Tarde en la sala con mis gatos
Leer pdfA mis gatos, Julián y Mimi
El sol les tiende la cama en los rincones,
entibia sus colmillos y sus garras,
sus suaves, limpias y perfectas almohadillas
donde se esconde el cuchillo amoroso
con que me han marcado los antebrazos
hasta que se pueden leer en esas cicatrices
las palabras con que dios encomendó a Moisés
que se ocupara de los gatos al salir de Egipto,
antes de retirarse a lamer divinamente sus patas
y echarse a dormir en su trapo.
Mis gatos son dioses dormidos
en el hueco surcado en la tierra
de una maceta junto a la ventana,
a los que sólo les basta derramar su cuerpo
roncando al suave golpe de la tarde
para evocar la mismísima sustancia
que hace al devenir
de todos los cuerpos en el universo.
Su ley se mantiene pobre,
prefieren la mugre, la bolsa de papel,
rechazan el objeto invaluable,
pueden quebrar algún recuerdo del pasado
sin remordimiento, la joya más valiosa
hecha añicos al entrar a casa
y nada importa, porque nada puede hacerme olvidar
que cuando los encontré en la calle
con la oreja herida, el hocico sucio
y en una caja de zapatos,
que cuando me encontré
con estos dioses abandonados en la calle
y los cargué por primera vez,
se quedaron dormidos en mi pecho.
Ellos me eligieron
para abrirme como a una nuez
al camino de iniciación
de un hermetismo sobre el amor
que ni Bastet sino sólo ellos,
aquí mismo,
tendidos en mi sala bajo el sol,
pueden enseñarme.
Este poema aparece en Cuadro azul sobre fondo de nada (Medusa Editores, Chihuahua, 2025) y se reproduce con permiso del autor.
Imagen de portada: Rocío Englender, Sin título V, 2025. Fotografía de Fabián Cañás. Cortesía de la artista y Moria Galería.