Vela y gato
Leer pdfLa llama de una vela te dibujaba apenas con el gato que cargabas. Eras de carne y sombra. Pensé: “yo no conozco ninguna claridad; a pesar de mi librero, no conozco más que dos o tres respuestas, lo demás es la mujer de carne y sombra”. Te miré: la llama de una vela no hizo falta y el gato se escondió. Te desnudaste: ninguna claridad me dio tantas respuestas todas juntas como tu claridad. Tu olor a carne y sombra consiguió que me acercara con lentitud de gato. La llama de una vela se insinuaba debajo de tu vientre; tu vientre carne sombra se deslizó en mi tacto. De tu sombra crecía poco a poco tu calor, y de tu carne tu claridad crecía poco a poco. Las respuestas que por tu vientre carne sombra supe, nunca las conocí por mi librero. Fornicamos.
El gato nos miraba, sus ojos eran dos resquicios de la llama de una vela, lo demás era tu sombra que en el gato se adhería. Tu carne me adhería. Sentí que me pasabas lo más felino de tu sombra, lo más quemante de tu carne. Y en eso tuve claridad. Cada respuesta que por tu carne sombra supe, no la pude guardar en mi memoria. Te marchaste. La llama de una vela y el gato que nos vio no volverán en otra vela, ni se repetirán en otro gato. Seguirás de carne y sombra y no habrá gato ni vela que me diga: mira bien a la mujer de carne y sombra. Te marchaste: ninguna claridad se fue tan de repente como tu claridad. Sólo me queda la sensación de que una vez lo supe todo.
Este poema aparece en Días lejos (Palabrerías, Estado de México, 2023) y se reproduce con permiso del autor.
Imagen de portada: María Kalach, Kabuki II, 2024. Cortesía de la artista.