, que gozan de suficiente autonomía para decidir sobre asuntos económicos, sociales y hasta de seguridad. El Congreso General Guna se rige por una Junta Ejecutiva del Congreso, conformada por los tres sagla dummagan, dos siggwi (secretarios) y un administrador, que se celebra cada seis meses y representa a todas las comunidades. Hoy, Gunayala todavía escribe su historia, con la perspectiva de seguir fortaleciendo su autonomía, su identidad, su territorio y su organización política. El gran líder revolucionario Nele Kantule resumió la historia y la visión guna en una sola frase : “quiero que nuestra cultura perdure en el marco universal de los pueblos, como la de un pueblo digno y humano”. Hasta el momento, ese deseo se ha cumplido cabalmente.

Imagen de portada: Fotografía de Alex Alba