dossier Gatos ABR.2026

Arístides Luis

Tarde en la sala con mis gatos

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A mis gatos, Julián y Mimi


El sol les tiende la cama en los rincones, entibia sus colmillos y sus garras, sus suaves, limpias y perfectas almohadillas donde se esconde el cuchillo amoroso con que me han marcado los antebrazos hasta que se pueden leer en esas cicatrices las palabras con que dios encomendó a Moisés que se ocupara de los gatos al salir de Egipto, antes de retirarse a lamer divinamente sus patas y echarse a dormir en su trapo.
Mis gatos son dioses dormidos en el hueco surcado en la tierra de una maceta junto a la ventana, a los que sólo les basta derramar su cuerpo roncando al suave golpe de la tarde para evocar la mismísima sustancia que hace al devenir de todos los cuerpos en el universo.
Su ley se mantiene pobre, prefieren la mugre, la bolsa de papel, rechazan el objeto invaluable, pueden quebrar algún recuerdo del pasado sin remordimiento, la joya más valiosa hecha añicos al entrar a casa y nada importa, porque nada puede hacerme olvidar que cuando los encontré en la calle con la oreja herida, el hocico sucio y en una caja de zapatos, que cuando me encontré con estos dioses abandonados en la calle y los cargué por primera vez, se quedaron dormidos en mi pecho.
Ellos me eligieron para abrirme como a una nuez al camino de iniciación de un hermetismo sobre el amor que ni Bastet sino sólo ellos, aquí mismo, tendidos en mi sala bajo el sol, pueden enseñarme.

Este poema aparece en Cuadro azul sobre fondo de nada (Medusa Editores, Chihuahua, 2025) y se reproduce con permiso del autor.

Imagen de portada: Rocío Englender, Sin título V, 2025. Fotografía de Fabián Cañás. Cortesía de la artista y Moria Galería.